ESTRENOS DE CINE

'Hasta que la boda nos separe': cómo preparar una boda y no romper en el intento

A punto para San Valentín, Belén Cuesta y Álex García protagonizan un refrito a la española de las comedias de enredos nupciales

Foto: Silvia Alonso y Álex García, en la última comedia de Dani de la Orden. (A Contracorriente)
Silvia Alonso y Álex García, en la última comedia de Dani de la Orden. (A Contracorriente)

El prólogo de la nueva película de Dani de la Orden apunta maneras: vemos a Marina, la protagonista, todavía niña que habla con su padre mientras mira en la televisión 'Pretty Woman'. El progenitor está a punto de abandonarlas, a ella y a su madre, y le suelta a la pequeña un discurso antirromántico. Encarnado por Ernesto Sevilla, el personaje tiene su punto irreverente también por su falta de encaje en el registro en el que se mueve el film, el de la comedia romántica. Años después conocemos a Marina ya adulta (Belén Cuesta) y convertida en profesional de la organización de bodas. Marina se enorgullece de no sentir ningún tipo de interés ni en el amor ni en el matrimonio, una desafección que vendría dada por las enseñanzas del padre en el prólogo y, quizá, por la resaca que a una madre un tanto aficionada al alcohol le supuso ese abandono. Así, la protagonista de 'Hasta que la boda nos separe' cumple con el estereotipo por antonomasia del género: el de la mujer que proclama su alergia al romanticismo para por supuesto acabar enamorándose a lo largo del film.

'Hasta que la boda nos separe' adapta una comedia francesa reciente, 'La wedding planner' (2017) de Reem Kherici, a su vez un refrito de las películas de nupcias que tanto triunfaron en los noventa como 'Cuatro bodas y un funeral' (1994) o 'La boda de mi mejor amigo' (1997). Tras el prólogo, el arranque funciona con bastante eficacia a la hora de plantear un casamiento como el territorio ideal para todo tipo de situaciones cómicas que alteran la solemnidad del acto o sintonizan con las ganas de marcha de este tipo de eventos. Marina liga con uno de los invitados que asiste sin pareja al evento, Carlos (Álex García). Al día siguiente, él tiene que justificar ante su novia Alexia (Silvia Alonso) el hecho de que tenga el contacto de una 'wedding planner'. La primera excusa que se le ocurre: quiere casarse con Alexia. El film despliega por tanto el conflicto de Marina a la hora de planear la boda del tipo del que quizá se ha enamorado, que además casualmente es novio de la chica que la humillaba de pequeña.

Belén Cuesta y Gracia Olayo, en 'Hasta que la boda nos separe'. (A Contracorriente)
Belén Cuesta y Gracia Olayo, en 'Hasta que la boda nos separe'. (A Contracorriente)

Así, la película se mueve por los caminos más o menos trillados de la comedia romántica de contexto nupcial. Recurrir a lugares comunes de un género no es problema si se saben ejecutar con la suficiente gracia o con particular personalidad. Pero, en lo que a registros de humor se refiere, 'Hasta que la boda nos separe' ofrece un poco de todo sin meterse a fondo con ninguno. En el menú entra un chiste escatológico asumible para todos los paladares, la típica escena del colocón involuntario, un momento de mayor agresividad físico-humorística, la inevitable secuencia de enredo vodevilesco dentro de una casa, una pizca de humor negro y una escalada hacia la catástrofe final que no llega a explotar del todo.

El rodaje en el “marco incomparable” de Tenerife que permite lucir localizaciones espectaculares

Además, Dani de la Orden, experimentado en el audiovisual publicitario de 'qualité', ofrece una serie de valores añadidos, guiños que no se acaban de justificar en lo narrativo pero que supuestamente le añaden atractivo al film: el rodaje en el “marco incomparable” de Tenerife que permite lucir unas localizaciones espectaculares, la invitación cursada a un grupo 'indie' de cierto caché, en este caso Carolina Durante, para que amenicen el film con una actuación en directo o, algo más habitual en el género, los cameos de amiguetes como Jordi Sánchez, Leo Harlem, Malena Alterio o Antonio Resines. En su forma de abordar el género, 'Hasta que la boda nos separe' se situaría en las antípodas de '3 bodas de más' (2013). El film de Javier Ruiz Caldera también partía de los tropos de la comedia nupcial para explorar hasta qué punto podía llevar más allá sus posibilidades cómicas. La película de Dani de la Orden, por el contrario, no abandona nunca la zona de seguridad del remedo inane de vocación comercial.

Cartel de 'Hasta que la boda nos separe'.
Cartel de 'Hasta que la boda nos separe'.

En este aspecto la película genera por momentos cierta confusión. El personaje de Alexia, la novia a punto de ser abandonada, debería provocar poca empatía al espectador para que la infidelidad de los protagonistas no nos cause malestar. Y, sin embargo, a pesar de que se la identifique como la maltratadora de Marina en su infancia (nunca se la visualiza como tal), Alexia es un personaje positivo que convierte el enamoramiento de los protagonistas, y por tanto su traición, en algo más sancionable de lo normal. El desenlace también despierta cierto desconcierto ya que no responde del todo a las expectativas creadas por una comedia de boda. Ese final no del todo rematado podría tener incluso algo de rompedor si no fuera porque parece más fruto de la inoperancia que de una voluntad subversiva respecto a los códigos del género.

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