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'Kings': Halle Berry y Daniel Craig hacen el ridículo mientras Los Ángeles arde

La película usa las revueltas de 1992, tras la absolución de los policías que dieron una paliza a Rodney King, como mero pretexto para contemplar los devaneos de sus protagonistas

Foto: 'Kings'.
'Kings'.

Algo hay que reconocerle a la segunda película de Deniz Gamze Ergüven ('Mustang'): evita el acartonamiento, la severidad y las ínfulas habituales entre las recreaciones de episodios históricos relevantes. En lugar de eso, 'Kings' cambia constantemente de tono y de estética, dando tumbos entre el 'biopic', el drama romántico, el melodrama, el relato iniciático, el 'thriller' y hasta la comedia 'slapstick'. En realidad, la película usa las revueltas que tuvieron lugar en las calles de Los Ángeles en 1992, tras la absolución de los cuatro policías que habían sido grabados dando una paliza a Rodney King, como mero pretexto para contemplar los devaneos entre Halle Berry y Daniel Craig.

La película en todo caso arranca en 1991 con la muerte de Latasha Harlins, la adolescente que recibió un disparo en la cabeza de la propietaria de una tienda de la ciudad al intentar comprar zumo de naranja. Es un momento de violencia frontal que se resuelve con un plano de la sangre derramada superpuesto sobre otro de lava que brota de la tierra. No hace falta más para dejar claro que aquí Ergüven no tiene intención de andarse con sutilezas. Inmediatamente, la acción se traslada a la anárquica casa de Millie Dunbar (Halle Berry), una madre soltera con un corazón de oro que cuida de más niños huérfanos de los que la película misma es capaz de llevar la cuenta. Algunos de ellos ni siquiera parecen tener nombre.

Además de mantener a los críos alejados de los problemas, Millie hace bizcochos para ganar algo de dinero. El día a día es una lucha que desgastaría a cualquiera, pero eso no impide que en todo momento, incluso en sus momentos de mayor estrés, Millie luzca estupenda. Y poco después entra en escena su vecino, Obie (Daniel Craig), un borracho con inclinación a disparar con una escopeta por la ventana y a arrojar electrodomésticos desde el balcón cuando está enfadado o el vecindario se pone demasiado ruidoso. Es un personaje esquizofrénico, capaz de mostrarse chiflado en una escena y sereno en la siguiente porque su personalidad viene dictada por los propios cambios vertiginosos que Ergüven imprime al tono de la película. Llegado el momento, Obie se convertirá en el protector de Millie y en el objeto de sus sueños tórridos.

'Kings'.
'Kings'.

Los disturbios finalmente se desatan en las calles de la ciudad y entonces tanto Berry y Craig como los niños actores empiezan a sobreactuar sin control hasta que, en la escena más impagable de 'Kings', Millie y Obie son arrestados y esposados a una farola. Y tras liberarse de las esposas no se sabe muy bien cómo —el método requiere rasgar los vaqueros de Milly y trepar por la farola—, Obie regresa con una caja de herramientas para rescatar a Millie. Hasta el espectador más pétreo se partirá de la risa a pesar de que, por supuesto, no era la intención de la directora.

Resulta imposible tomarse en serio la tragedia en cuanto, inevitablemente, golpea a los personajes

Situaciones como esa son uno de los motivos por los que resulta imposible tomarse en serio la tragedia en cuanto, inevitablemente, golpea a los personajes. El otro es que 'Kings' en ningún momento llega a tener claro si quiere dedicarse a explorar la vida en el centro de Los Ángeles en el momento álgido de las tensiones raciales o si prefiere reflexionar sobre cómo la injusticia legal e institucional da fuelle a esas tensiones. Sobre el papel, son dos asuntos naturalmente complementarios, pero la narración de Ergüven está tan desarticulada que el día a día de Millie parece pertenecer a un relato del todo distinto a los explosivos disturbios desatados por el veredicto.

'Kings'.
'Kings'.

Resulta inevitable llegar a la conclusión de que en realidad 'Kings' no tiene ningún interés en explorar las complejidades que llevaron a Los Ángeles a entrar en erupción. Después de todo, las escenas de violencia se nos presentan despojadas de contexto. Y los personajes negros aparecen robando, incendiando, asesinando y siendo asesinados, pero en ningún momento es explorada realmente la ira que los motiva. Como resultado, la película acaba haciendo un flaco favor a la reivindicación que finge abanderar.

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