se estrena el próximo 21 de septiembre

'The Rider': si solo puede ver una película este año... que sea esta maravilla

Repetimos, estamos ante una joya en bruto, vayan preparándose para ir a verla

Foto: 'The rider'
'The rider'

No se dejen ahuyentar por los grandes rasgos de 'The Rider': una historia en torno al espectáculo del rodeo, algo tan ajeno a la cultura española como el kabaddi, y las dinámicas dentro de una comunidad de vaqueros de Dakota del Sur. Porque aunque a usted le interesen el rodeo y los vaqueros de Dakota del Sur menos que un tratado de topografía, el segundo largometraje de la directora china afincada en Los Ángeles Chloé Zhao es una joya inhabitual cuya delicadeza contrasta con lo bronco de lo retratado. Además, la película de Zhao se mueve en ese limbo mágico en el que realidad y artificio esto último en el mejor de los sentidosjuegan a imitarse hasta que el espectador decide que igual da, que lo esencial siempre trasciende las fronteras.

Zhao conoció a Brady Jandreau cuando volvió a visitar la reserva de nativos americanos Pine Ridge, donde había rodado pocos años antes su anterior película. Jandreau era un joven jinete de rodeo, nativo de los Lakota Sioux, una especie de promesa local que prácticamente había nacido pegado a una silla de montar. Zhao quedó tan fascinada por la forma de vida de Jandreau y su comunidad que se obcecó en la idea de que el jinete protagonizase su próximo proyecto. Durante meses escribió diferentes historias sin que ninguna fuese lo suficientemente redonda. Hasta que Jandreau sufrió un accidente grave —en un rodeo cayó del caballo y el animal le pisó la cabeza, fracturándole el cráneo— y la historia apareció firme y por su propio pie.

El jinete de rodeo Brady Jandeau protagoniza este docudrama dirigido por Chloé Zhao. (Caramel)
El jinete de rodeo Brady Jandeau protagoniza este docudrama dirigido por Chloé Zhao. (Caramel)

Todo en 'The Rider' bascula a caballo entre la biografía real de Jandreau y el drama escrito por Zhao. Jandreau interpreta a Brady, un joven jinete de rodeo que se recupera de un grave accidente, pero que a pesar de haber pasado un coma y de tener el cráneo sellado por una placa de metal está empeñado en volver a competir. Su padre en la realidad, Tim, interpreta a su padre en la ficción, Wayne, un antiguo vaquero venido a menos que lucha por mantener a la familia a flote al tiempo que se gasta los pocos ingresos que tienen en las máquinas tragaperras. A Lilly, la hermana autista de Brady, la interpreta Lilly, la hermana autista de Brady. Y el protagonista de una de las escenas más sobrecogedoras de 'The Rider', Lane Scott, es otro jovencísimo exjinete atado ahora a una silla de ruedas a causa de una lesión cerebral que le ha dejado parapléjico y sin capacidad de habla. "A veces piensas que te vas a hacer daño, pero nunca piensas que te vas a hacer tanto daño", reflexiona Brady después de visitar a su amigo. Ambos recuerdan juntos sus éxitos pasados, confinados ahora en una pantalla de móvil.

El accidente ha dejado secuelas y si el jinete vuelve al rodeo, se enfrenta a un futuro no demasiado diferente al de su amigo Lane Scott

En esa América de Wyeth, extensísima —y más gracias a los grandes angulares del magnífico director de fotografía, Joshua James Richards—, asalvajada y eminentemente masculina, los hombres viven en comunión con una naturaleza caprichosa, que les da la vida tanto como se la puede quitar. Zhao sigue al joven Brady en una lucha titánica contra lo inapelable, contra lo que ya ha sucedido. El accidente ha dejado secuelas y si el jinete vuelve al rodeo, se enfrenta a un futuro no demasiado diferente al de su amigo y admirado Lane Scott. Pero el entorno histórico testosterónico, en el que desde pequeño le han dicho "sé un hombre", "aprieta los dientes", "no seas nenaza", pesa.

Otro momento de 'The Rider'. (Caramel Films)
Otro momento de 'The Rider'. (Caramel Films)

Dice Zhao que su cine es deudor de la obra de Terrence Malick. Gracias a Dios, no. Quizás, al Malick de 'Días de cielo', obra maestra de cuando el cineasta estadounidense necesitaba menos pantomimas para adornar sus relatos. 'The Rider' hereda, eso sí, el esfuerzo de Néstor Almentros por capturar la luz natural en su punto de sublimación, en la hora bruja, tan mágica como elusiva, cuando el sol empieza a tocar el horizonte y el firmamento se tiñe de rosa, naranja y añil sobre la orografía marciana del Medio Oeste.

Cartel de 'The Rider'.
Cartel de 'The Rider'.

Luz crepuscular para un drama crepuscular, seco y de interior, de hombres que se tragan las penas a tragos y que solo saben sacárselas a puñetazo limpio. De padres e hijos que se hablan con dardos, pero que lo que quieren es decirse "no pasa nada, yo estaré a tu lado, estoy orgulloso". Y a veces la cámara parece solo un testigo y hace al espectador partícipe, casi en primera persona, de esos círculos de hombres alrededor de una hoguera, de esos soldados de caballería que luchan sus batallas internas al salir del rodeo. Una joya en bruto.

Vayan a verla.

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