José Luis Garci: "Con este Gobierno, dan ganas de escribir guiones de Le Carré"
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José Luis Garci: "Con este Gobierno, dan ganas de escribir guiones de Le Carré"

Es el primer director que ganó un Oscar en España, con la siempre entrañable ‘Volver a empezar’ (1982). Acaba de publicar su último libro: ‘Películas malas e infravaloradas’

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Foto: Cordon Press.

Siempre que le preguntan por su poema favorito, Garci recita unos versos de un viejo amigo suyo, Manuel Alcántara, que nos dejó en la primavera de 2019, y que ahora, tras el año vivido, cobran más sentido que nunca: “Si otros no buscan a Dios/ yo no tengo más remedio:/ me debe una explicación”. En la costa malagueña, José Luis Garci, alejado de móviles, que nunca ha tenido, y, obviamente, de redes sociales y todo lo que se le pueda parecer, ve pasar los días de esta pandemia agarrado a sus clásicos, recuerdos, libros y películas, con la esperanza que todos compartimos en el año que comienza.

Es José Luis Garci (Madrid, 20 de enero de 1944) el primero que ganó un Oscar en España, con la siempre entrañable ‘Volver a empezar’ (1982), y luego siguió coleccionando nominaciones, tantas, que es el director de cine español que más ha recibido. Acaba de publicar su último libro, ‘Películas malas e infravaloradas’, que es, más bien, un homenaje a películas que considera injustamente fracasadas, ignoradas por la fama que, acaso, merecían. En esas, este hombre de hablar inquieto que contrasta con sus costumbres reposadas; este hombre singular que cuando se ducha en vez de cantar recita alineaciones de fútbol componiendo sus equipos favoritos; este hombre de nostalgias irrenunciables se lanza rápido a la crítica en cuanto se le pregunta, en un mero saludo de cortesía, cómo se encuentra.

placeholder El director de cine José Luis Garci. (EFE)
El director de cine José Luis Garci. (EFE)

"Pues estoy sorprendido, creo que como casi todos, por el año que hemos vivido, por la descoordinación que existe en España, con un Gobierno que nos ha mentido desde el principio. Y no desde el principio de la pandemia, sino desde que llegó, con aquella moción de censura, en la que dijo que era para echar a Rajoy, que nos pareció bien, pero luego no hizo lo que dijo que iba a hacer. Y lo de la pandemia, en fin, desde que dijeron que las mascarillas no eran buenas hasta todo lo demás… Entiendo que nadie en el mundo tenía experiencia en el tratamiento de una pandemia como esta, desconocida por todos, pero eso no quita lo ocurrido en España, con tantos momentos en los que ni siquiera sabías qué se podía hacer y qué no. ¿Cuántos muertos ha habido? Tampoco se sabe…".

PREGUNTA. Es que, quizás, ese es uno de los aspectos que nos volverán en el futuro como un remordimiento de frivolidad. Ya hay filósofos de nuestros días, como hace poco Gregorio Luri, que dicen eso, que se ha pretendido alejar de la gente las imágenes más dolorosas de lo que estaba pasando.

RESPUESTA. Bueno, de hecho, se pone la televisión y no es raro ver a la gente de fiesta, ahora y antes, como si lo que está pasando no fuera real. Sinceramente, no lo puedo entender, esas concentraciones en las calles, los botellones, en Madrid, en Barcelona o en Córdoba. En fin, yo me he dedicado a leer, a escribir y a ver fútbol, que ha sido para mí fantástico, porque me ha servido como mecanismo de autodefensa, para aislarme ante tanto despropósito y no agobiarme más todavía de lo que ya nos angustia la pandemia.

P. No sé si todo esto tiene algo que ver con cómo ha tratado la pandemia la propia clase política. Quiero decir, que pese a esta situación de extraordinaria gravedad, no ha sido posible un pacto, como se propusieron al principio, ni enviar un mensaje de unidad.

R. Vengo diciendo desde hace más de 30 años que en España no nos queremos. Y es así, no nos queremos. Pero no de ahora, usted va tirando de la historia hacia atrás y le van saliendo episodios que lo demuestran, la Guerra Civil, las guerras carlistas… ¿Cuál es la diferencia ahora? En eso, ninguna, pero sí en que somos la última generación que va a conocer España como la conocíamos hasta ahora, eso de que “España limita al norte con el mar Cantábrico…”. Pues vete a saber. Dentro de muy poco tiempo, limitará al norte con la República Vasca y al este y al sur, no sé con qué. Es muy evidente que eso se está produciendo. España ahora es un traje deshilachado, porque han estado tirándole de las mangas, de los pantalones… Ya no vale llevarlo al tinte, hace falta otro traje nuevo y esa es la duda, de qué calidad y de qué hechura será.

"En España, no nos queremos. Pero esto no es de ahora, se tira de la historia y salen episodios que lo demuestran"

P. Y eso lo une a su desencanto con este Gobierno por la mentira, ¿no?

R. A ver, a mí la política nunca me ha importado nada, pero es que lo que ocurre con este Gobierno tiene interés hasta para mi gremio, porque dan ganas de escribir guiones en plan John le Carré, que por cierto murió en diciembre. Por ejemplo, a mí, como aficionado al cine, me fascina lo que ocurrió en enero pasado con ese ministro que fue al aeropuerto de Barajas de madrugada, en su coche particular, no en el oficial, porque llegaba un avión de Venezuela. Este señor ministro dijo primero que él no había visto a la vicepresidenta de Venezuela, que es la que iba en ese avión. Al día siguiente, dijo que sí, que la había visto, pero solo un rato, y que no había subido al avión. Un día después, que había subido al avión, pero solo 20 minutos, y un día más tarde, que tuvo una charla con ella en la sala vip… ¿Y aquella vez que el presidente del Gobierno dijo “nunca pactaré con Bildu, ¿cuántas veces quiere que se lo diga”? O que jamás podría gobernar con Podemos… Mire, se lo repito, a mí la política nunca me ha interesado, pero es indudable que esto es impactante. Me coge mayor, con nietos, con lo que los que tienen que preocuparse son los más jóvenes, pero desde mi punto de vista, en España se está produciendo un cambio político y social y la pandemia lo ha acelerado. Yo no sé qué va a ser de España…

P. Con algo de perspectiva, parecería que son los propios conceptos como la verdad y la mentira los que están cambiando en esta época. De ahí el fenómeno de las ‘fake news’, del que alertan los sociólogos que se produce porque la mentira llega a ser para muchos más creíble que la verdad…

R. Yo es que, como no tengo redes sociales, ni móvil, pues no sé qué son las ‘fake news’, pero es evidente que los valores están cambiando; los conceptos de ética y moral han desaparecido en gran medida en la sociedad actual. Con lo cual, uno dice hoy una cosa, y mañana otra, y luego otra, y no pasa nada porque no se le da importancia a la mentira. Yo, ante este panorama, lo que hago es no fiarme de nadie en política, ni de un lado ni de otro.

P. Hace poco, revisé la fecha de nacimiento de los actuales dirigentes políticos y todos han nacido con la democracia o posteriormente. ¿No le resulta paradójico que sea esta clase política la que más habla de la Guerra Civil?

R. Los nietos de los que hicieron la Guerra Civil son los que intentan recuperarla, sí, pero todo esto viene de los años de Zapatero como presidente del Gobierno. Las heridas estaban cicatrizadas desde hace mucho tiempo, gracias a la Transición, que fue un acto de concordia, pero Zapatero las reabre con la memoria histórica y lo complica todo, igual que en Cataluña, cuando prometió que aprobaría todo lo que pidieran. Tras Zapatero, los que vienen después, los nietos de la Guerra Civil, han vuelto a sacar a Franco al debate, con lo que debe ser el personaje de la historia de España más presente en el tiempo, porque lleva ya un siglo. Si no fuera por eso, la gente se hubiera olvidado ya de Franco, como se ha olvidado del general Prim o de Gary Cooper. He oído a algunos sociólogos que dicen que es un intento por volver a ganar la guerra, pero eso es absurdo, querer ganar en diferido, porque la historia no vuelve hacia atrás.

placeholder José Luis Garci. (Sergio Parra)
José Luis Garci. (Sergio Parra)

P. Quizá, lo que le falta a la memoria histórica, además de la dignificación de las víctimas, es la 'normalización social' del franquismo. Quiero decir que la dictadura duró 40 años y no se puede ignorar que en todo ese tiempo hubo muchas personas, intelectuales, poetas, artistas y profesionales de todo tipo, que fueron grandes personas. Y eso no se reconoce; esa sería la normalización social del franquismo, porque ni siquiera participaron en la guerra. Les tocó nacer y vivir en esa época.

R. Vamos a ver, en España, a partir de los años sesenta, entran en el Gobierno los ‘lópeces’, López Bravo, López Rodó, y todos aquellos, los tecnócratas, que sabían inglés y eran números uno de sus promociones; llegan el Seiscientos, el bikini y el turismo de Benidorm, y las mujeres pueden ir a misa en mangas de camisa, sin rebeca… Con todo eso, que fue el inicio, la dictadura da un giro tremendo. Y dentro de lo que cabe, fue evolucionando, nada que ver con dictaduras como la de Cuba de Fidel Castro, que era un horror. Luego ya, a partir del año 75, tras la muerte de Franco, llega la Transición, que es lo mejor que nos ha ocurrido en este país nuestro en los últimos 200 años y que produjo asombro en todo el mundo. El único objetivo entonces era salir del agujero en el que estábamos, y no solo lo conseguimos, sino que subimos a Primera y en los años noventa jugamos la Champions: el cambio fue extraordinario. ¿Qué pasa? Que llega luego Zapatero y decide que hay que volver a mirar para atrás, memoria histórica, pero solo con la Guerra Civil, no con ETA, por ejemplo, que ha sido el único horror de la Transición. Así que ya le digo, que, con esa idea suya de la normalización social del franquismo, que comparto, lo que le van a decir de entrada es que es usted un facha.

P. Al primero que se lo propuse fue a Manuel Alcántara, porque era un caso simbólico. Él era amigo de la infancia de Utrera Molina, niños durante la Guerra Civil, y lo siguió defendiendo cuando le quitaron todos los reconocimientos por la memoria histórica, porque decía que era una buena persona que hizo el bien a mucha gente.

R. Pues claro, es que era una buena persona. Utrera Molina era compañero de Manolo y los dos se querían. Una cosa es tener una ideología y otra es ser una buena persona, y lo más importante es lo segundo. Mucho más importante que ser un pintor genial, un músico extraordinario o un gran escritor. Esa etapa final del franquismo de la que le hablo fue buena, aunque ahora resulte que nos tratan de convencer a aquellos que la vivimos de que no fue un periodo bueno. Lo fue, igual que hubo épocas durísimas. Yo hice una película, ‘Tiovivo c. 1950’, que trataba de retratar esa época de un país gris de posguerra, en el que había fusilamientos, represión, y la gente se buscaba la vida como podía, entre buena gente y tipos mezquinos, como también hice ‘Asignatura pendiente’, del final del franquismo y la Transición. Quiero decir que yo soy, como bien decía mi madre, una persona muy independiente, me he sentido libre para hacer esas películas sobre etapas distintas. Lo de hoy es otra cosa, un intento absurdo de rescatar el rencor; un rencor recuperado por los nietos de aquellos a los que les tocó vivir la Guerra Civil… En fin, mire, lo único que puede superar el pasado es el perdón, y no hay más.

"Franco debe de ser el personaje de la historia de España más presente en el tiempo, porque lleva ya un siglo"

P. En ‘Volver a empezar’, hay una escena que, al verla hoy de nuevo, produce desolación. En el hotel Asturias, está Antonio Ferrandis, que encarna a un Premio Nobel de Literatura, y le dice al rey Juan Carlos, cuando lo llama por teléfono para felicitarle: “Majestad, en Estocolmo no había otro rumor que el de su próxima designación como Premio Nobel de la Paz”. Aquello no era ficción, era tan verdad como que el Parlamento noruego aprobó la propuesta. ¿No le produce desolación esto de ahora?

R. La obra de Juan Carlos en defensa de la ley, de la Constitución y de la democracia en España, su papel crucial en la Transición y en el golpe de Estado, su elección de las personas para llevar a cabo el cambio monumental que se hizo en España desde la dictadura sin derramar una gota de sangre; toda esa obra es innegable. Otra cosa es la persona, los errores que haya podido cometer, sentimentales o económicos, a la vejez viruelas, después de haber tenido una infancia muy difícil, en un país que no era el suyo, entre las tensiones de Franco y de su padre, luego las academias militares… No hay que mezclar, porque una cosa no tiene nada que ver con la otra, y espero que la historia lo refleje así en su día. Y si es objetiva, la historia hablará de las cacerías de los elefantes, pero sin restarle mérito a quien pilotó la Transición. De todas formas, la idea es cargarse a Felipe VI, que es lo que me parece un auténtico disparate. Es una persona íntegra, recta, muy bien preparada y con una capacidad extraordinaria. Intachable. De verdad, a mi juicio, está a la altura de Felipe II y de Carlos III. Desde que llegó, ha tenido un comportamiento impecable, como el día del golpe de Estado de los independentistas catalanes. Porque hubo un golpe de Estado, aunque ahora nos quieran hacer ver que nada de aquello ocurrió, cuando todos vimos por televisión cómo declaraban la república, aunque durase muy poco… En fin, volviendo a Juan Carlos: hay que diferenciar. Y en lo personal, como dice usted, no me produce ninguna decepción porque yo, de todas formas, nunca he sido monárquico.

P. Eso de pensar cómo se pasará a la historia, como dice usted del Rey emérito, parece especialmente complicado en estos tiempos. Fíjese, por ejemplo, en Woody Allen, que está ‘condenado’ socialmente a pesar de haberse demostrado que la acusación de abuso sexual era falsa.

R. Woody Allen es un genio y ya ha dejado una obra inmensa: es como Balzac. Sus películas son como una nueva ‘comedia humana’, son todas, prácticamente, la misma película, no hay diferencia entre ‘Manhattan’, ‘Annie Hall’, ‘Radio Days’, ‘Hanna y sus hermanas’… Es decir, todas son Nueva York, la Tercera Avenida, gente que trabaja en publicidad, en la radio, intelectuales, pintores, chicas estupendas, conflictos sentimentales… Todo lo demás se debe, porque como dice no está acusado de nada, a esta nueva corrección social y a los cambios de conceptos y valores de los que hablaba antes y que no sabemos cómo acabarán.

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