ESTRENOS DE CINE

'Los años más bellos de una vida': qué faena es el paso del tiempo

En 1966, Claude Lelouche rodó 'Un hombre y una mujer', el drama romántico protagonizado por Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée. Ahora, 53 años después, los tres vuelven a juntarse

Foto: Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée, en 'Los años más bellos de una vida'. (Caramel)
Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée, en 'Los años más bellos de una vida'. (Caramel)

En 1966, Claude Lelouche rodó 'Un hombre y una mujer', el drama romántico protagonizado por Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée con el que el cineasta francés ganó la Palma de Oro en Cannes y los Oscar a mejor guion y mejor película extranjera. Veinte años después, el director y los actores volvieron a reunirse para recuperar la historia de amor de aquellos mismos personajes, Jean-Louis Duroc, un piloto de carreras viudo y con un hijo, y Anne Gauthier, una 'script' reconvertida en directora de cine viuda y con una hija. Sin embargo, la secuela tuvo una mala acogida por parte de la crítica; tanto, que en este nuevo reencuentro, 33 años después, hasta el propio Lelouch ha decidido obviar la secuela bajo la premisa de que Jean-Louis y Anne no se han vuelto a ver en más de 50 años, como insisten los personajes una y otra vez.

'Los años más bellos de una vida' es la definición indiscutible de cine crepuscular. Primero, porque vemos a dos actores fundamentales de la historia del cine —especialmente Trintignant— en la que probablemente será su última aparición en pantalla. Segundo, porque la narrativa de Lelouch, apoyada en exceso en el plano-contraplano, resulta estática y sin ambición, incluso tosca. Los colores, la luz, las texturas resultan pasados de moda, caducos. Y, si bien la propuesta visual apoya el fondo de la película, se siente vulgar. Y tercero, porque resulta inevitable proyectarse en el efecto que el tiempo ha tenido en dos actores tan carismáticos como Trintignant y Aimée, y en dos amantes tan intensos como Jean-Louis y Anne.

Monica Belucci es Elena en 'Los años más bellos de una vida'. (Caramel)
Monica Belucci es Elena en 'Los años más bellos de una vida'. (Caramel)

Él, un 'sex-symbol' amante del riesgo y de las mujeres, languidece ahora enjuto y decrépito en una residencia de ancianos y convive con un alzhéimer que solo le permite recordar la imagen de las mujeres que ha querido, particularmente la de Anne. Ella, con quien el paso del tiempo ha sido bastante más benévolo, vive beatíficamente con su hija y su nieta en un pueblo. Consciente del deterioro de su padre, el hijo de él la busca para que al menos se encuentren una última vez. A partir de aquí, Lelouch y sus protagonistas dialogan con el pasado con un encadenado de conversaciones existencialistas, ensoñaciones y también metraje recuperado de 'Un hombre y una mujer'.

Lelouch y sus protagonistas dialogan con el pasado a través de conversaciones, ensoñaciones y también metraje de 'Un hombre y una mujer'

La decadencia es aplastante, pero también lo es el ejercicio interpretativo de los dos protagonistas, que consiguen transmitir una complicidad profunda y conmovedora. Entre la resignación y el anhelo, la pareja hace un ejercicio de memoria y a través de los recuerdos y percepciones de cada uno de ellos el espectador reconstruye la historia de amor que fue, pero también la que no pudo ser.

"Se puede perder la memoria, pero no la mirada de alguien", avisa Jean-Louis. Los dos ancianos intentan reconocer a la persona amada en los gestos del otro y así reconocerse a sí mismos. Él sigue siendo seductor y mujeriego: Monica Bellucci interpreta a Elena, la hija ilegítima que tuvo con una de sus múltiples amantes. Y, a pesar de la demencia, se arrepiente de "no haber estado a la altura". Ella persiste en su abnegación con un hombre que le marcó la vida. Y juntos intentan aportarse, en un momento vital del que no se espera nada salvo la muerte, una alegría inesperada.

Cartel de 'Los años más bellos de una vida'.
Cartel de 'Los años más bellos de una vida'.

Dijo Victor Hugo que "los años más bellos de una vida son los que todavía no se han vivido", pero la película es una refutación de su propia intención. Aunque Victor Hugo llevase razón, la nostalgia pesa aquí más que la esperanza. A pesar de que Lelouch intenta añadir humor e ilusión al nuevo romance de los protagonistas, es difícil competir con la viveza de las imágenes en blanco y negro de dos jóvenes conduciéndose por la vida a toda velocidad. Porque el amor, en el cine francés y en la vida, es un velocímetro a punto de estallar.

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