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'Bad Boys For Life' o cómo los policías rebeldes se hacen mayores

Vuleve la pareja formada por Will Smith y Martin Lawrence en 'Dos policías rebeldes', esta vez con 25 años más en un filme que mantiene la acción pero con más espacio para la reflexión

Foto: 'Bad Boys For Life'.
'Bad Boys For Life'.

Si en su día alguien hubiera vaticinado que en 2020 la saga iniciada con 'Dos policías rebeldes' (1995) seguiría activa y creciendo, probablemente nos lo habríamos tomado a broma; el tiempo, después de todo, no ha sido especialmente amable ni con los principales artífices tanto de esa película como de 'Dos policías rebeldes 2' (2003) ni con el tipo de espectáculo ultraviolento y hortera que encarnan, sustituido en la última década por 'blockbusters' igual de ridículos pero menos sexistas y reaccionarios, como 'Fast & Furious'. Y pese a ello, aunque nadie excepto sus propios productores la necesitaba, aquí llega una segunda secuela.

Algo esencial, en todo caso, ha cambiado en este hiato de 17 años: Michael Bay, director de los dos títulos previos, no se sitúa esta vez tras la cámara. 'Dos policías rebeldes' no solo fue su primera película sino también la que puso su sello estilístico en el mapa. De hecho, para bien o para mal, el abuso de los ralentizados, los afectados movimientos de cámara, el machismo y la fascinación por las armas y las explosiones fueron parte esencial de su fórmula de éxito.

Los fans de línea dura, eso sí, deberían tomarse la molestia de ver 'Bad Boys For Life' antes de ponerla verde. Los directores belgas Adil El Arbi y Bilall Fallah se las arreglan para revivir la serie recuperando el espíritu jovial de la primera película —la segunda, en cambio, resultó ser sorprendentemente sombría— y actualizando con eficacia la propuesta estética sin dejar de ofrecer numerosos guiños visuales a las entregas anteriores, y exhiben una saludable dosis de autoconsciencia respecto al material que manejan; varios de los modismos de Bay que aquí se reciclan parecen obviamente diseñados para funcionar a modo de gag. Y por lo demás, El Arbi y Fallah exhiben muy buena mano coreografiando combates cuerpo a cuerpo, tiroteos, persecuciones automovilísticas y demás secuencias de acción que, por supuesto, son más modestas que las de 'Dos policías rebeldes 2' —el presupuesto de la película también lo es—, pero que están dotadas casi en su totalidad de sentido del ritmo y coherencia espacio-temporal impecables y aparentemente inspiradas tanto o más en el cine de acción de Hong Kong que en el de Bay.

Martin Lawrence y Will Smith.
Martin Lawrence y Will Smith.


Por lo demás, viendo 'Bad Boys For Life' resulta difícil no acordarse de que la idea inicial del productor Jerry Bruckheimer fue rodarla al mismo tiempo que su continuación. Después de todo, la película contiene una cantidad de peripecia argumental suficiente para llenar varias películas. En todo caso, la trama puede resumirse así: Marcus (Martin Lawrence) acaba de ser abuelo y quiere llevar una vida lo más pacífica posible, lejos de la acción; Mike (Will Smith), por su parte, quiere seguir en el centro de ella, dándolo todo. Y en cuanto aparece en escena un matón motorizado, que se dedica a asesinar a todos los implicados en la operación antidrogas encubierta que acabó con su padre 25 años atrás, las circunstancias obligan a la pareja a volver a trabajar mano a mano.

Ya no está Michael Bay, y Adil El Arbi y Bilall Fallah se las arreglan para revivir la serie recuperando el espíritu jovial de la primera película

Mientras trabajan esa premisa, El Arbi y Fallah estructuran el relato en forma de 'crescendo', limitando el espectáculo durante su primer tramo con el fin de resaltar aún más la sucesión de escenas de acción, que se intensifica mediada la película y desemboca en un tercer acto genuinamente desbocado. Entonces, se acumulan los giros intrépidos y tienen lugar revelaciones tan absurdas como fascinantes que aportan a la historia más envergadura moral.

Parece reconocer qué absurdo es convertir a dos cincuentones en héroes de acción. Adquiere una profundidad emocional que no había alcanzado

En el proceso, 'Bad Boys For Life' rodea a sus dos protagonistas de un equipo de aliados cuyas dinámicas personales se muestran claramente inspiradas en 'Fast & Furious', pero, en cualquier caso, sin duda el factor humano de la película se basa en la irresistible química que Smith y Lawrence comparten. Sus diálogos son más afilados que nunca, sus interacciones, tan naturales y convincentes que uno está tentado de pensar que han pasado las dos últimas décadas practicándolas en sus ratos libres.

Cartel de 'Bad Boys For Life'.
Cartel de 'Bad Boys For Life'.

A través de la relación entre ambos personajes 'Bad Boys For Life' reflexiona sobre la edad y la obsolescencia, y parece reconocer qué absurdo es convertir a dos cincuentones en héroes de acción. Y de ese modo adquiere una profundidad emocional que la saga nunca había alcanzado mientras permaneció en manos de Bay. Entre los momentos de ruido y furia, se intercalan largos compases durante los que Mike y Marcus se limitan a hablar, de sus vidas y sus familias y ellos mismos, y, por primera vez, dejan de ser meras figuras de acción para revelarse como seres humanos. Y quizá sea ese, en última instancia, el principal elemento distintivo de una película que mantiene un ojo puesto en las ficciones de las que es continuación y el otro en la posibilidad de una nueva saga, y que en todo caso resulta sorprendentemente satisfactoria por sí sola.

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