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'Aves de presa': entretenida virguería de usar y tirar

Harley Quinn (Margot Robbie) —psiquiatra transformada en psicópata— era un personaje lo suficientemente querido por los fans como para merecer su propia película

Foto: Margot Robbie vuelve a ser Harley Quinn en 'Aves de presa'. (Warner)
Margot Robbie vuelve a ser Harley Quinn en 'Aves de presa'. (Warner)

Una de las pocas cosas que 'Escuadrón suicida' (2016) hizo bien, probablemente la única, es convertir a Harley Quinn (Margot Robbie) —psiquiatra transformada en psicópata— en un personaje suficientemente querido por los fans como para merecer su propia película; una figura jovialmente aterradora que pone patas arriba el cliché de la rubia explosiva y bajo cuya peculiar fachada —mezcla de las Spice Girls con Looney Tunes— esconde una brutalidad implacable. Ahora, 'Aves de presa' la dota de mayor profundidad, y le da la oportunidad de ofrecer destellos de la vulnerabilidad y la ternura que anidan en su interior.

Pese al plural de su título, 'Aves de presa' es su historia. Y desde las primeras escenas, queda claro que ella no es la única que se ha emancipado de la versión del Joker encarnada por Jared Leto. La película en su conjunto se esfuerza desde el principio por soltar ese lastre heredado de 'Escuadrón suicida'. Pese a que Harley habla sin cesar de su exnovio —y que además este tiene un papel importante en la trama—, en ningún momento se deja ver por la pantalla, ni siquiera en esa secuencia animada inicial que esencialmente nos recuerda los orígenes de su antiheroína y lo sucedido en aquella película predecesora, y relata su traumática ruptura sentimental. Ahora, despojada de la protección que su relación con el villano más cruel de Gotham le proporcionaba, Harley se ve perseguida por sus cuantiosos enemigos. Todo el mundo la odia, y eso incluye al cuarteto de mujeres con las que, a lo largo de buena parte de los 109 minutos de metraje, forma el grupo titular.

Juntas tratarán de salvar a una pequeña ladrona de las garras de un rey del crimen sádico y narcisista llamado Máscara Negra, e interpretado por Ewan McGregor en modo caricato. Eso, a grandes rasgos, es todo cuanto vale la pena decir acerca de la peripecia narrativa de la película. Probablemente para disimular esas carencias argumentales, la directora, Cathy Yan —descubierta hace dos años gracias a su estupenda ópera prima, la comedia negra 'Dead Pigs' (2018)—, desmenuza la historia de Harley para volver luego a juntar las piezas de forma desordenada, y por lo general envuelve 'Aves de presa' con todo tipo de virguerías estilísticas que, a ratos, denotan cierta desesperación por llamar la atención y convencer de su propia intrepidez: voces en 'off', subtítulos, planos congelados, cambios de velocidad, 'flashbacks', fondo de armario diseñado a modo de remedo de la personalidad que la trama no es capaz de otorgar a los personajes, interludios animados y secuencias de lucha que, eso sí, poseen el tipo de inventiva y energía visual que les falta a las películas de Marvel.

Para disimular esas carencias argumentales, la directora, Cathy Yan, envuelve 'Aves de presa' con todo tipo de virguerías estilísticas

De hecho, esas escenas de violencia estilizada son lo único de relieve que le queda a la película si se obvian todas esas filigranas, por mucho que Yan las intercale con momentos expositivos que probablemente aspiran a hacer que la película sea algo más que una mera excusa para mostrarnos a Harley y sus secuaces pateando traseros a lo largo de casi dos horas. Considerando qué vistosa logra ser 'Aves de presa' durante sus coreografías de acción, esos vagos e inciertos atisbos de envergadura no le hacen ningún favor.

Cartel de 'Aves de presa'.
Cartel de 'Aves de presa'.

En cualquier caso, en líneas generales, la película va a lo seguro de varias maneras. Primera, avanza según el camino que dictan las convenciones del género al que pertenece; segunda, la evolución de su protagonista es mucho menos agresiva de lo esperable —esencialmente, la joven decide ser una persona ligeramente menos terrible de lo que solía, o al menos intentarlo—, y Yan en realidad no hace gran cosa para enriquecer sustancialmente su historia; tercera, decimos, prefiere mantenerse insustancial que intentar tener un impacto significativo y, en concreto, deja pasar la ocasión de decir algo sobre el empoderamiento y la sororidad femeninos a pesar de que, por su propia naturaleza —es una historia de superhéroes de Hollywood escrita y dirigida por mujeres, encabezada por un reparto multirracial de mujeres y, sobre el papel, centrada en la capacidad de la mujer para vivir sin el hombre—, eso precisamente es lo que cabía esperar de ella. Y lo cierto es que, si por un lado esa falta de riesgo impide a 'Aves de presa' ser mínimamente memorable, por el otro juega a su favor. Mientras otras adaptaciones de cómic se ven aplastadas por el peso de sus propios aires de importancia, esta avanza despreocupada, sabedora de ser tan inocua y desechable como la goma de mascar, y demasiado ágil a la hora de proporcionar gags o momentos visualmente resultones como para llegar a hacerse aburrida.

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