ESTRENO HOY EN CINES Y EL 24 EN NETFLIX

'Hillbilly': esta película sobre la escoria blanca de América... es escoria

La última película de Ron Howard, basada en el 'bestseller' de J.D. Vance, se estrena este fin de semana en cines y el 24 de noviembre en Netflix

Foto: Una familia disfuncional en 'Hillbilly: una elegía rural'. (Netflix)
Una familia disfuncional en 'Hillbilly: una elegía rural'. (Netflix)

Si el libro de no ficción ‘Hillbilly, una elegía rural’ se convirtió en su día en un auténtico fenómeno literario en su país, es sobre todo porque fue percibido como una lectura idónea para entender el ascenso de Donald Trump a la Casa Blanca. Su autor, J.D. Vance, recurrió a una mezcla de memorias personales y crítica sociocultural para explicar cómo se las arregló para sobreponerse a una infancia en el seno de una familia de la América profunda lastrada por un historial de violencia doméstica y, en el proceso, ofrecer una reflexión sobre las dificultades específicas afrontadas por la clase trabajadora de raza blanca y las razones por las que votaron a quien votaron.

Posiblemente para atraer a una audiencia lo más amplia posible, a la hora de llevar el texto a la pantalla, el director Ron Howard ha decidido convertirlo en una ficción completamente apolítica en la que no se mencionan ni Trump ni las elecciones de 2016, y cuyo mayor atractivo —sobre el papel, al menos— es un reparto completamente entregado al tipo de interpretaciones histriónicas que generalmente llaman la atención de quienes reparten premios. Al concentrarse en el melodrama familiar a costa de sacrificar el contexto cultural, la película queda reducida a una narración del todo genérica; su único rasgo de personalidad es la tosquedad con que Howard maneja las dinámicas emocionales.

Glenn Close, en el papel de Mamaw. (Netflix)
Glenn Close, en el papel de Mamaw. (Netflix)

El relato avanza en forma de dos hilos temporales paralelos: en uno de ellos, J.D. (Gabriel Basso) se ve obligado a ausentarse de la universidad de Yale para volver a casa a cuidar de su madre, Bev (Amy Adams), que ha sufrido una nueva sobredosis de heroína. El otro empieza siendo una mera sucesión de ‘flashbacks’ a través de los que se nos presentan momentos de la niñez de J.D., y poco a poco va adquiriendo linealidad; vamos conociendo que Bev es enfermera, que sus constantes batallas contra la adicción la convirtieron en una madre proclive a ejercer la violencia sobre el chico, y que la abuela trata de ser para él un escudo de protección y cierta garantía de estabilidad familiar.

Hasta cierto punto, esa bifurcación narrativa resulta efectiva, en tanto que permite entender el ciclo de disfunción y desesperanza en que los personajes permanecen atrapados; el problema es que Howard no parece tener nada que decir acerca de las circunstancias que lo causaron y lo siguen nutriendo. Peor aún, esa estructura le da al director la excusa perfecta para llenar el metraje de explosivas peleas domésticas, ataques de furia y demás momentos de caos; y, aunque de vez en cuando el griterío amaina para que alguien pueda sermonear durante un rato a J.D. sobre el valor de la familia y el trabajo duro, tanta intensidad sostenida inevitablemente conduce a la monotonía.

Amy Adams es Bev, la madre del protagonista. (Netflix)
Amy Adams es Bev, la madre del protagonista. (Netflix)

Esa renuncia de la película a contemplar momentos de cotidianidad significa que sus personajes nunca llegan a cobrar vida. Todo cuanto aprendemos de ellos es que los traumas pasados han convertido a J.D. en un chaval noble y disciplinado, que antes de abandonarse al consumo de drogas Bev tenía un gran potencial, y que la abuela se siente culpable por no haber sido capaz de proteger a Bev y que trata de redimirse protegiendo a su nieto. Y tal vez como consecuencia involuntaria de esa falta o tal vez en un intento consciente de compensarla, Adams y Close realizan interpretaciones del todo grotescas, colecciones de tics y aspavientos que evidencian desesperación por ganar el Oscar. No está de más recordar que entre las dos suman 13 nominaciones al premio —Close acumula siete, Adams una menos—, y que ninguna de ellas lo ha ganado aún. Quizá lo más sensato sería dárselo de una vez para que pudieran dejar de obsesionarse con el asunto y volver a centrarse en hacer bien su trabajo.

Cartel de 'Hillbilly'.
Cartel de 'Hillbilly'.

Si los personajes de ‘Hillbilly, una elegía rural’ no hubieran sido perfilados con un trazo tan grueso, y si Howard se hubiera tomado la molestia de dotar el relato de cierta dimensión política y sociológica, tal vez la película nos ayudaría a entender los efectos que el desmantelamiento de las industrias locales y la falta de inversión en educación pública tuvieron en la América rural. En lugar de eso, la tesis parece ser que sus habitantes son unos ignorantes y unos fracasados porque no se esforzaron lo suficiente para dejar de serlo, y que si un joven como J.D. logró triunfar en la vida a pesar de sus orígenes, no hay motivo para que sus familiares y vecinos no lo lograran. En última instancia, ‘Hillbilly, una elegía rural’ da la sensación querer dar visibilidad a una América a menudo olvidada sin tener la menor idea de quiénes son los seres humanos que la componen.

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