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'Domino': De Palma imagina un atentado terrorista en la plaza de toros de Almería

Fallido 'thriller' de sobremesa en el que sin embargo se pueden rastrear destellos del talento del director de 'Vestida para matar'

Foto: 'Domino'.
'Domino'.

Pocos casos más dignos de estudio que el destino de la mayoría de integrantes del Nuevo Hollywood, esa generación que en los setenta modernizó la industria estadounidense del cine desde dentro y marcó para siempre su devenir. A pesar de su maestría, influencia, reconocimiento y popularidad, directores como Francis Ford Coppola, Peter Bogdanovich, el ya fallecido Michael Cimino o el que ahora nos ocupa, Brian De Palma, han visto cómo la industria que contribuyeron a reformular les niega la posibilidad de continuar con más o menos solvencia sus carreras. Como a la mayoría de sus colegas, al director de 'Atrapado por su pasado' le resulta cada vez más difícil sacar adelante un proyecto cinematográfico.

A pesar de ello, sus dos últimos filmes antes del que ahora nos ocupa son más que dignos de interés. 'Redacted' (2007) actualizaba una de sus principales inquietudes, el papel de los dispositivos cinematográficos como formas de control y voyeurismo, a partir de adentrarse en la intervención estadounidense en Irak a través de un nuevo ecosistema audiovisual que incluía desde cámaras de vigilancia a videoblogs. Y en 'Passion' (2013), llevaba a cabo su enésima entrega de un 'thriller' erótico sofisticado y cruel que se retuerce en torno a una obsesión.

Más difícil resulta dilucidar cómo ha afrontado Brian De Palma una película como 'Domino'. A primera vista, nos encontramos ante un 'thriller' de coproducción internacional que recuerda en su resultado un tanto cutre y grumoso a aquellos 'europuddings' que creíamos haber dejado atrás hace unos años. El filme alterna intérpretes que hablan un perfecto inglés deslocalizado y escenarios de diversos países europeos generando una mezcolanza de nacionalidades más desconcertante que global. La dirección de actores nunca ha sido una de las principales prioridades de De Palma, pero aquí se le nota poco por la labor. El reparto variopinto de estrellas europeas combina profesionales a prueba de bomba, como el danés Nikolaj Coster-Waldau o el francés Ériq Ebouaney, con actrices a las que se ve más despistadas, como la holandesa Carice van Houten. Aunque quien más parece tomarse su papel con cierto cachondeo autoparódico es Guy Pearce, quizá porque como agente de la CIA le tocan las líneas más bochornosas de diálogo (“we're americans, we read your e-mails”). El guion del noruego Petter Skavlan, lo más flojo de todo el conjunto, despliega una trama de terrorismo islámico desgastada y tópica, propia de un telefilme de sobremesa, que incluye una historia romántica poco creíble.

La secuencia culminante es el intento de un grupo terrorista islamista de perpetrar un atentado en la plaza de toros de Almería

De Palma, probablemente el director de su generación que menos se ha distanciado de sus orígenes en el cine de serie Z y B, aprendió también de su maestro Alfred Hitchcock que se puede levantar una gran obra cinematográfica a partir de material de derribo argumental. Quizá consideró que justo esto es lo que podría hacer con 'Domino', pero debió encontrarse con unos condicionantes de producción que le impidieron desarrollar la película tal y como realmente deseaba. Algo que se nota en secuencias concretas como la de la masacre en la alfombra roja de un festival de cine. 'Femme Fatale' arrancaba con una espléndida secuencia en las mismísimas entrañas del Palais, la sede del Festival de Cannes, en pleno desarrollo del mismo. Aquí, sin embargo, la escena tiene lugar en un certamen ficticio y se resuelve de forma un tanto atolondrada. Queda claro, sin embargo, lo que le interesaba a De Palma del asunto y que no llega a cristalizar: la visualización de un atentado desde dentro a partir de diversas pantallas y desde el punto de vista de la propia terrorista, que lo emite en directo.

'Domino'.
'Domino'.

La película se salva en algunas escenas por la planificación de De Palma, la banda sonora del habitual Pino Donaggio, que evoca de forma un tanto rutinaria los ecos de Bernard Herrmann, y la calidez que otorga a las imágenes la cámara de José Luis Alcaine, con quien el director ya había colaborado en la anterior, 'Passion'. Alcaine es el único profesional español con una participación importante en la película, a pesar de que esta se desarrolle en su parte final en Andalucía. Porque la secuencia culminante de 'Domino' es el intento por parte de un grupo terrorista islamista de perpetrar un atentado en la plaza de toros de Almería. Aquí se subraya el interés del estadounidense por este escenario: el que le permite plantearse cómo poner en escena un estallido de violencia en que las cámaras ya forman parte de la planificación de la carnicería. De Palma orquesta uno de esos momentos marca de la casa que despliegan una secuencia de acción con múltiples implicados en un espacio público abarrotado. Esta vez, con la participación de estos nuevos agentes del mundo hipervigilado que son los drones con cámara. La resolución se queda a medio gas tanto en lo que a su potencial espectacularidad se refiere como en la idea de incluir este nuevo dispositivo de registro audiovisual. Pero todavía resulta más interesante una película fallida de Brian De Palma que una correcta de cualquier cineasta mediocre con un poco de crédito.

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