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'Miamor perdido': una historia de amor que da gato por liebre

Dani Rovira y Michelle Jenner protagonizan la última comedia romántica de Emilio Martínez-Lázaro, director de la saga 'Ocho apellidos...'

Foto: Michelle Jenner y Dani Rovira, en 'Miamor perdido'. (Sony)
Michelle Jenner y Dani Rovira, en 'Miamor perdido'. (Sony)

En 'El futuro' (2011) —Miranda July, ¡vuelve, allá donde estés!—, una pareja de treintañeros adopta un gato parlante que se convierte en testigo privilegiado de su crisis sentimental y existencial. En 'La guerra de los Rose' (1989), un matrimonio se enzarza en un proceso de divorcio que pasa de batalla legal a guerra de trincheras y que acaba en una espiral de violencia absurda y descontrolada. En la obra 'La clausura del amor', de Pascal Rambert, dos actores que son pareja en la vida real —en la versión española, fueron Bárbara Lennie e Israel Elejalde— se suben a un cuadrilátero para recrear —y a veces vivir— la demolición de su relación. Aunque en una proporción homeopática y desde un tono de comedia urbana, 'Miamor perdido' podría considerarse un batiburrillo de estas tres ideas anteriores adaptadas para el gran público y trasladadas a la idiosincrasia del Madrid malasañero de cómicos de bar, actrices-barra-camareras y bicicletas eléctricas a dos euros la hora.

Como sus personajes protagonistas, Olivia (Michelle Jenner), una aspirante a actriz con pretensiones intelectuales —aunque utilice la definición de Wikipedia para explicar el teatro de la crueldad—, y Mario (Dani Rovira), un cómico más pedestre, esta comedia romántica intenta encontrar un equilibrio entre el humor costumbrista y la reflexión trascendental, pero se queda en tierra de nadie, a pesar del carisma de una Jenner luminosa que roba la pantalla en cada plano. Como un 'La La Land' castizo —con Chimo Bayo amenizando uno de los momentos climáticos—, 'Miamor perdido' sigue la construcción y crisis de una pareja de treintañeros que se enamoran como prescribe el romance posmoderno: de manera fortuita durante una borrachera épica.

Dani Rovira y Michelle Jenner son los protagonistas de la última película de Emilio Martínez-Lázaro. (Sony)
Dani Rovira y Michelle Jenner son los protagonistas de la última película de Emilio Martínez-Lázaro. (Sony)

Tras el flechazo inicial, Olivia y Mario deciden hacer un viaje a Valencia —la ciudad natal de ella—, donde encuentran un gato abandonado en un contenedor de basura al que deciden adoptar como primer proyecto en común. Como gag recurrente —y naíf—, el gato solo atiende al nombre de Miamor —de ahí el título— y exclusivamente cuando se le habla en valenciano. A partir de ahí, el espectador asiste al relato de su noviazgo, como en cualquier comedia romántica estándar. ¿La novedad? Que los guionistas Miguel Esteban (creador de la hilarante 'El fin de la comedia') y Clara Martínez-Lázaro ('Hacerse mayor y otros problemas') repiten la historia de amor de la pareja de tres maneras diferentes: según ocurre, según la cuenta Mario en sus monólogos y según la interpretan ambos en una obra de teatro autorreferencial, en la que replican escenas completas con ligeras variaciones de aquello que la película ya ha contado previamente.

El gato solo atiende al nombre de Miamor —de ahí el título— y exclusivamente cuando se le habla en valenciano

A la primera fase de enamoramiento le sigue la de la convivencia, y Olivia y Mario —más bien la película— juegan a anticipar el futuro de la pareja, en la que el gato tiene un papel protagonista. Los novios pasean su amor por el Madrid más moderno —el de la plaza de Cascorro, los bares de 'stand-up comedy', los teatros independientes, los bares de La Latina— mientras la carrera de Mario va despegando y la de Olivia se queda estancada. Y resulta que la distancia entre '500 días juntos' y 'La guerra de los Rose' es apenas un corte sin transición.

Miamor es el nombre del gato de la pareja protagonista. (Sony)
Miamor es el nombre del gato de la pareja protagonista. (Sony)

Y es entonces cuando el guion acusa más el lastre de la repetición de la cronología del noviazgo, puesto que, una vez que 'Miamor perdido' deja de centrarse exclusivamente en los protagonistas, las tramas secundarias no parece que tengan mucho que contar. Casi resulta más interesante conocer la intrahistoria detrás de personajes incidentales, como el burócrata quisquilloso interpretado por Resines o el policía expedientado al que pone rostro Agustín Jiménez, en una presentación de personaje memorable.

Cartel de 'Miamor perdido'.
Cartel de 'Miamor perdido'.

En su primera película después de 'Ocho apellidos vascos' y 'Ocho apellidos catalanes', y sin el dúo Cobeaga-San José en el guion, Emilio Martínez-Lázaro dirige una comedia para a un público más urbanita con una fórmula que aunque busca alejarse del tópico —pero no demasiado— cae en la reiteración y el artificio. Y porque cuenta con destellos de diálogos y situaciones de un humor que funciona y que Jenner levanta con una vis cómica extrañamente poco explotada en su filmografía, queda la sensación de un proyecto que si se hubiese deshecho de complejos y hubiese optado por una estructura más espontánea y sin tanta divagación, podría haber funcionado como una comedia romántica divertida y diferente.

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