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'Verano del 84': homenaje al cine de adolescentes con giro perverso final

El trío de directores de 'Turbo Kid' añade una apropiada capa de perversidad a la enésima revisión del imaginario del cine juvenil estadounidense de los ochenta

Foto: Caleb Emery, Judah Lewis, Graham Verchere y Cory Gruter-Andrew. (A Contracorriente)
Caleb Emery, Judah Lewis, Graham Verchere y Cory Gruter-Andrew. (A Contracorriente)

Los canadienses Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell debutaron en el largometraje con 'Turbo Kid', una celebración del espíritu del cine posapocalíptico estilo 'Mad Max' cruzado con las películas de adolescentes en bicicleta y salpicado de tantas otras referencias al fantástico de los ochenta. Su obsesión por el cine de esa década se hace patente de nuevo en 'Verano del 84', en este caso un pastiche un tanto visto pero con un interesante giro final de los filmes juveniles de entonces.

'Verano del 84' tiene lugar, cómo no, en uno de esos barrios residenciales de ciudad pequeña norteamericana de casas unifamiliares alineadas y jardines traseros. El quinceañero protagonista, Davey, se gana un pequeño sueldo repartiendo periódicos con su bicicleta. Ya desde el inicio y a través de su narración en 'off' nos deja constancia de su obsesión: en este tipo de escenarios en apariencia idílicos es donde suceden las cosas más raras. Y de hecho, hace tiempo que un asesino en serie actúa por la zona y probablemente sea el responsable de la desaparición de varios muchachos. Davey, amante de los misterios y las conspiranoias, se obsesiona con la idea de que el homicida en cuestión no es otro que su vecino, el agente de policía Wayne Mackey.

El protagonista se nos presenta como el típico muchacho 'normal' que puebla este tipo de cine. Su pandilla lo complementa a través de tantos otros roles estereotipados: el sabelotodo, el guaperas salido y el que se siente marginado. Sus conversaciones recurrentes giran en torno a las pajas, el porno y las chicas. Davey está enamorado de otra vecina que solía hacerle de canguro. Pero, a pesar de los comentarios procaces de sus amigos, él por supuesto evita objetivarla sexualmente. Los chicos se pasean por la bolera, juegan a las máquinas de Arcade o acompañan a sus padres mientras miran las noticias sobre el boicot soviético a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles '84. Los guiños al imaginario popular y al 'atrezzo' identificativo de la época, desde las linternas para pasear de noche hasta los 'walkie talkies' no paran. Y por momentos, 'Verano del 84' se limita a funcionar como el enésimo refrito de esta cansina nostalgia y adoración a las películas de Steven Spielberg, Rob Reiner, Robert Zemeckis o George Lucas, rememoración que han puesto en práctica desde J.J. Abrams a la serie 'Stranger Things'.

Más cerca de 'Stand By Me' que de 'Los Goonies', en 'Verano del 84' el espíritu aventurero de los adolescentes protagonistas y sus ansias de acceder a los misterios propios de la edad adulta acaban desembocando en un inevitable contacto con el mal como forma de conocimiento. Para Davey y sus colegas, intentar descubrir si hay un asesino en serie en el vecindario es 'a priori' un motivo de excitación. ¡Por fin sucede algo en la zona! Los directores articulan el suspense en torno a la misteriosa figura del agente Mackey jugando a no dejar claro, 'a priori', si realmente esconde cadáveres en el sótano o si por el contrario es la víctima indefensa de la fantasía descontrolada de un joven adolescente en proceso de cambio. Los tres directores podrían haberse conformado en cerrar la película desvelando la verdad en torno a este enigma. Lo que evita que 'Verano del 84' quede reducida a mera revisitación posmoderna de todos estos referentes es que la solución al misterio ni concluye la película ni aporta ningún tipo de satisfacción.

En su tramo final, 'Verano del 84' lleva más lejos de lo que es habitual en estas revisiones del cine de los ochenta su incursión en el terror, lo que se agradece. Sobre todo para desintoxicarnos un poco de la borrachera de nostalgia en apariencia naíf que empapa el grueso del filme. Pero el cambio de registro no se limita a conducir el desenlace hacia otro género cinematográfico. También permite releer todo aquello que hemos visto hasta el momento desde una óptica mucho más retorcida e interesante. En cierta manera, a lo largo de todo el filme, Davey se mueve más como un personaje del cine de Alfred Hitchcock o de Brian DePalma que como uno de Spielberg o Zemeckis. Es un joven normal, sí, pero arrebatado por cierta pulsión voyerística en sus ansias de descubrir ese mal que se esconde entre los rincones de su vecindario. En el fondo, Davey no para de espiar, atosigar e inmiscuirse en la vida de su vecino. En una escena del filme, los cineastas incluso apuntan la idea de que el asesino no es tanto la antítesis de Davey como su reflejo. O incluso el producto de su deseo no controlado por adentrarse en este lado oscuro. Aunque la película no se atreva a llegar más lejos, 'Verano del 84' esboza la posibilidad de revisar el cine adolescente de los ochenta desde una óptica más perversa.

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