ESTRENOS DE CINE

Cartelera del fin de semana: ¿vas al cine? ¿no sabes qué estrenos ver? Pincha aquí

Las tres películas de la semana son 'Richard Jewell', 'El oficial y el espía' y 'Fortuna'

Foto: 'Richard Jewell', 'El oficial y el espía' y 'Fortuna' son las películas de la semana. (Warner/ Caramel/ Elamedia)
'Richard Jewell', 'El oficial y el espía' y 'Fortuna' son las películas de la semana. (Warner/ Caramel/ Elamedia)
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Compras entradas de cine, haces acopio de palomitas y refrescos, te acomodas en la butaca... toda una legendaria tradición que regresa cada fin de semana en nuestras salas, pero la cartelera no da tregua, los estrenos se suceden, las películas se multiplican. ¿Qué vemos en la sesión golfa de este sábado? ¿Y el domingo, después de echar la siesta? Los críticos de El Confidencial han visto los tres films más importantes estrenados esta semana y ofrecen su opinión. Sin trampa ni cartón. No se lo agradezcan, ese es su trabajo.

Las películas de esta semana son 'Richard Jewell', el último drama patriótico basado en hechos reales de Clint Eastwood, 'El oficial y el espía', el nuevo biopic histórico de Roman Polanski sobre el caso Dreyfus, y 'Fortuna', del suizo Germinal Roaux, una reflexión sobre la crisis de los refugiados protagonizada por Bruno Ganz.

'Richard Jewell', de Clint Eastwood

Sam Rockwell, Kathy Bates y Paul Walter Hauser en 'Richard Jewell', la última película de Clint Eastwood'. (Warner)
Sam Rockwell, Kathy Bates y Paul Walter Hauser en 'Richard Jewell', la última película de Clint Eastwood'. (Warner)

Clint Eastwood se ha mostrado especialmente interesado en la historia estadounidense reciente al menos desde que exploró la Segunda Guerra Mundial en el díptico formado por 'Banderas de nuestros padres' (2006) y 'Cartas desde Iwo Jima' (2006). Pero cuatro de las cinco películas que ha dirigido en el último lustro —'El francotirador' (2014), 'Sully' (2016), '15:17 Tren a París' (2018) y ahora 'Richard Jewell'— están tan particularmente conectadas que casi podrían ser consideradas una tetralogía. Todas ellas son recreaciones de hechos reales protagonizados por hombres anónimos convertidos en héroes a causa del destino, las circunstancias o una férrea determinación, y reflexiones sobre cómo el sentido del deber cívico del ciudadano común aflora y, en el proceso, pone en evidencia qué fallidas y malvadas son las instituciones modernas.

Richard Jewell trabajaba como guardia de seguridad durante los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. El 27 de julio, descubrió una mochila que contenía tres artefactos explosivos y, tras alertar a las autoridades, las ayudó a evacuar la zona y evitar así una auténtica masacre. Fue aclamado como un héroe, al menos hasta que el FBI lo identificó como el posible terrorista. Dejó de ser sospechoso unos meses, pero para entonces la opinión pública ya lo había condenado a perpetuidad —murió 11 años después, con solo 44—. En todo caso, lo que Eastwood parece pretender con la dramatización de su caso no es tanto limpiar su nombre de una vez por todas como convencernos de que no podemos confiar ni en las autoridades ni en lo que leemos en los periódicos.

Una versión menos sesgada de la película habría mostrado más esfuerzo por entender que el pasado de Jewell, sus aficiones y su gran colección de armas eran motivo suficiente para que los investigadores sospecharan de él, y por entender que en última instancia Scruggs hizo su trabajo —informar de algo cierto: que el FBI tenía el foco puesto en Jewell—. Y quizá no habría ignorado casi por completo al que resultó ser el verdadero terrorista, un fanático religioso y ultraconservador cuyas diatribas contra la amenaza socialista bien podrían haber sido pronunciadas por el propio Eastwood. En lugar de eso, y para subrayar que el hombre común se encuentra indefenso a merced de las manipulaciones del sistema y de las 'fake news' de los medios de comunicación, 'Richard Jewell' acaba recurriendo al mismo tipo de medias verdades, suposiciones, rumores y mentiras que cree estar condenando.

[Enlace a la crítica completa de Alejandro Alegré]

'El oficial y el espía', de Roman Polanski

Louis Garrel protagoniza la última película de Roman Polanski, 'El oficial y el espía'. (Caramel)
Louis Garrel protagoniza la última película de Roman Polanski, 'El oficial y el espía'. (Caramel)

El título en español de la nueva película de Roman Polanski opta por traducir el inglés, 'An Officer And A Spy', que corresponde también al del libro del guionista Robert Harris que la ha inspirado, y no por adaptar el original francés, 'J'accuse', que remite de forma explícita al caso Dreyfus a partir del famoso escrito condenatorio de Émile Zola en el periódico 'L'Aurore'. El cambio anticipa la principal modificación respecto a lo que 'a priori' se espera de un filme sobre uno de los episodios más famosos de la historia de Francia y Europa de finales del siglo XIX y principios del XX. A sugerencia del propio Harris, que también firmó el libreto de 'El escritor', la mejor película de Polanski en los últimos años, 'El oficial y el espía' no se centra en Alfred Dreyfus, ese falso culpable que malvivió durante varios años prisionero en la Isla del Diablo, en la Guayana francesa. Si no en una figura mucho menos conocida, Marie-Georges Picquart, el coronel que, convencido primero de la culpabilidad de Dreyfus, siguió sin embargo investigando su caso para acabar demostrando su inocencia.

Así se lleva a cabo un giro crucial en el punto de vista. La historia no se nos explica desde la experiencia de la víctima inocente, Dreyfus, que sobrevive a pesar de todo a una conjura del odio y a la deshumanización, perspectiva que Polanski ya había adoptado en filmes como 'El pianista', y que en cierta manera también se puede rastrear en algunas de sus películas anteriores, en que, desde unos contextos menos vinculados a las realidades históricas y más surgidos de las percepciones paranoicas (o no), transmitía igualmente la vivencia subjetiva de quien se siente perseguido y hostigado injustamente por su prójimo. Aquí, en cambio, seguimos el caso desde la visión de Picquart, el detective improvisado que acaba enfrentándose a un sistema corrupto, un tipo de figura que había aparecido igualmente en 'thrillers' polanskianos como 'Chinatown' o 'Frenético'. Con la salvedad de que aquí Picquart no se perfila tanto a imagen de los antihéroes del 'noir' o de las películas de Hitchcock sino a la manera de los últimos filmes de Steven Spielberg o incluso de Clint Eastwood.

[Enlace a la crítica completa de Eulàlia Iglesias]

'Fortuna', de Germinal Roaux

Bruno Ganz estrena póstumamente 'Fortuna', seleccionada en la última Berlinale. (Elamedia)
Bruno Ganz estrena póstumamente 'Fortuna', seleccionada en la última Berlinale. (Elamedia)

Le pregunta Fortuna (Kidist Siyum) al padre Jean (Bruno Ganz) si a él Dios le escucha. "Porque a mí no; no me está ayudando", lamenta. Le resulta difícil creer en la existencia de un Dios todopoderoso y benévolo cuando la vida te ha tratado a patadas. Porque no es lo mismo creer en las bondades del Altísimo desde la comodidad de un sofá Starck que desde el tablón húmedo de una patera. Aun así, la joven refugiada etíope no vacía la boca de avemarías y plegarias. Tiene 14 años y ya ha vivido mucho más que cualquiera de los curas que la aconsejan y le dan cobijo en el centro de acogida suizo en el que, de momento —allí nadie se queda mucho tiempo—, vive. "Sabes que estoy sola en un país que no conozco, con un idioma que no hablo y en una vida que no comprendo", le reza a la Virgen.

En su segundo largometraje como director y guionista, el suizo Germinal Roaux, apunta a la hostilidad a la que tiene que hacer frente su protagonista, Fortuna —de allí el título—, que por su condición de menor, de mujer y de refugiada es la víctima más vulnerable de un sistema —y una sociedad— que no suele tener misericordia con los débiles. Fortuna está expuesta a abusos de los que ni siquiera es consciente y, desde luego, a tratos que un país civilizado no aceptaría para con sus propios ciudadanos, y menos si estos fueran niños como ella.

Al igual que en su anterior película, 'Left Foot Right Foot' (2013), Roaux ha optado por la imagen en blanco y negro. Y, en esta ocasión, también por el ratio de aspecto cuatro tercios, el formato cuadrado habitual en el cine clásico. Una propuesta que recuerda mucho, quizá demasiado, a la del cine del polaco Pawel Pawlikowski en 'Ida' (2013) o 'Cold War' (2018). Y aunque los encuadres en el caso del suizo son más simétricos, en algunos planos recurre también a la descompensación y a la fragmentación desequilibrada del espacio, lo que hace la semblanza mucho más obvia.

[Enlace a la crítica completa de Marta Medina]

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