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'Bienvenidos a Marwen': un melodramón plomizo con 'barbies' y G.I. Joes

Robert Zemeckis sigue experimentando con las posibilidades de la animación en un relato de superación protagonizado por los avatares de Steve Carell y Leslie Mann

Foto: Steve Carell y Merrit Weber, en 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)
Steve Carell y Merrit Weber, en 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)

La buena noticia: 'Bienvenidos a Marwen' es puro Zemeckis. La mala: es la versión más taciturna y plañidera de Zemeckis. En la última película del director —de la cuerda de Spielberg, no olvidemos— apenas quedan unas breves pinceladas de la socarronería y la originalidad de '¿Quién engañó a Roger Rabbit?' o 'Regreso al futuro'. Algún guiño explícito —un coche para viajar en el tiempo—, algo de comedia 'slapstick' desperdigada. El resto, todo es denso y lacrimógeno, como una virgen sufriente. Incluso Steve Carell, casi siempre certero, limita la mayor parte de su interpretación a autocompadecerse con un hilillo de voz temblorosa y a huir corriendo o a rastras de los sitios cuando se siente sobrepasado. Y el resultado es un personaje cuyo patetismo impide ver el bosque. O lo complica mucho.

Siempre a la vanguardia de la animación, Zemeckis no ceja en su empeño de, al contrario que en las películas de Marvel —donde la posproducción convierte los actores reales en marcianos—, encontrar la humanidad dentro de los efectos especiales. Y lo hace volviendo a recurrir a la técnica de captura de movimiento que ya utilizó en 'Polar Express' (2000) y 'Beowulf' (2004) y que, en realidad, constituye el aspecto más interesante de este dramón basado en hechos reales. El cineasta recupera la historia de Mark Hogancamp —que ya descubrió el documental de Jeff Malmberg 'Marwencol' (2010)—, un hombre que, después de un suceso traumático —que la película desvela mediante 'flashbacks' a cámara lenta más propios de cualquier recreación de la versión australiana de 'Crímenes imperfectos'—, se encierra en sí mismo y en su proyecto de construir la maqueta de un pueblo ficticio belga de la Segunda Guerra Mundial, llamado Marwen. Marwen es, además, el escenario que utiliza Hogancamp para tomar sus particulares fotografías protagonizadas por muñecos estilo Barbie y G.I. Joe, que lo han convertido en una celebridad en su región.

Los protagonistas animados de 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)
Los protagonistas animados de 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)

'Bienvenidos a Marwen' acierta empujando al espectador directamente a la ficción de Hogancamp (Carell). La acción comienza en el campo de batalla recreado por ordenador en el que los avatares de los vecinos del protagonista, en su mayoría mujeres, luchan en Marwen contra una invasión alemana. Y en estas escenas de acción animada, en las que se suceden explosiones y disparos de Luger, es donde más cómodo se desenvuelve el director. Como si de un juego de plataformas analógico se tratara, el avatar de Hogancamp y su cohorte de guerrilleras se enfrentan una y otra vez a un grupo de cinco nazis incansables.

Para David Foster Wallace, la ficción era una de las pocas experiencias para enfrentarse a la soledad y, a la vez, mitigarla

Hogancamp utiliza su pequeño universo de muñecos para evadirse de su trauma, pero también para imaginar narrativas alternativas en las que los buenos —él y sus vecinas— consiguen derrotar a los malos una y otra vez. Además, en las tramas que imagina, él es un hombre amado, deseado, respetado, valiente, resolutivo. Lo opuesto a la vida real. En una entrevista para la revista 'Elle' en 1996, David Foster Wallace confesó —una vez más— cómo la imaginación le ayudaba a sobrellevar la soledad y los demonios internos. "La ficción es una de las pocas experiencias a través de las que uno puede enfrentarse a la soledad y a la vez mitigarla. Las drogas, las películas de explosiones, las fiestas ruidosas, todas ellas ahuyentan mi soledad haciéndome olvidar que me llamo Dave y que vivo en una caja de huesos de uno por uno que ninguna fiesta puede atravesar ni conocer. La ficción, la poesía, la música, el sexo serio y profundo de verdad y, de alguna forma, la religión son lugares para mí en los que puedo soportar, intimidar, transfigurar y tratar la soledad".

Leslie Mann y Steve Carell, en otro momento de la película. (Universal)
Leslie Mann y Steve Carell, en otro momento de la película. (Universal)

El cine de Zemeckis —y él mismo, si atendemos al trasvase obra-autor— ha vuelto una y otra vez sobre esta idea a lo largo de 40 años de carrera: la creación como, si no salvación, paliativo de la soledad y el dolor, que casi siempre vienen de la mano. En 'Náufrago' (2000), el personaje de Chuck Noland, interpretado por Tom Hanks, solo puede subsistir a la más absoluta de las soledades construyéndose una narrativa paralela, insuflando vida y humanizando a un balón de voleibol. En la saga de 'Regreso al futuro', ese cambio de narrativa se hace explícito en las diferentes líneas temporales a las que viajan Doc y Marty y en las que su capacidad de creación determina sus probabilidades de supervivencia.

Hogancamp no consigue reconectar con la realidad, lo que acaba volviéndose en su contra

Sin embargo, en 'Bienvenidos a Marwen', Hogancamp se ha vuelto tan dependiente de esta ficción analgésica que no consigue reconectar con la realidad, lo que acaba volviéndose en su contra. Hogancamp es un personaje aislado y solitario, pero no porque la comunidad le excluya —más bien al contrario, los personajes secundarios no admiten matices: o malos malos o buenos de santificar—, sino porque él se ha encerrado en sí mismo y no se permite sobreponerse al dolor y al miedo. La única perspectiva de optimismo la provoca la aparición de un nuevo interés amoroso, su vecina Nicol (Leslie Mann), pero resulta difícil creer que un personaje tan lúgubre y alienado pudiera encontrar en otra persona algo más que una profunda compasión.

La versión animada de Steve Carell en 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)
La versión animada de Steve Carell en 'Bienvenidos a Marwen'. (Universal)

Si los relatos de superación personal son una constante en la filmografía de Zemeckis, pocas veces los contó de una manera tan obvia y maniquea como en 'Bienvenidos a Marwen'. El filme es una reivindicación del respeto a la individualidad, a la diferencia —al protagonista le gusta calzar zapatos de mujer— frente a la violencia de los totalitarios, pero en algunos momentos quiere amalgamar de manera forzada todas las causas identitarias: "Las mujeres son las salvadoras del mundo", grita el protagonista inesperadamente.

Cartel de 'Bienvenidos a Marwen'
Cartel de 'Bienvenidos a Marwen'

Además, con el ánimo de dejar convenientemente cerradas todas las subtramas, el guion aboga por cierto conformismo muy cuestionable. 'Bienvenidos a Marwen', además, tampoco parece aceptarse a sí misma: con dos actores protagonistas (Carell y Mann) muy vinculados a la comedia y un arranque con cierta gracia, el filme se acaba descubriendo como un melodrama plomizo y de brocha gorda.

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