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'Gente que viene y bah': autoayuda para cornudos

Clara Lago protagoniza la adaptación al cine del segundo 'bestseller' romántico de Laura Norton, donde comparte pantalla con Alexandra Jiménez y Carmen Maura

Foto: Clara Lago, Alexandra Jiménez, Carmen Maura, Carlos Cuevas, León Martínez y Paula Malia. (DeAPlaneta)
Clara Lago, Alexandra Jiménez, Carmen Maura, Carlos Cuevas, León Martínez y Paula Malia. (DeAPlaneta)

Que la escritora española Laura Norton escogiese un apellido anglosajón para darse a conocer en el mercado editorial —como Megan Maxwell, que responde al nombre de pila bautismal de María del Carmen Rodríguez— indica el tipo de referentes culturales a los que adeuda su obra. Esta autora de novela romántica —o 'chick-lit', ya que nos ponemos con anglicismos; es decir, literatura dirigida a mujeres jóvenes— publicó su primer título, 'No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas', en 2014 y enseguida se convirtió en un éxito editorial, con la consiguiente adaptación cinematográfica en 2016 a cargo de la barcelonesa María Ripoll ('Ahora o nunca', 2015) y protagonizada por Verónica Echegui. Y ahora llega la adaptación de su segunda novela, 'Gente que viene y bah' —otro pelotazo editorial—, que esta vez dirige Patricia Font en su primera incursión en el largometraje.

Como 'No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas', 'Gente que viene y bah' acerca a la idiosincrasia española el estereotipo de mujer joven urbana, resuelta y locuela a la que los avatares de la vida castigan para que inice un camino de redescubrimiento y superación personal, al estilo de Bridget Jones o la Rachel Green de 'Friends'. Precisamente, esta comedia comienza con un guiño a la serie de David Crane y Marta Kauffman: ¿se acuerdan del episodio en el que Ross y Rachel escriben una lista con los famosos con los que tienen luz verde para acostarse sin que suponga una bronca de pareja? Pues así empieza el vía crucis de la protagonista de 'Gente que viene y bah', Bea (Clara Lago), arquitecta en una firma de éxito de Barcelona, novia enrollada y dicharachera a punto de comprometerse y mujer tan resolutiva como atractiva.

Pero, a diferencia de Ross y Rachel, a Bea y a su novio Víctor (Fernando Guallar) no les sale bien la jugada. Víctor acaba acostándose con una presentadora televisiva famosa y Bea se queda sin novio y, además, sin trabajo. Y a raíz de ese momento traumático que desbarajusta su plan de vida perfecto, la protagonista decide reconectar con sus raíces y volver al hogar familiar en un pueblo del litoral catalán.

Víctor acaba acostándose con una presentadora televisiva famosa y Bea se queda sin novio y, además, sin trabajo

Patricia Font recurre a la imagen idílica del mundo rural tan de moda ahora entre los urbanitas, en la que el ritmo de vida es mucho más plácido y menos estresante que el de la gran ciudad y las puestas de sol y los bosques reconcilian al ser humano con la naturaleza. Aunque también reconoce que existe un reverso de tradicionalismo y dinámicas caciquiles arraigadas en las comunidades pequeñas, concretadas en la relación entre León (Carlos Cuevas), el hermano pequeño de Bea, y un policía (Ferran Vilajosana); el halo de respeto reverencial a la familia más rica del pueblo (emparentada con el personaje de Álex García), o la autoridad que ejerce la alcaldesa (Alexandra Jiménez), que resulta ser también hermana de la protagonista.

Aunque empieza como una comedia al uso, la película toma derroteros más dramáticos a medida que avanza el metraje. Como en 'Solo el fin del mundo', de Xavier Dolan —pero sin esas peleas catárticas y en un tono mucho menos intenso—, la hija pródiga vuelve a casa para encontrarse con un hogar en el que la vida ha seguido a pesar de su ausencia y en la que su madre (Carmen Maura) y sus hermanos guardan sus propios secretos. La protagonista aprovecha ese momento de suspensión vital para intentar realizar sus sueños de la infancia y encontrar de nuevo el amor. Y es en esta vertiente amorosa en la que la historia bebe de la comedia romantica clásica, en la que dos personajes a primera vista incompatibles acaban sucumbiendo, por mucho que se resistan, a una atracción mutua.

Dos personajes a primera vista incompatibles acaban sucumbiendo, por mucho que se resistan, a una atracción mutua

Los arquetipos femeninos de 'Gente que viene y bah' presentan a mujeres acuciadas por los problemas y sus diferentes formas de solventarlos: mientras Bea se refugia en una burbuja y opta por construir una nueva realidad alternativa, el personaje de Alexandra Jiménez recurre al autoritarismo, el de Carmen Maura al estoicismo —con un mensaje bastante cuestionable— y el de la tercera hermana, Débora (Paula Malia), a la ocultación. Los personajes masculinos apenas tienen recorrido dramático, más allá de dar o no un paso más en sus relaciones amorosas. Es verdad que en una película tan coral es más complejo profundizar en los personajes secundarios, pero en esta ocasión apenas pasan del esbozo.

Cartel de 'Gente que viene y bah'.
Cartel de 'Gente que viene y bah'.

Y en su afán de romper cierto tipo de clichés y de tramas previsibles, 'Gente que viene y bah' propone resoluciones que no demuestran demasiada coherencia con el desarrollo previo o que se presentan demasiado súbitas, sin transición. Giros que quizá funcionarían en una comedia irreverente, pero este no es el caso: al final, Font prima un tono más intimista y plomizo que, además, regala al espectador una moraleja: hay que disfrutar la vida, preocuparse por lo realmente importante y no dejarse vencer por las adversidades. Y si tu pareja ha tenido un desliz con un 'stripper' enano, pelillos a la mar.

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