ESTRENOS DE CINE

'El día que vendrá': un triángulo amoroso ridículo en la Alemania después de Hitler

Es probable que aquella ocupación nunca antes se haya retratado con tanto desinterés como lo hace la película protagonizada por Alexander Skarsgård y Keira Knightley

Foto: Fotograma de 'El día que vendrá'. (Fox)
Fotograma de 'El día que vendrá'. (Fox)

El periodo de posguerra durante el que Alemania permaneció dividida por el bloque aliado en cuatro zonas, cada una de ellas controlada por un país distinto, ha inspirado a los más dispares cineastas —Roberto Rossellini lo rememoró en 'Alemania, año cero' (1948); Lars Von Trier, en 'Europa' (1991); Christian Petzold, en 'Phoenix' (2014)—, pero es probable que aquella ocupación nunca antes se haya retratado con tanto desinterés como lo hace 'El día que vendrá'. Esa actitud queda clara desde su primera escena, que recrea el bombardeo aliado de Hamburgo y en la que la cámara se sitúa tan lejos de las explosiones que las hace parecer fuegos artificiales, y esa tendencia a mirar para otro lado se intensifica a medida que el relato avanza.

De hecho, la película se limita a ofrecer una mirada de soslayo a los severos daños sufridos por la ciudad, a los continuos conflictos entre los soldados británicos y los leales a Hitler y a una población civil humillada, cuyas vidas eran sometidas a intenso escrutinio en busca de vínculos con los nazis y cuyas casas les eran requisadas. Todo eso queda eclipsado por los manidos mecanismos de una folletinesca historia de amor en tiempos de guerra, y por una subtrama protagonizada por un grupúsculo terrorista que parece extraída directamente de un 'thriller' de serie B.

Alexander Skarsgård, Jason Clarke y Keira Knightley en 'El día que vendrá'. (Fox)
Alexander Skarsgård, Jason Clarke y Keira Knightley en 'El día que vendrá'. (Fox)

En el centro del triángulo amoroso que vertebra la película se encuentra Rachael Morgan (Keira Knightley), esposa de un oficial británico llamado Lewis Morgan (Jason Clarke) y encargado de coordinar la administración y la reconstrucción de la ciudad. La pareja se ha apropiado de una hermosa casa propiedad del arquitecto viudo Stephen Lubert (Alexander Skarsgård) y sobre el papel podrían echarlos a la calle tanto a él como a su hija adolescente. En lugar de eso, el oficial les invita a permanecer en el ático de la propiedad, algo que Rachael acepta a regañadientes a pesar del odio que siente por los alemanes.

Poca es la química existente entre Skarsgård y Knightley

Los motivos de la mujer no tardan en ser revelados: los Morgan perdieron a su hijo durante un bombardeo nazi. Por su parte, Lubert y su hija también viven devastados por la pérdida, tras habérseles arrebatado tanto su esposa y madre, respectivamente, como su autonomía nacional. El director James Kent se esfuerza por dejar claro que ese dolor compartido es lo que en buena medida explica qué sucede después.

Jason Clarke en otro momento de 'El día que vendrá'. (Fox)
Jason Clarke en otro momento de 'El día que vendrá'. (Fox)

Para adivinar de qué se trata no hay más que echarle un vistazo al póster de la película, y eso no supondría necesariamente un problema de no ser porque, tal y como lo retrata Kent, el romance entre Rachael y Lubert ocurre exclusivamente por la necesidad de hacer justicia al póster; así de poca es la química existente entre ambos. Una noche, mientras discuten, él de repente le planta un beso a traición y así empieza su amorío, sin que los motivos de la evolución entre su hostilidad inicial y su febril escena de sexo —aparentemente diseñada en la sala de montaje con el fin de dejar claro que esos pechos y esas entrepiernas no corresponden a los actores sino a sus dobles de cuerpo— queden mínimamente claros. Rachael desprecia con todas sus fuerzas al arquitecto y hasta sospecha que el tipo fuera un nazi, pero cinco minutos después parece lista para dejar a su marido por él.

Knightley se muestra temblorosa, Skarsgård se limita a mirar con intensidad y a lucir estupendo embutido en sus jerséis de punto

El consiguiente enredo amoroso es retratado únicamente a través de los significantes más genéricos de pasión y abandono: Knightley se muestra temblorosa, Skarsgård se limita a mirar con intensidad y a lucir estupendo embutido en sus jerséis de punto. Clarke sale algo mejor parado, pero probablemente solo porque aparece en pantalla durante menos tiempo. El método usado por Kent para transmitir la tristeza de los personajes es fijarles la cámara sobre el rostro durante medio minuto, mientras lloran. Y, a pesar de su tosquedad dramática, esos momentos son prácticamente los únicos durante los que los personajes dan la sensación de ser gente de carne y hueso.

Cartel de 'El día que vendrá'
Cartel de 'El día que vendrá'

El resto del metraje de 'El día que vendrá' está tan lleno de conductas inverosímiles que resulta risible. En una escena, pasados 20 minutos de película, Rachael se muestra francamente sorprendida cuando descubre que la esposa de Lubert murió en el bombardeo, como si nunca hubiera considerado que una esposa de la que no hay ni rastro en una ciudad que acaba de ser destruida por las bombas pudiera haber fallecido. En otra, alguien dispara contra el automóvil de Lewis con un rifle desde un bosque, por la noche, y este se apea de inmediato para perseguir al asaltante a pesar de que nadie en su sano juicio haría algo así dada su clara situación de desventaja. Cuando los protagonistas de una película histórica se comportan de forma tan extraña y ridícula, lo único que logran es poner la Historia en entredicho.

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