SEGUNDA JORNADA DEL FESTIVAL

'Hasta el cielo': vibrante thriller de atracos imperfectos, quinquis modernos... y amor

"Su sueño requiere una metodología, sacrificios y falta de escrúpulos. No es un gánster americano. Se sabe perfectamente la ley”, relata su director, Daniel Calparsoro

Foto: El actor Miguel Herrán, ayer, en el Puerto de Málaga (EFE).
El actor Miguel Herrán, ayer, en el Puerto de Málaga (EFE).

Ocurrió en 2013, viendo el programa ‘Equipo de investigación’ de la Sexta capitaneado por Manu Marlasca. Daniel Calparsoro palpó un submundo muy desconocido, grupos criminales que parecían una versión actualizada de los quinquis de los ochenta (Eloy de la Iglesia o ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura). Eran grupos muy organizados, empresarios del crimen que ni se drogaban ni se alcoholizaban.

En ‘Hasta el cielo’, la atractiva propuesta de thriller del segundo día del Festival de Málaga, atracan joyerías y hasta furgones forrados de dinero en plena travesía del buque Balearia entre Ibiza y Valencia. "Si lo pones en Google, te sale", anima Calparsoro al periodista. Y tanto que aparece. Lo publicó 'Diario de Ibiza' en septiembre de 2014: "Vimos a un marinero y a varios vigilantes de Prosegur correr detrás de los ladrones. Saltaron, los recogió una lancha y se fueron a toda velocidad, he visto la zódiac de lejos. ¡De película!".

Deseaban más y más, como la canción de La Unión. Los capos de España. Una historia de ambición, de llegar a la cúspide (gran metáfora del Madrid de las cuatro torres). Y ante todo, aunque en su apariencia primera no lo muestre, es una gran historia de amor, una suerte de triángulo sentimental, que sorprende por la consegida caracterización de los personajes femeninos que llega tras una fulgurante puesta en escena masculina, repleta de testorenona.

Garantía Guerricaechevarría

La robustez y garantía de Jorge Guerricaechevarría como guionista consiguen que la historia atrape en las dos horas de metraje y con planos de excelente factura técnica, una vibrante de acción rodada con un presupuesto de cuatro millones de euros.

Calparsoro no quería mostrar un mosaico de realismo social, sino radiografiar el crimen patrio en un personaje como el de Ángel, protagonizada por Miguel Herrán, que en este mismo festival dio a luz para el celuloide español con ‘A cambio de nada’ de Daniel Guzmán con el que consiguió el Goya al Mejor Actor Revelación en 2016.

Cartel promocional de la cinta.
Cartel promocional de la cinta.

El director demandaba de Herrán exigencia plena en su interpretación. Se tenía que entregar en cada plano y el actor ha sabido entender el mensaje. “Su sueño requiere una metodología, sacrificios y falta de escrúpulos. No es un gánster americano. Se sabe perfectamente la ley”, relata Calparsoro a El Confidencial.

Porque el cineasta no tiene intención de juzgar a los personajes ni a ensalzarlos. Son criminales que se cuidan mucho de no cometer un delito de sangre, que no disparan, que se pelean con puños y patadas entre ellos, que se tienden trampas entre los grupúsculos que surgen. Y tienen un plan definido para enriquecerse.

La película se iba a estrenar el 2 de septiembre, pero el aumento de los contagios por el coronavirus ha supuesto un revés para los planes de los productores. No hay fecha concreta para su lanzamiento comercial. “El cine no va a desaparecer y esta película es para verla en pantalla grande, aunque luego vaya en plataformas; pero primero en el cine. Cuando haya vacuna las cosas volverán a su cauce”, explica Calparsoro que está a punto de dar otro codazo de saludo al fondo de la cafetería del hotel AC Málaga Palacio.

'Las niñas' de 1992

La otra película de la sección especial fue ‘Las niñas’ de Pilar Palomero, una aproximación a la educación femenina en un colegio regido por religiosas a principios de la década de los noventa. La acción transcurre en 1992, en Zaragoza, e irrumpe cuando una niña llega al centro procedente de Barcelona y se hace amiga de su compañera de pupitre —Celia—, papel interpretado con soltura y empatía ante la cámara por Andrea Fandos.

La cinta recrea un amplio abanico de atmósferas de ese época: la música, los bailes, la convivencia en las aulas, el despertar de la sexualidad, la rebeldía, la complicidad femenina. Una sororidad que no tenía entonces nombre. Y los celos, los piques, los silencios de una madre que lo atrasa todo al mes que viene. Palomero despliega una mirada nostálgica que abunda en los matices humanos del grupo de niñas que ya no son tan niñas. Un carrusel de deseos, miedos, engaños, esperanzas y ganas de vivir.

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