ESTRENOS DE CINE

'Ondina': un maravilloso romance fantástico de intensidad inaudita

El alemán Christian Petzold actualiza la leyenda romántica en un drama fantástico sobre el amor como arrebato torrencial

Foto: La alemana Paula Beer protagoniza esta fábula de Christian Petzold. (Golem)
La alemana Paula Beer protagoniza esta fábula de Christian Petzold. (Golem)

“Prometiste que me amarías. Siempre. Si te vas, tendré que matarte”, le lanza Ondina (Paula Beer) a su novio cuando este le anuncia en un café que piensa dejarla en el arranque del nuevo filme de Christian Petzold. Nos encontramos en el Berlín actual, pero el cineasta alemán evoca desde el título y el nombre de la protagonista el mito forjado por el Romanticismo a partir del relato homónimo del escritor Friedrich de la Motte Fouqué sobre la ninfa de agua que precisa casarse con un humano para obtener el alma. Pero si su enamorado la traiciona, Ondina se ve condenada fatalmente a retornar a las aguas y acabar con el hombre que la ha engañado.

La filmografía de Christian Petzold parte de películas conocidas o de mitos femeninos que revisa en el contexto siempre mutante de la Alemania del siglo XX y XXI. De manera que los modos del melodrama, del 'noir' o del fantástico que practica quedan atravesados por la crisis de identidad de todo un país. En 'Yella', adoptaba el dispositivo de paso al fantástico del filme de culto 'Carnival of Souls' para trasladarse a esa nueva Alemania de los no lugares del capitalismo; en 'Jericho', releía 'El cartero siempre llama dos veces' a través de un trío entre la protagonista, su marido de origen turco y su amante veterano de la guerra de Afganistán; en 'Phoenix', revertía 'Vértigo' entre las ruinas del Berlín de después de la Segunda Guerra Mundial, y en 'En tránsito', solapaba tiempo clásico y contemporáneo en un filme sobre fronteras y refugiados en que ya coincidían los aquí también protagonistas Paula Beer y Franz Rogowski, una pareja con una química romántica de otra época.

En 'Ondina', la protagonista trabaja en el museo de maquetas de la capital alemana. Petzold nos acompaña a una de las visitas comentadas que realiza la joven, que se convierte en un apasionante relato sobre los diferentes modelos de urbe que ha proyectado la ciudad, un paseo por cómo Berlín se ha soñado a sí misma a lo largo de la Historia reciente. Ondina resulta una narradora magnética. Cuando, durante la pausa, ella acude de nuevo al café con la esperanza de reencontrar a su expareja, él ya no está. Pero, como una sirena con su canto, ha atraído hasta allí a uno de los visitantes del museo fascinado por su explicación, Christoph (Franz Rogowski), un buzo industrial. ¿Cómo filmar un flechazo entre dos personas en una era de desgaste de las imágenes románticas? La conexión entre Ondina y Christoph genera un maremoto a pequeña escala, a partir de los elementos presentes en la cafetería, de forma que un torrente literal de agua los empuja inexorablemente a abrazarse. El director introduce pequeños indicios de la fatalidad del encuentro: el grifo que no para de gotear y avanza la explosión acuática, el buzo dentro del acuario, pero también la sangre de las heridas de la protagonista en el momento que se enamora, esta vez de verdad.

Christoph y Ondina se embarcan en un romance como de otra dimensión

Christoph y Ondina se embarcan en un romance como de otra dimensión. Como es habitual en el cine de Petzold, 'Ondina' nos traslada a un ambiente con ribetes propios del cine fantástico sin forzar el cambio de género. El trabajo como buzo de Christoph nos sumerge literalmente bajo unas aguas que funcionan como un paisaje más allá del mundo real. Lejos de la frialdad que caracterizaba películas como 'Yella' o 'Barbara', y en la línea de los tonos cálidos de las más recientes 'Phoenix' y 'En tránsito', Petzold y su director de fotografía habitual, Hans Fromm, envuelven las imágenes de un onirismo poético muy bien medido que entronca con esa serie de películas, de 'L'Atalante', de Jean Vigo, a 'La mujer y el monstruo', de Jack Arnold, tocadas por cierto aliento surrealista donde se cultivan amores totales o fatales en el medio submarino.

'Ondina'.
'Ondina'.

En apenas 90 minutos y al ritmo del adagio del 'Concierto n.º 3 en re menor', de J. S. Bach, 'Ondina' despliega un melodrama romántico con muchas de las constantes del género, como la revisitación de los tiempos y los espacios del amor cuando este parece haber desaparecido o la experiencia de no necesitar el resto del mundo cuando se tiene la pareja al lado. Al mismo tiempo, recrea un mito 'a priori' obsoleto en la época de la crisis de cierta idea de amor romántico. 'Ondina' alcanza una intensidad emocional inaudita, en una propuesta que invoca la pasión total desde la conciencia de que solo es posible concebirla en un contexto rayano en el fantástico y desde cierta sobriedad estética. Uno de los directores más imprescindibles del cine europeo reciente, Petzold reincide en 'Ondina' en sus constantes relecturas de la mujer fatal, aquí como depositaria de una forma de amar más allá del bien y del mal, de la vida y de la muerte, que ya no encuentra lugar en este mundo.

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