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'El hoyo': buena ciencia ficción distópica a la española

La película fantástica española de la temporada recurre al género de la ciencia ficción carcelaria para reflexionar sobre las estrategias de resistencia en contextos distópicos

Foto: 'El hoyo'.
'El hoyo'.

Ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia, 'El hoyo' fue la gran ganadora de la pasada edición del Festival de Sitges, donde consiguió el premio a la mejor película, a los mejores efectos especiales, el del público y el Citizen Kane al director revelación que entrega el Jurado de la Crítica. Desde 'Justino, un asesino de la tercera edad' (1994), ninguna película española había ganado en este certamen, que por otro lado siempre se ha significado por su apoyo a los cineastas afiliados al cine de género en España. El triunfo de 'El hoyo' en Sitges llegaba después del estreno mundial del filme en el Festival de Toronto, ahora mismo una de las principales puertas de entrada al mercado cinematográfico internacional, donde el filme también recibió el galardón que otorga la audiencia en su correspondiente sección, Midnight Madness.

Este reconocimiento en festivales internacionales saluda la ambición creativa de una película a medio camino entre 'High-Rise' (2015), la adaptación que llevó a cabo Ben Wheatley de la novela homónima de J. G. Ballard en torno a un rascacielos concebido como proyecto utópico que se convierte en su reverso infernal al reproducir de manera estratificada la jerarquía de clases, y 'Cube' (1997), ese filme de culto de Vincenzo Natali que trasladaba el absurdo existencial de cualquier encierro a un espacio claustrofóbico de cubos concatenados repletos de trampas mortales. Todo ello llevado a cabo con muchísimo menos presupuesto, lo que permite celebrar lo convincente del diseño de un espacio de trazado tan austero como imposible.

Como los filmes antes citados y tantos otros, 'El hoyo' se plantea, desde el guion de David Desola y Pedro Rivero, a partir de imaginar un universo alternativo encapsulado en un entorno muy concreto que dispone de sus propias reglas de funcionamiento. En este caso, una suerte de cárcel vertical en que las celdas se suceden una debajo de otra, atravesadas por este hoyo central por donde se mueve la plataforma que transporta la comida a las personas allí encerradas. La forma de control y por tanto de tortura de los prisioneros, un par por nivel, se configura a partir de dos premisas. La entrega diaria de comida no está racionada, de forma que nada garantiza que lleguen provisiones a las celdas inferiores si quienes residen en estratos superiores deciden comer más de lo necesario (aunque no pueden acumular avituallamientos). Y cada mes se asigna aleatoriamente a los residentes un nuevo nivel, por lo que es probable que cualquier persona acabe experimentando tanto los privilegios de los pisos superiores como los sufrimientos de los inferiores.

Estas normas las aprende sobre la marcha el protagonista, Goreng, a quien da vida Iván Massagué, un actor popular sobre todo por sus trabajos en televisión, que ya se merecía un papel protagonista como este que le permita demostrar su talento. Goreng ha solicitado su encierro en el hoyo para dejar de fumar (!). El objeto que ha escogido para acompañarlo en este tránsito es un libro, el 'Quijote'. Su elección invita a trazar un primer perfil sobre su personalidad, que se irá redefiniendo a través de los intercambios con sus compañeros de celda y de la experiencia de (sobre)vivir en el hoyo.

Estas distopías de localización única corren el peligro de acabar limitadas por el corto alcance de la evidente alegoría que dibujan

Las películas de este tipo, distopías que se concentran en una localización única, corren el peligro de acabar limitadas por el corto alcance de la evidente alegoría que dibujan. Y que sus personajes acaben reducidos a meras encarnaciones de tipos sociológicos que ilustran la visión más o menos pesimista de los autores respecto a la deriva de la humanidad que quieren mostrar, aquí ligada al reparto desigual de la riqueza y al egoísmo fruto de una lucha individual por la supervivencia. Los personajes de 'El hoyo' se debaten a lo largo del filme por disponer de una vida propia más allá de su lectura metafórica. Goreng representa a un ciudadano medio con cierta responsabilidad moral, el protagonista con quien se identifican los espectadores. Su primer compañero, Trimagasi (Zorion Egileor), en cambio, da vida al veterano cínico al que solo le importa salir de allí, mientras que Imoguiri (Antonia San Juan) encarna a la mujer que sigue confiando en la bondad del sistema.

Cartel de 'El hoyo'.
Cartel de 'El hoyo'.

Los guionistas intentan dotar de entidad a cada uno de los personajes a través de sus propias narraciones y de latiguillos verbales que les imprimen carácter. La aparición de un supuesto gurú en la historia también les permite introducir cierta ironía respecto a la pulsión alegórica que cobra cualquier objeto, personaje o situación en una película de este tipo. “La panacota es el mensaje” se convierte en el inesperado grito de guerra de la segunda parte del filme, cuando la película aparca su planteamiento de enésima fábula moral sobre la degradación humana y vuelve a coger fuelle como filme sobre las dificultades pero también las posibles estrategias prácticas para revertir las mecánicas de la opresión.

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