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'Lo que esconde Silver Lake': un viaje demente a la América más sórdida

Después del éxito de 'It Follows' (2015), David Robert Mitchell dirige una marcianada sugerente y cinéfila que remezcla el género policiaco, la comedia negra y la cultura pop

Foto: Grace van Patten y Andrew Garfield en 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)
Grace van Patten y Andrew Garfield en 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)

En el distrito angelino de Silver Lake -residencia de actores, aspirantes a actores y actores-barra-camareros-a-tiempo-completo-, un asesino de perros acecha en la noche. También allí desaparece un magnate de Hollywood. Y la atractiva vecina de abajo de Sam (Andrew Garfield), un tipo sin trabajo -ni ganas de tenerlo- a punto de ser desahuciado que pasa las horas apostado en su terraza espiando con sus prismáticos a las mujeres de su urbanización, como un L.B. Jefferies más lúbrico que indiscreto. Sam está convencido de que todos estos sucesos forman parte de una conspiración que se extiende hasta los cimientos fundacionales de Silver Lake, de que toda la cultura pop -pero toda toda- esconde pistas y mensajes ocultos para llegar a la verdad del complot y de que la respuesta para encontrar a su vecina Sarah (Riley Keough) podría esconderse dentro de una caja de cereales. Literalmente.

Lo que comienza como una historia de detectives 'hardboiled' al estilo de James Ellroy acaba transformándose en un periplo demente por el mapa más sórdido de la ciudad de Los Ángeles y que deriva en una pesadilla surrealista en la que, como en 'Donnie Darko' (2001), es difícil distinguir dónde acaba el delirio del protagonista y dónde empieza la realidad absurda. Y con Hollywood y la industria del entretenimiento presente como un árbol cuyas raíces subterráneas todo lo abarcan, aunque no siempre sea evidente.

Riley Keough es Sarah en 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)
Riley Keough es Sarah en 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)

En su tercer largometraje como director, David Robert Mitchell -'El mito de la adolescencia', 2010; 'It Follows', 2014- reutiliza los códigos del género 'noir' desde la ironía y sin esconder sus referentes y guiños cinéfilos, que como huevos de Pascua aparecen en forma de póster en las paredes -'La ventana indiscreta', 'El beso de la mujer pantera'- o de manera obvia en la puesta en escena, como en la secuencia en la que Keough emula a Marilyn Monroe en 'Something's Got To Give', la última película que el mito dejó inacabada antes de morir. Porque esta, a su manera, es también una historia sobre la fantasmagoría.

El guion laberíntico y desbarrado de Mitchell acaba pasando factura con un final indigno de la premisa

'Lo que esconde Silver Lake' tiene en común con títulos como 'Ghost World' (2001), 'Kiss Kiss, Bang Bang' (2005) o la ya nombrada 'Donnie Darko' su pretensión de película de culto, con su bombardeo constante de iconos de la cultura pop, su autoconsciencia y una propuesta irreverente y ácida con un protagonista con un punto de idealismo fantástico disidente de la realidad, pero el guion laberíntico y desbarrado de Mitchell acaba pasando factura con un final indigno de la premisa. 'Lo que esconde Silver Lake' no cumple del todo lo que promete, pero mientras dura el engaño atrapa.

Andrew Garfield es Sam, el protagonista de 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)
Andrew Garfield es Sam, el protagonista de 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)

Y es que el cineasta se centra más en la creación de unos escenarios y un ambiente de extrañeza que de encontrar una dirección concreta hacia la que llevar su película. Aunque, quizás, siquiera haya intención de encontrarla. Como el protagonista, 'Lo que esconde Silver Lake' atraviesa una sucesión de situaciones esperpénticas por las que desfilan personajes alienados y misteriosos: una proyección de cine al aire libre en un cementerio, fiestas en las que siempre hay un pirata rodeado de chicas jóvenes y bonitas, grutas subterráneas, caminos secretos y casas lujosas con moradores insólitos. Las lentes aberrantes del director de fotografía Mike Gioulakis -colaborador también de Shyamalan- retratan un mundo deforme y alucinatorio. Es difícil no mirar de reojo a Lynch.

"No suele importarme mucho el mensaje", verbaliza uno de los personajes

Durante la búsqueda de su vecina desaparecida, Sam sigue una serie de pistas que o bien no tienen ningún sentido o esconden el sentido más profundo de la vida: en medio del caos, la línea es fina. Mientras Willy Wonka distrae al espectador invitándole a entrar "en un albor jamás imaginado", Mitchell avanza por la película con la ironía del que se debate entre la fascinación y el descreimiento por revelar el truco del mago. "No suele importarme mucho el mensaje", verbaliza uno de los personajes. "No hay rebelión en la cultura pop", insiste otro. "Tu cultura es el refugio de las ambiciones de otros que están muy por encima de ti". Porque, ¿qué pasaría si todos los himnos generacionales estuviesen compuestos por un mismo anciano multimillonario, es decir, el establishment?

Otra imagen de 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)
Otra imagen de 'Lo que esconde Silver Lake'. (Vértigo)

Como si de un hombre lobo se tratase, la ciudad de Los Ángeles se transforma a la luz de la luna. Lo que por la mañana son urbanizaciones acogedoras, por la noche se convierten en caminos custodiados por bestias al acecho. Si la luz del día ilumina los sueños de jóvenes de provincias que trazan su camino de 'castings' para convertirse en estrellas, la puesta de sol encumbre prostitución, drogas, miseria y muerte. El desencanto concentrado en el instante en el que una modelo de lencería, icono de una sociedad obsesionada por la juventud, la belleza y las modelos de lencería, llega a su casa y rompe a llorar desconsolada como una medianía cualquiera. Cuando la física de fluidos fisiológicos aparece, la magia se rompe.

Cartel de 'Lo que esconde Silver Lake'
Cartel de 'Lo que esconde Silver Lake'

Hoy los detectives siguen mal de dinero, mal del hígado y con mal de amores. Pero hoy la disociación entre lo material y el espectáculo es más grande que nunca. ¿Dónde está la realidad, en lo tangible o en su representación? Hoy lo que diferencia a Philip Marlowe o a Jack Vincennes de Sam es la conciencia del sinsentido propio. Si nada significa nada, al menos fabriquemos un significado. O busquémonos un pasatiempo. Movámonos, aunque no sepamos hacia dónde ni por qué. En definitiva: entregarse a la fabulación para evitar el desahucio absoluto.

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