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'Terminator: destino oscuro': es hora de terminar la saga de una vez

Un filme que parece contentarse con ofrecer una sucesión de secuencias de acción; el problema es que casi ninguna de ellas tiene nada de especial

Foto: 'Terminator: destino oscuro'.
'Terminator: destino oscuro'.

“Está en vuestra naturaleza destruiros”, sentenció acerca de la condición humana el cíborg T-800 que Arnold Schwarzenegger encarnaba en 'Terminator 2: el juicio final' (1991), y podríamos decir algo parecido acerca de la saga a la que esa película pertenece. Tras el éxito planetario de 'Terminator' (1984) y de la citada 'T2', sus episodios posteriores —cada uno peor que el anterior— fueron cayendo sucesivamente en lo derivativo, lo banal y hasta lo autoparódico. Y por ese motivo no es extraño que, ahora, esta sexta entrega trate de situarse como secuela directa de aquel par de obras visionarias firmadas por James Cameron y, por tanto, pretenda que sus tres predecesoras más inmediatas nunca existieron. Pero el caso es que sí existieron y, de hecho, 'Destino oscuro' establece conexiones —fortuitas pero, dada la tendencia al reciclaje intrínseca de esta saga, inevitables— con cada una de ellas.

En todo caso, su mayor fuente de inspiración argumental son las dos primeras películas: la trama incluye un robot villano completamente carente de personalidad e imposible de matar que persigue a todo el mundo, viajeros a través del tiempo que proceden de un futuro apocalíptico en el que los hombres están en guerra con las máquinas, y una serie de monólogos más bien imprecisos sobre la predestinación y la insensatez del hombre. Y, por supuesto, también incluye tiroteos y explosiones que salpimentan la lucha de los humanos por sobrevivir a su robótica némesis.

Cameron está de regreso en la saga por primera vez desde 'T2', aunque no como director —en los créditos, figura como productor y coguionista—; también Linda Hamilton, que nunca debió haber sido apartada de la serie. La actriz retrató a Sarah Connor como una víctima indefensa y atormentada en la primera película y como un ángel vengador en la segunda. Y en 'Destino oscuro', 28 años después, es una mujer solitaria cuya vida ha estado definida exclusivamente por la guerra y la violencia. Dada la entrega de la que Hamilton hace gala en su piel, es una lástima que el director Tim Miller no se tome la molestia de dotar a Connor de sustancia psicológica, y que sus intentos de convertirlas en símbolos de sororidad y empoderamiento a ella y a sus dos principales compañeras de reparto —la adolescente a la que debe proteger (Natalia Reyes) y el cíborg que la ayudará a lograrlo (Mackenzie Davis)— carecen por completo de convicción.

Tampoco explora temas sobre el papel propicios, como la raza, la dudosa lógica de los viajes en el tiempo o las consecuencias de todo tipo que la transformación de los humanos en cíborgs supone. Y pese a que en el relato hay alusiones a la frontera entre Estados Unidos y México o al rastreo de teléfonos, no se detecta interés en recontextualizar la batalla entre el hombre y la máquina para dotarla de urgencia contemporánea.

No se detecta interés en recontextualizar la batalla entre el hombre y la máquina para dotarla de urgencia contemporánea

En realidad, todo lo que 'Destino oscuro' parece contentarse con ofrecer es una sucesión de secuencias de acción; el problema es que casi ninguna de ellas tiene nada de especial, y que el exceso de retoques digitales hace que varios de esos momentos parezcan sacados de una cinta de animación. La película de 1984, que se rodó con cuatro duros, culminaba con una escena en la que un exoesqueleto de cromo persigue a Sarah por una fábrica; aunque vista hoy es indudablemente rudimentaria, resulta mucho más excitante que cualquiera de las virguerías digitales de la nueva película.

De hecho, 'Destino oscuro' no ofrece nada que alguna de las entregas previas de la saga no hiciera ya mejor en el pasado ni aporta más que innovaciones puramente cosméticas. Es cierto que tanto 'Terminator: Salvation' (2009) como 'Terminator génesis' (2015) son películas mucho peores que esta, pero al menos una de ellas transcurría en un escenario futurista y la otra usó el concepto de los viajes en el tiempo para hacer tantos requiebros narrativos que abrazó la abstracción; ambas, dicho de otro modo, intentaron hacer algo distinto. 'Destino oscuro', en cambio, se contenta con ser una réplica menor de 'Terminator' y 'T2', aunque carente de atmósfera y de relaciones interpersonales conmovedoras.

Cartel de 'Terminator: destino oscuro'.
Cartel de 'Terminator: destino oscuro'.

Al final, la presencia más memorable en la película es la de Arnold Schwarzenegger, que dota a su T-800 de una irresistible mezcla de humor, vulnerabilidad y autoconsciencia, y cuya presencia aporta el tipo de ligereza que el resto de la película intenta pero no logra transmitir. Sus escenas con Hamilton, además, transmiten una química derivada no de los insípidos diálogos que Miller pone en sus bocas sino de la conexión que tanto ellos como nosotros recordamos que tuvieron durante los momentos álgidos de la saga. Y nos recuerdan que, pese a que 'Destino oscuro' puntualmente evoca lo que hizo de esta saga algo realmente especial, esos momentos nunca volverán. Es hora de dar 'Terminator' por terminada.

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