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'Predator': alienígenas asesinos contra marginados con mucha testosterona

Shane Black revisa el clásico del cine de acción con Arnold Schwarzenegger de protagonista en un 'blockbuster' convencional pero cargado de buenas dosis de humor

Foto: 'Predator'.
'Predator'.

El fichaje de Shane Black para dirigir esta actualización de 'Predator', uno de los clásicos de la acción testosterónica de los ochenta, no podría resultar, 'a priori', más acertado. El realizador participó como actor en el filme original de John McTiernan dando vida a uno de los integrantes del pelotón que lidera Arnold Schwarzenegger, en concreto al joven con gafas que no para de contar chistes sobre coños y se convierte, no sabemos si por cosas de la justicia poética, en una de las primeras víctimas del depredador. Pero esta colaboración sería solo la guinda en un currículo que lo acredita como uno de los responsables de inyectar una bienvenida dosis de humor en el cine de acción de finales de los ochenta y principios de los noventa a partir de los guiones que firmó para películas como 'Arma letal', 'El último boy scout' o 'El último gran héroe'.

En sus inicios como director, Black se decantó por la revisión posmoderna de estos géneros típicamente masculinos en la hiperreferencial 'Kiss Kiss Bang Bang' (2005), a la que ha seguido recientemente la más convencional pero igualmente divertida 'Dos buenos tipos', además de demostrar que también podía ponerse al mando de un 'blockbuster' en 'Iron Man 3'.

Uno de los puntos fuertes del primer 'Depredador' era la escasa presencia visual del antagonista extraterrestre. Al monstruo casi no lo veíamos. Los integrantes del comando liderado por Schwarzenegger eran cazados uno a uno por ese villano llegado de otro planeta que funcionaba como una amenaza casi abstracta en medio de la selva de Guatemala. El 'alien' se hacía notar a través de un punto de vista subjetivo que emulaba el de una cámara termográfica y por el rastro de sus víctimas despellejadas. Así, el poder de la película de John McTiernan residía en su capacidad para construir una tensión en aumento en un espacio abierto pero claustrofóbico que acababa evocando el infierno vivido por los soldados estadounidenses en Vietnam.

Las secuelas y 'crossovers' posteriores otorgaron una presencia más convencional a la figura de estos extraterrestres que consideran nuestro planeta su territorio de caza. La práctica contemporánea del 'blockbuster', con su sobrecarga de estímulos narrativos y visuales, deja poca oportunidad para el ejercicio del terror abstracto. Así que el nuevo 'Predator' no solo presenta una criatura alienígena claramente definida sino diversos especímenes de la misma procedencia con diferentes formas de relacionarse con los terrícolas. El objetivo sigue siendo el mismo: despellejar humanos, en este caso con la idea de extraer el material genético de los individuos más avanzados de nuestra especie para mejorar la suya propia y convertirla en la más poderosa del universo.

Imagen de 'Predator'.
Imagen de 'Predator'.

Shane Black aporta su mejor baza a 'Predator'. El filme se beneficia de un sentido del humor ausente en el original, que de paso compensa la inanidad de la trama y lo convencional aunque efectivo de las secuencias de acción. El director refresca parte del espíritu del cine de acción de los ochenta y principios de los noventa a través del grupo de militares renegados que ayudan al protagonista, Quinn McKenna (Boyd Holbrook), a repeler el ataque de los depredadores. Aunque la idea del comando de marginados ya estaba presente en la película de John McTiernan, aquí los protagonistas cobran más entidad. Descartados por el ejército debido a todo tipo de razones (“fui a Afganistán por los talibanes, y me quedé por el opio”, explica uno de ellos), encarnan un concepto mucho más desmitificado, divertido y heterodoxo del heroísmo masculino. Black demuestra su astucia a la hora de mantener el descaro de estos personajes en el Hollywood más políticamente correcto al, por ejemplo, poner todas las frases procaces que en la película original hubiera soltado su propio personaje en boca de un exsoldado... con síndrome de Tourette. La película compensa presuntamente tanta masculinidad desatada incorporando al equipo antidepredadores el personaje de la bióloga a quien da vida Olivia Munn, pero los responsables de 'Predator' no son capaces de otorgarle ningún atractivo particular.

Cartel de 'Predator'.
Cartel de 'Predator'.

Aunque el filme celebre esta vertiente colectiva del cine de acción testosterónica, Shane Black se reserva un chascarrillo en torno a la relectura del héroe de los ochenta como encarnación de la fuerza física y la violencia. El propio Boyd Holbrook poco tiene que ver con el aspecto del musculado Arnold Schwarzenegger. Y además ejerce de padre amantísimo y protector, un tipo de figura heroica por otro lado habitual en el cine de acción a partir de los noventa. La ironía viene por el papel que acaba cobrando en la película su hijo, perfilado como su perfecta antítesis: un muchacho escuálido víctima de los abusones de la escuela por su alto coeficiente de inteligencia y por presentar un trastorno del espectro autista. Por lo que plasma Shane Black en 'Predator', el futuro de los héroes de acción pasa por la inteligencia y no (solo) por la fuerza.

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