ESTRENOS DE CINE

'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho ahora'... para merecer otra comedia francesa así?

El paradigma de comedia familiar cuñada en torno a los estereotipos culturales regresa aún más henchida de chovinismo y racismo banal

Foto: Christian Clavier y Chantal Lauby vuelven a la comedia costumbrista. (A Contracorriente)
Christian Clavier y Chantal Lauby vuelven a la comedia costumbrista. (A Contracorriente)

“Sobre todo, sé políticamente correcto”, insta Marie Verneuil (Chantal Lauby) a su marido Claude (Christian Clavier) antes de la comida que han organizado con sus cuatro hijas y sus respectivos maridos para que el matrimonio pueda explicarles su viaje por los respectivos países de origen de sus yernos, de Costa de Marfil a China pasando por Argelia e Israel. Conocimos a los Verneuil en la anterior 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho' (2014), ese fenómeno de taquilla en Francia que explotaba los prejuicios culturales a partir de esta pareja que ve cómo sus cuatro hijas se casan cada una de ellas con un hombre de origen diferente.

Los Verneuil, sobre todo el patriarca, no solo ya han aceptado que sus yernos no tengan ni un solo apellido francés. Incluso han decidido al inicio de esta secuela ir a conocer las raíces de los cuatro. El director y coguionista Philippe de Chauveron, que repite como responsable de todo ello, nos ahorra el seguimiento de las aventuras de sus protagonistas por medio planeta. Pero Claude, fiel a su privilegio de padre veterano y gruñón, acaba soltando sus impresiones respecto a las diferentes culturas ante sus hijos políticos. En el fondo, una colección de tópicos superficiales y previsibles con los que se puede identificar cualquier turista sin demasiado ánimo de profundizar en los destinos que visita. La versión francesa del “nada como una buena tortilla de patatas”.

Los protagonistas de la secuela de una de las comedias francesas más exitosas. (Acontracorriente)
Los protagonistas de la secuela de una de las comedias francesas más exitosas. (Acontracorriente)

Porque poco hay de políticamente incorrecto en esta comedia francesa que aborda la 'tolerancia' a una multiculturalidad epidérmica en su país a través de esta familia de padres conservadores, católicos, gaullistas y franceses 'de toda la vida' cuyas hijas han optado todas por un matrimonio mixto. De hecho, y como ya llevaba a cabo en la película anterior, De Chauveron evita a toda costa cualquier situación de conflicto, cuestionamiento o subversión respecto de la hegemonía cultural francesa, al tiempo que banaliza a través de un humor pueril el racismo cotidiano de los personajes, sobre todo el de Claude. Como muestra, la violenta agresión del protagonista al refugiado afgano, en una escena que no confronta los prejuicios del protagonista sino que los minimiza. Políticamente incorrecto sería plantear la situación al revés, dándole la vuelta al desequilibrio de poderes: el francés de toda la vida atacado por un inmigrante que ve en él un peligro potencial, y todos a reírnos con la hostia.

El filme redunda en su condición de comedia familiar rancia y reaccionaria que lleva a cabo una apología de los roles de género tradicionales

Pero a los patriarcas hay que mimarlos, para algo 'Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho... ahora?' redunda también en su condición de comedia familiar rancia y reaccionaria que lleva a cabo una apología de los roles de género tradicionales, de manera que las mujeres siempre quedan en segundo plano, mientras que son los hombres quienes lideran la narración, toman las decisiones y protagonizan los conflictos. Para más inri, el filme no puede evitar una subtrama que es puro 'pinkwashing' para disfrazar el sentimiento de superioridad francés respecto a los otros países.

Las cuatro hijas de los protagonistas. (Acontracorriente)
Las cuatro hijas de los protagonistas. (Acontracorriente)

Con el objetivo de volver a enfrentar como en la primera película a los dos padres gruñones, Claude y su consuegro André Koffi (Pascal Nzonzi), la película desvela que Viviane (Tatiana Rojo), la hija de André y Madeleine (Salimata Kamate) que todavía vive en Costa de Marfil junto a sus padres, es lesbiana. Pero no puede casarse con su novia en su país, por lo que deberá viajar también a Francia para beneficiarse de la ley de matrimonio igualitario, que por cierto no se aprobó hasta 2013. Y de paso superar la homofobia de su padre André, que Claude (simpatizante confeso de un partido que se manifestó contra la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo) contempla con hipócrita suficiencia.

En esta segunda parte, por tanto, el chovinismo se hace todavía más explícito

En esta segunda parte, por tanto, el chovinismo se hace todavía más explícito y se integra incluso en la trama. Los cuatro yernos, David (Ary Abittan), Rachid (Medi Sadoun), Chao (Frédéric Chau) y Charles (Noom Diawara), empiezan a cansarse de Francia, que también tiene sus defectos. Ya no se sienten cómodos en la Republique, dicen sufrir el racismo de la sociedad francesa (aunque la película se guarda bien de confirmar tales suspicacias) y planean regresar a sus respectivas tierras. Para mantener a la familia unida, los Verneuil idean un plan a fin de convencer a los cuatro hombres de las bondades de su país de acogida y de las posibilidades de llevar allí una vida plena.

Cartel de 'Dios mío...'.
Cartel de 'Dios mío...'.

Así que con triquiñuelas y un puñado de euros, se las ingenian para llevarlos de ruta por la Francia 'de provincias', con sus majestuosos castillos, sus ofertas de empleo que no se pueden rechazar, sus propuestas culturales inclusivas y su gusto por cuidar los buenos productos de la tierra y a sus trabajadores. Así que la segunda parte del filme se despliega como un mero panfleto de las virtudes de Francia y del matrimonio Verneuil en forma de pequeño engaño vodevilesco. Pero con un fin claro y meridiano: que David, Rachid, Chao y Charles acaben gritando '¡vive la France!'. Más políticamente correctos, imposible.

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