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'Tres caras': el director iraní perseguido ridiculiza a su país con otra obra maestra

Jafar Panahi vuelve a desafiar con esta película entre la realidad y la ficción la inhabilitación para hacer cine que el régimen iraní impuso sobre él en 2010

Foto: Behnaz Jafari y el director, guionista y actor Jafar Panahi, en 'Tres Caras'. (Golem)
Behnaz Jafari y el director, guionista y actor Jafar Panahi, en 'Tres Caras'. (Golem)

Jafar Panahi lleva años desafiando la inhabilitación para hacer cine que el régimen iraní impuso sobre él en 2010, a través de una serie de películas que han convertido sus propias limitaciones no solo en estilo distintivo sino también en el asunto mismo, y que se sitúan justo en medio de lo real y la invención para cuestionar con enorme ingenio su propia naturaleza.

Con cada nuevo proyecto clandestino, además, el director ha ido ampliando gradualmente su radio de acción. Si en las tres primeras películas de este periodo su cámara permanecía dentro de un único espacio cerrado —un apartamento en 'Esto no es una película' (2011), una casa de vacaciones en 'Closed Curtain' (2013) y un taxi en 'Taxi Teherán' (2015)—, ahora la cuarta transita a lo largo y ancho de una aldea en las montañas. Y esta evolución es un reflejo de otra de carácter temático: 'Tres caras' de nuevo nos muestra a Panahi buscando inspiración en sus propias experiencias, pero aquí su papel personal en la historia ya no es central sino el de mero espectador; el foco narrativo, después de todo, no está en su propia falta de libertad sino en otros aspectos de la opresión provocada por los valores autoritarios que imperan en la sociedad iraní.

Otro fotograma de 'Tres caras', de Jafar Panahi. (Golem)
Otro fotograma de 'Tres caras', de Jafar Panahi. (Golem)

El prólogo de la película nos presenta un mensaje de vídeo que una adolescente grabó con su teléfono. En él acusa a la destinataria, la actriz Behnaz Jafari, de haberla ignorado: la joven quiere ser actriz pese a la oposición de sus padres, y ya había enviado varios mensajes previos a la intérprete para que la ayudara a convencerles. Como ninguno de ellos recibió respuesta y la familia aún se niega a dejarle cumplir su sueño, la niña sentencia frente a la cámara que no le queda otra opción. Luego se acerca a una soga que cuelga de una rama y pasa su cabeza por el hueco de la cuerda antes de que el teléfono caiga bruscamente al suelo y termine el vídeo.

Una adolescente se acerca a una soga que cuelga de una rama y pasa su cabeza por el hueco de la cuerda

En la siguiente escena, Jafari y Panahi, ambos encarnados por sí mismos, están juntos en un coche. Mientras contempla el vídeo entre lágrimas, Jafari se niega a creer que sea real; es un montaje, insiste, y Panahi acepta acompañarla al pueblo de la muchacha para averiguarlo. La mujer, asimismo, empieza a sospechar que el director la está manipulando para hacer una película en secreto. ¿Y qué está haciendo él si no una película?

Otro momento de 'Tres caras', de Jafar Panahi. (Golem)
Otro momento de 'Tres caras', de Jafar Panahi. (Golem)

El misterio se resuelve poco después de su llegada al lugar, y a partir de entonces la película sigue sus sucesivos encuentros con los lugareños. Si 'Taxi Teherán' recordaba a la que quizá sea la mejor película de Abbas Kiarostami, 'Ten' (2002), ahora 'Tres caras' evoca otra de las películas de quien un día fuera mentor de Panahi, 'El viento nos llevará' (1999), que también situaba a personajes de Teherán en un entorno rural y utilizaba sus intercambios con los locales para reflexionar sobre diferencias de valores y tradiciones.

En una escena, un campesino entrega a Jafari una bolsita que contiene el prepucio de su hijo

En una escena, un campesino entrega a Jafari una bolsita que contiene el prepucio de su hijo; en otra vemos a un buey con una pata rota, y su dueño explica que no puede sacrificar al animal porque en el pasado llegó a preñar a 10 vacas en una sola noche. Y poco a poco va tomando forma el retrato de una comunidad que deifica la masculinidad de forma absurda, y que impone expectativas y restricciones a mujeres de todas las generaciones. En ese sentido, no es casual que aquí todas esas mujeres se dediquen o aspiren a dedicarse a la interpretación: 'Tres caras' también medita sobre las injusticias y los dobles raseros que las actrices iraníes sufren, en ocasiones hasta el punto de ser idolatradas y simultáneamente vilipendiadas por su supuesta corrupción moral.

Cartel de 'Tres caras'.
Cartel de 'Tres caras'.

Hablábamos de Kiarostami, y es cierto que en sus manos esta misma película habría explorado de forma más ambiciosa la tierra de nadie ubicada entre realidad y ficción. Pero en esa versión seguramente se echarían de menos el humanismo de Panahi, su capacidad única para generar empatía y su habilidad para hacer que el relato avance con tono liviano y afable y aun así logre dejar un rastro inconfundible de melancolía y una colección de reflexiones sutilmente provocativas.

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