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'Nos vemos allá arriba': el superventas de Lemaitre llega al cine

A partir de la novela homónima, el actor y director Albert Dupontel se marca una comedia dramática en torno a la picaresca de unos soldados que no encuentran su lugar tras la Primera Guerra Mundial

Foto: 'Nos vemos allá arriba'.
'Nos vemos allá arriba'.

La catástrofe humana que supuso la Primera Guerra Mundial provocó un trauma colectivo cuyas secuelas todavía son rastreables en la cultura contemporánea. 'Nos vemos allá arriba', la película de Albert Dupontel que adapta la obra homónima de Pierre Lemaitre, Premio Goncourt en 2013, se sitúa en este imaginario aún vivo en el recuerdo popular, el de la Francia que intenta curar las heridas de la Gran Guerra. Pero lo hace desde un registro poco habitual, el de una comedia dramática con un punto picaresco que apela en su concepción a ciertos hitos de la literatura francesa, a obras como 'El conde de Montecristo' de Alejandro Dumas o 'Los miserables' de Víctor Hugo que supieron aunar prestigio y popularidad.

'Nos vemos allá arriba' se centra en la amistad que se forja en las trincheras entre el modesto contable Albert Maillard (el propio Dupantel) y el joven de buena familia Édouard Péricourt (Nahuel Perez Biscayart, la gran revelación de '120 pulsaciones por minuto'). El rostro del muchacho queda desfigurado cuando le salva la vida a Albert en pleno fragor de una batalla a la que les ha empujado su teniente de forma totalmente gratuita, cuando ya estaba vigente el armisticio. Incapaz de regresar a su antigua vida, Édouard le pide a su compañero que le haga pasar por muerto ante su familia, el ejército y la sociedad en general. Albert cumple con su deseo y le esconde en su casa, donde Édouard vive protegido tras sus máscaras y con la compañía inseparable de una huérfana, la única capaz de traducir sus incomprensibles barboteos.

La guerra ha creado un vínculo inquebrantable entre dos hombres que en un contexto de paz jamás se hubieran relacionado. Este inesperada confraternización interclasista contrasta con la línea de continuidad entre las acciones que lleva a cabo el villano del film, el teniente Pradelle, durante y después de la guerra. El oficial, a quien presta su rostro de galán clásico Laurent Lafitte, es un malvado de una sola pieza, capaz de conducir a sus hombres a una muerte gratuita durante la contienda (aquí el film remite de forma explícita a 'Senderos de gloria' de Stanley Kubrick) para después, ya en tiempos de paz, montar negocios sucios con todos estos fallecidos.

Imagen de 'Nos vemos allá arriba'.
Imagen de 'Nos vemos allá arriba'.

Albert Dupontel dibuja una Francia de posguerra marcada por este nuevo choque social. Por un lado, los soldados heridos y traumatizados que no encuentran su lugar en un país que ha proseguido su rumbo sin ellos. Por el otro, los responsables del horror que siguen desempeñando cargos de poder y se enriquecen con el dinero destinado a enterrar y homenajear a los muertos que ellos mismos han provocado. A la corrupción y especulación sin escrúpulos de los poderosos, el film opone la picaresca de los pobres. Maillard y Péricourt urden un pequeño golpe para estafar a estas instituciones públicas que homenajean a esos mismos jóvenes a quienes han dejado desamparados. Su objetivo es vender sobre catálogo un gran monumento a los caídos aprovechando la fiebre de las administraciones locales por este tipo de mausoleos conmemorativos y poner pies en polvorosa con el dinero ganado antes de que se descubra que no existe tal obra.

El personaje de Édouard además homenajea a toda una genealogía de personajes enmascarados, como el trágico fantasma de la ópera

'Nos vemos allá arriba' se inscribe en una tradición concreta del cine y la literatura francesas, la de las historias populares y rocambolescas donde conviven personajes del pueblo y aristócratas embarcados en algún tipo de aventura frente a un villano incontestable. El personaje de Édouard además homenajea a toda una genealogía de personajes enmascarados que han habitado esta corriente, desde el trágico fantasma de la ópera, pasando por el misterioso hombre de la máscara de hierro o el escurridizo Fantomas. Aunque, más artista incomprendido que aventurero seductor, el joven apenas se manifiesta fuera de su refugio y prefiere expresar su incapacidad para reconectar con el mundo tras el conflicto bélico con sus bocetos. Al fin y al cabo, algunos de los mejores testimonios y representaciones de la Gran Guerra nos han llegado a través del dibujo, desde los grabados de Otto Dix a las novelas gráficas de Jacques Tardi.

Cartel de 'Nos vemos allá arriba'.
Cartel de 'Nos vemos allá arriba'.

Así, la película combina con bastante acierto elementos propios del folletín, del drama bélico y de la comedia costumbrista bajo un acabado de gran producción que por momentos se da de bruces con el espíritu pícaro de sus personajes. La imagen artificiosa cuadra con ese aire casi de cómic que adopta el film por momentos. Pero uno de sus peores recursos concierne a las máscaras del personaje de Édouard. El hombre sin rostro dibuja sus propias caretas, que adquieren diferentes expresiones y estéticas según su estado de ánimo. Sin embargo, el diseño de las mismas va más allá de esta intención expresionista para ofrecer un surtido un tanto 'kitsch' de máscaras a medio camino entre una tienda de 'souvenirs' veneciana, un muestrario de los estilos de las vanguardias del momento y una representación del Cirque du Soleil. Es la manera en que se sigue marcando la diferencia entre el prosaico y cotidiano Albert, un personaje con el que el público conecta de inmediato, y el más sofisticado en su tormento Édouard. El desequilibrio entre los protagonistas se traslada a los registros del film. Tan irregular como disfrutable, 'Nos vemos allá arriba' funciona mejor cuando tiende a la comedia popular de tintes folletinescos que cuando aspira a convertirse en un ambicioso drama histórico de aires trágicos.

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