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'An Elephant Sitting Still': la película más triste jamás rodada en China

Esta monumental película china, marcada por la muerte prematura de su director, es un poderoso drama humano con el paisaje de devastación moral del país como telón de fondo

Foto: Una imagen de 'An Elephant Sitting Still'. (Capricci)
Una imagen de 'An Elephant Sitting Still'. (Capricci)

En el pasado Festival de Cine de Berlín, 'An Elephant Sitting Still' se recibió entre la expectación y el abatimiento. Poco antes del estreno mundial de la película en la capital alemana, su joven y debutante director se suicidó. Hu Bo se encontraba entre las promesas seguras de la nueva hornada de cineastas chinos, un grupo de jóvenes formados en la Escuela de Cine de Pekín que suponen el relevo de la llamada Sexta Generación, aquella que apareció justo en el cambio de siglo, con Jia Zhangke como nombre más representativo, y que aprovechó las facilidades de los nuevos dispositivos digitales para actualizar desde una perspectiva realista, crítica y generacional la mirada a las mutaciones en la China contemporánea y sus efectos en los ciudadanos.

Hu había realizado un par de cortos al acabar la carrera y llevó a cabo un taller de formación a cargo del director húngaro Béla Tarr, autor de referencia del cine mundial gracias a títulos como 'Satantango' o 'El caballo de Turín'. La influencia de Tarr es evidente en la obra póstuma de Hu, pero fue justo otro de los miembros de la Sexta Generación, Wang Xiaoshuai (su nueva película, 'So Long, My Son', que también se estrenó en la pasada Berlinale, llega a España el próximo septiembre), quien decidió apoyar su primer largometraje y se encargó, en primer término, de financiarlo. Sin embargo, Hu y su productor no se entendieron. En la carta que dejó tras quitarse la vida, el cineasta de 29 años se lamentaba, entre otras cosas, de que Wang había desbaratado su proceso creativo e intentó distribuir una versión mucho más corta de 'An Elephant Sitting Still', cuyo montaje definitivo, el deseado por su creador, dura en torno a las cuatro horas.

No es este (ni ningún otro) el espacio para dilucidar los motivos del suicidio de un persona. Pero la muerte de Hu Bo añade inevitablemente al menos un par de lecturas en torno a 'An Elephant Sitting Still'. La primera concierne a las dificultades para llevar a cabo una película en plena libertad en China. En un momento en que el gigante asiático se ha abierto al mercado global (de ahí las cifras de récord de 'Vengadores: Endgame') y su cine de autor brilla en festivales y salas de estreno (este año nos llega la mejor y más nutrida cosecha de cine chino desde hace tiempo), no faltan tampoco las noticias en torno a la censura que siguen ejerciendo las autoridades de ese país y que parece haberse recrudecido desde el pasado año, en que el control sobre la industria cinematográfica, ahora una prioridad del Gobierno, pasó a manos del Departamento de Propaganda del Partido Comunista. Como muestra, volvemos otra vez al pasado Festival de Berlín, donde dos títulos de esta cinematografía fueron retirados de la programación a última hora por unos eufemísticos “problemas técnicos”, 'Better Days', de Derek Tsang, y 'One Second', un filme sobre la Revolución Cultural dirigido ni más ni menos que por Zhang Yimou, el veterano autor de 'La linterna roja' y 'La casa de las dagas voladoras', y probablemente el hombre de cine más reconocido en su propio país.

Y la segunda lectura sintoniza con el tono descorazonador que preside todo el metraje de 'An Elephant Sitting Still'. A la manera de Jia Zhanke, Hu nos traslada a una pequeña ciudad de la China interior para ofrecer un duro retrato de las condiciones de vida en el país a través de las trayectorias cruzadas de cuatro personajes. El más veterano, Wang Jin (Liu Congxi), es un abuelo a quien su hija y su yerno quieren echar de su propia casa y meter en una residencia para así disfrutar ellos de más espacio. El joven Wei Bu (Peng Yuchang) está harto de que un compañero de clase lo acose y se enfrentará a él con trágicas consecuencias. Huang Ling (Wang Yuwen), la chica de quien está enamorado Bu, se lleva fatal con su madre y espera escaparse de ella gracias al profesor con quien mantiene un idilio. Mientras que Yu Cheng (Zhang Yu), el joven mafioso del lugar, provoca sin querer el suicidio de su mejor amigo.

El control sobre la industria cinematográfica, ahora una prioridad del gobierno, ha pasado a manos del Departamento de Propaganda del Partido Comunista

Los cuatro personajes entrecruzan sus caminos a lo largo de una jornada en la ciudad. Hu acompaña cada uno de sus recorridos desde unos planos secuencia que, cuando siguen desde atrás el avance firme de los personajes, conectan inevitablemente con el cine de Béla Tarr. El director resulta implacable en la panorámica que ofrece de China. Los protagonistas se mueven por un paisaje yermo y gris donde apenas hay lugar para la esperanza. Hu se muestra especialmente duro con la generación en la mediana edad, la de los hijos del anciano Jin y la de los padres y tutores de los jóvenes estudiantes, personajes incapaces de ofrecer el mínimo atisbo de afecto o esperanza, y al mismo tiempo responsables del estado de podredumbre de un sistema que cierra las escuelas, echa a los viejos de su casa y no ofrece un horizonte de futuro a los jóvenes, más allá de ese metafórico elefante del título, que permanece siempre sentado en el zoo de una ciudad cercana, y al que Wei Bu sueña con ir a ver.

Aunque suene contradictorio, 'An Elephant Sitting Still' no es una película que abandone toda esperanza. De hecho, resulta mucho más deprimente el corto también póstumo del mismo director, 'Man in the Well', estrenado en el pasado Festival de Locarno, que se adentra a través de un blanco y negro muy bruto, y con la excusa de una situación posapocalíptica, en un paisaje literal y emocionalmente ya totalmente devastado. Aquí los personajes se mueven en un contexto sin duda hostil y desalentador a través de una estructura que los presenta avanzando en espiral hacia el abismo de la desolación. Sin embargo, la progresiva congoja que provoca contemplar su estado proviene de que Hu todavía se agarra a encontrar en cada uno de ellos un atisbo de humanidad. El director no condena del todo a sus personajes, lo que subraya la inmensa belleza y emoción de la escena final, la que cierra la única y memorable película de este malogrado cineasta lleno de talento.

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