Estrenos de cine

'Malasaña 32', el 'Poltergeist' de la Transición española

Un piso del Madrid de los setenta se convierte en la caja de resonancia de las represiones del franquismo y los miedos de la Transición en este filme que acaba recurriendo al susto fácil

Foto: 'Malasaña 32'.
'Malasaña 32'.

Las migraciones internas del campo a la ciudad en la España del siglo XX han sido objeto sobre todo de películas de corte neorrealista como 'Surcos' y 'La piel quemada'. Por ello, resulta una estimulante novedad que inspiren un filme de terror con casa encantada como 'Malasaña 32'. El primer largometraje en solitario de Albert Pintó está protagonizado por una familia, los Olmedo, que abandona el pueblo para instalarse en Madrid, donde aspiran a una vida mejor. A Manolo (Iván Marcos) le han prometido un empleo en la Pegaso y Candela (Bea Segura) entrará a trabajar en Galerías Preciados. Estamos en 1976, y ambos esperan beneficiarse de los aires de cambio y prosperidad que se respiran en España. Con este optimismo, se instalan en un piso de la calle Malasaña donde, como hemos visto en los primeros minutos del filme, cuatro años antes tuvo lugar un suceso terrorífico. La banda sonora avisa de que “la vida sigue igual”...

'Malasaña 32' se inscribe en la fértil corriente del cine español contemporáneo que ha encontrado en la continuación de ciertos modelos del fantástico estadounidense una forma rentable de cultivar el género desde cierta idiosincrasia propia. Aunque se sitúe casi exclusivamente en un único edificio, el filme de Pintó no entronca tanto con la saga 'REC' y su actualización del terror de casa encantada desde el paradigma digital como con los referentes originales de los años setenta y ochenta, títulos como 'Terror en Amityville' (1979) o 'Poltergeist' (1982), y en sus revisitaciones actuales de aire clásico a la manera de 'Expediente Warren'. También sintoniza con otros títulos recientes del cine español como la espléndida 'Verónica' (2017), más redonda en su vocación de cinta paranormal que recoge las ansias de la vida en un barrio obrero.

Pintó y los cuatro guionistas, Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina y David Orea, plantean en el primer tramo un filme gótico urbano en que el piso encantado se convierte en la caja de resonancia que devuelve en forma de fenómenos extraños los miedos de estas personas recién llegadas a la gran ciudad. Aunque se ven presionados por cuestiones que todavía afectan a las familias de este país como la hipoteca, el guion deja entrever que el principal motivo para marcharse del pueblo no ha sido la estrechez económica sino la moral: los Olmedo no son una familia modélica según el canon nacionalcatólico. La entidad sobrenatural que habita en el piso arrastra su propio trauma y esto también les repercute.

Imagen de 'Malasaña 32'.
Imagen de 'Malasaña 32'.

Así, mientras los padres acuden a sus respectivos trabajos, los tres hijos y el abuelo se ven afectados por situaciones extrañas. Sobre todo el pequeño, Rafa (Iván Renedo), que en una de las mejores escenas de la película acaba abducido por ese televisor que pocos segundos antes emitía en blanco y negro la alegre cabecera de 'Un globo, dos globos, tres globos'. Así, por momentos, 'Malasaña 32' se esboza como una variante de 'Poltergeist' en la Transición, en que la casa protagonista albergaría los traumas nunca bien exorcizados que provocó el franquismo.

'Malasaña 32' no profundiza en su potencial metafórico y lo reduce a mera excusa argumental para justificar la trama

Sin embargo, y como sucede a menudo con estos filmes de vocación comercial producidos por las cadenas de televisión privadas, 'Malasaña 32' no profundiza en su potencial metafórico y lo reduce a mera excusa argumental para justificar la trama. El terror que emana de la casa no siempre está bien justificado ni administrado. Los responsables del filme saben cómo ejecutar los recursos del género, incluso se recrean en ello en alguna escena. Pero acaban apoyándose demasiado en esos sustos fáciles que se generan a partir de sombras inexplicadas, posibles presencias extrañas y ruidos inquietantes, todo amplificado por una banda sonora que subraya todos y cada uno de ellos de forma machacona.

Concha Velasco suena a opción perfecta para encarnar al personaje que desencalla la maldición, pero no acaba de creerse el papel

El peso de los personajes también está descompensado. Aparte de los padres y Rafita, la protagonista con más interés es Amparo (Begoña Vargas), la hermana mayor, obligada como tantas en estas condiciones a ejercer de figura materna para el pequeño de la casa. Menos definido queda el otro hermano mayor, Pepe (Sergio Castellanos), y sus dificultades de habla. Su principal función se reduce a protagonizar una de las 'set-pieces' secundarias, en la que se comunica con la vecina fantasmagórica de la ventana de enfrente a través de notas enviadas por las cuerdas de tender ropa.

Cartel de 'Malasaña 32'.
Cartel de 'Malasaña 32'.

La película derrapa sobre todo en su tramo final. 'A priori', Concha Velasco suena a opción perfecta para encarnar al personaje que desencalla la maldición, en la línea de otras grandes actrices, de Zelda Rubinstein a Geraldine Chaplin pasando por Ana Torrent, que encarnan estos papeles secundarios pero decisivos en el cine de terror. Sin embargo, la intérprete no parece acabar de creerse el papel. Y la explicación para justificar la vocación atormentadora del espectro resulta disparatada (¿'spoiler'?). La película pretende denunciar la represión de las personas con identidades y sexualidades no normativas durante el franquismo, pero a su manera también acaba estigmatizándolas de la forma más burda. Sobre todo porque queda la sensación de que se apela a este tema por puro oportunismo argumental y no para que acabe de cuajar lo que el filme apuntaba al principio: un escenario de terror en torno a una Transición que se levantó sobre el poso de los miedos generados por el franquismo.

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios