ESTRENOS DE CINE

'Historias de miedo para contar en la oscuridad': terror para caguetas

André Øvredal ('La autopsia de Jane Doe') adapta al cine algunos de los relatos 'pulp' de Alvin Schwartz en una producción de Guillermo del Toro

Foto: Zoe Colletti, Gabriel Rush, Michael Garza y Austin Zajur, en 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)
Zoe Colletti, Gabriel Rush, Michael Garza y Austin Zajur, en 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)

En un nuevo ataque de nostalgia, Hollywood ha resucitado aquella moda pre-internet en la que los adolescentes echaban horas leyendo pequeñas novelas 'pulp' de terror juvenil, historias de miedo para todos los públicos protagonizadas por jóvenes y seres fantásticos o paranormales. En las estanterías de cualquier niño noventero es difícil no encontrar algún libro de R. L. Stine, que ha construido su fortuna nada desdeñable a base de los monstruos del pantano, muertos vivientes y perros poseídos de su serie 'Pesadillas'. Stine solo recicló la fórmula que una década antes había utilizado Alvin Schwartz con sus 'Historias de miedo para contar en la oscuridad' y que hasta Hitchcock explotó con sus antologías de 'Relatos que me asustaron', en las que se mezclan el terror y el folclore en dosis estratégicamente controladas.

Guillermo del Toro, nostálgico donde los haya, produce la adaptación al cine de la serie de Schwartz dirigida por el noruego André Øvredal, que con 'Trollhunter' y 'La autopsia de Jane Doe' se ha hecho un nombre reconocido dentro del fantástico. Sin embargo, en 'Historias de miedo para contar en la oscuridad', Øvredal no consigue imprimir la frescura y la originalidad de las anteriores, en las que jugaba a subvertir los clichés del género. Aquí el director se circunscribe a los tópicos del terror adolescente —mansiones encantadas, libros malditos, fantasmas iracundos— y los reutiliza de manera convencional y previsible. Para algunos será fidelidad, para otros, desidia.

Austin Zajur y un monstruo en 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)
Austin Zajur y un monstruo en 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)

1968. Mill Valley, Pensilvania. Noche de Halloween. Un grupo de jóvenes inadaptados —una chica abandonada por su madre, un niño enmadrado y el bufón del instituto— salen a buscar caramelos y, de paso, a vengarse del gallito de la clase —que, ¡cómo no!, viste una beisbolera—. El encontronazo acaba con el grupo allanando una mansión antigua abandonada a la que la leyenda urbana sitúa como escenario de varios asesinatos y desapariciones. Rebuscando entre las estanterías polvorientas, los chicos encuentran un cuaderno de cuentos escritos por la hija de la familia propietaria, la principal sospechosa de los crímenes. Y las historias que aparecen escritas en el libro se acaban convirtiendo en realidad.

Las historias que aparecen escritas en el libro se acaban convirtiendo en realidad

A partir de esta premisa, Øvredal reflexiona sobre el poder del relato a través de una única historia fragmentada para dar protagonismo a cada uno de los personajes. Una idea inteligente para eludir una estructura episódica y otorgar más dinamismo a la narración, pero que queda lastrada por un terror excesivamente pueril y acomodaticio, que refríe lugares comunes y desenlaces previsibles. Sin hablar del diseño de los monstruos, que en alguna ocasión provoca más pasmo y risa que canguelo.

Otra escena de 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)
Otra escena de 'Historias de miedo para contar en la oscuridad'. (eOne)

El guion intenta aportar algo de profundidad y contexto a los segmentos —que podrían ocurrir en cualquier lugar y cualquier tiempo sin verse excesivamente alterados— con el trasfondo sociopolítico de la Guerra de Vietnam, de la inmigración y el racismo y cierta crítica a la clase dominante a través del retrato de la familia dueña de la casa y propietaria de la principal fábrica del pueblo en el siglo anterior.

Cartel de 'Historias de miedo...'.
Cartel de 'Historias de miedo...'.

La película no puede renegar de la influencia de 'It', de Stephen King, o de haber aprovechado el tirón de 'Stranger Things', aunque su planteamiento es más cercano al cine familiar que al suspense o al terror de sustos momentáneos. Es más, en pocas ocasiones 'Historias para contar en la oscuridad' consigue provocar el más leve temor en el espectador, uno cuyo umbral de pánico está mucho más curtido que el de cualquier adolescente de los ochenta o los noventa. La película acaba siendo más una magdalena de Proust que un filme de terror que suscite el mínimo grito.

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