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'Estafadoras de Wall Street': cuando la exuberante Jennifer Lopez no es suficiente

La película dramatiza las medidas drásticas que un grupo de 'strippers' tomó para salvarse de la crisis financiera de 2008

Foto: 'Estafadoras de Wall Street'.
'Estafadoras de Wall Street'.

'Estafadoras de Wall Street' se parece a 'Uno de los nuestros'. De hecho, se parece tanto en tantos aspectos que la similitud no puede ser accidental: ambas películas están vehiculadas por una narración en 'off' que explica cómo un personaje pasó de no tener nada a comerse el mundo y en el proceso perdió la humanidad, ambas nos introducen en sus respectivos mundos a través de ostentosos planos-secuencia, y ambas hacen un uso generoso de los montajes musicales para hacer avanzar la narración. Y que conste, inspirarse en la obra maestra de Martin Scorsese no tiene nada de malo; montones de ficciones lo han hecho a lo largo de tres décadas, entre ellas, alguna firmada por el propio Scorsese. Dicho esto, 'Estafadoras de Wall Sreet' no es 'Uno de los nuestros'.

Escrita y dirigida por Lorene Scafaria, la película dramatiza las medidas drásticas que un grupo de 'strippers' tomó para salvarse de la crisis financiera de 2008. Para ello, se basa en un artículo publicado en la 'New York Magazine' en 2015 que las perfiló como una versión actualizada de Robin Hood; después de todo, aquellas mujeres se habían dedicado a robar a quienes previamente habían robado al mundo entero pero no habían pagado por ello —la diferencia es que, en lugar de redistribuir la riqueza entre los pobres, se la quedaban—. ¿Su método? Se citaban con hombres casi siempre vinculados con el mundo financiero, los arrastraban a alguno de los clubes con los que trabajaban y allí los drogaban para hacerles gastar miles de dólares. Sabían que, a la mañana siguiente, aquellos tipos estarían demasiado avergonzados como para denunciar el crimen. Mientras recrea esos sucesos, 'Estafadoras de Wall Sreet' trata de decir algo tanto sobre nuestra cruel sociedad capitalista como sobre la sororidad y el empoderamiento femeninos, aunque no parece saber exactamente qué.

La gran baza de la película, de entrada, es su absorbente retrato de las relaciones entre mujeres, y de cómo mutan, se retuercen y voltean. A medida que el relato avanza, por ejemplo, Ramona (Jennifer Lopez) ejerce de mejor amiga de Destiny (Constance Wu) pero también de su peor enemiga, y de su hermana, y su confidente, y hasta su figura materna, y a menudo es todas esas cosas a la vez. Ramona es una presencia tan cálida y tierna como despiadada e impredecible y, mientras captura esas contradicciones, Lopez combina su intenso carisma y su exuberante físico —por momentos, la película funciona como excusa para mostrarnos qué buen cuerpo tiene la actriz a sus 50 años y qué bien lo menea— para ofrecer una interpretación que transita la línea que separa el realismo de la farsa. Es, quizá, la mejor de su carrera.

La película en todo momento deja claro que está de parte de sus protagonistas; insiste en retratarlas como amigas leales y madres devotas, y en mostrarlas a gusto con sus cuerpos y sus elecciones vitales. Asimismo, no cabe mucha duda de que el objetivo de Scafaria es retratar lo lejos que esas mujeres están dispuestas a llegar para sobrevivir, y demostrar que sus actos fueron un acto de rebelión inevitable y hasta legítimo contra una situación de subordinación que las obligaba a recoger billetes de un dólar del suelo. El problema es que, para poder mantener esa apariencia reivindicativa, la directora soslaya cualquier exploración verdadera de los motivos de sus personajes o de las consecuencias de sus actos. Pese a que los crímenes que aquí se retratan no son exactamente inocuos, la película evita afrontar en serio cuestiones éticas, y para ello recurre a tácticas algo toscas; la mayoría de hombres que aparecen en la película, por ejemplo, son idiotas insulsos.

La directora soslaya cualquier exploración verdadera de los motivos de sus personajes o de las consecuencias de sus actos

Y eso en todo caso sería aceptable si 'Estafadoras de Wall Street' mostrara cierta pasión a la hora de defender sus convicciones, pero no es el caso. En sus protagonistas, no se detecta interés real en las luchas de clase o de género; utilizan el dinero que obtienen ilegalmente sobre todo para comprarse coches de lujo, viajes y bolsos de Gucci y vestidos de Chanel —quizá por eso, resulta imposible empatizar siquiera con uno solo de los personajes—. Cuando, al final de la película, Ramona afirma que "toda esta ciudad, todo este país, es un gran club de 'striptease", traza una metáfora que los 100 minutos de película previos de metraje no se ocupan de respaldar en tanto que no muestran curiosidad real por las transacciones morales, económicas y eróticas que hacen funcionar el negocio.

Cartel de 'Estafadoras de Wall Street'.
Cartel de 'Estafadoras de Wall Street'.

Sí, 'Estafadoras de Wall Street' proyecta una mirada femenina a un mundo que el cine casi siempre ha contemplado a través de lujuriosos ojos de hombre, y, sí, la historia que cuenta hace que los explotadores se conviertan en explotados, y que el habitualmente considerado sexo fuerte se sienta débil y humillado. Pero en última instancia, sus mujeres protagonistas no utilizan el atractivo de su físico para sobrevivir o como bandera de una causa, sino para comprarse bolsos. Al final, su periplo es tan feminista como un selfi de Kim Kardashian.

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