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'En tiempos de luz menguante': el último patriarca estalinista

La adaptación de la novela homónima de Eugen Ruge encapsula en una fiesta familiar el desmoronamiento de la República Democrática Alemana

Foto: Bruno Ganz protagoniza 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)
Bruno Ganz protagoniza 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)

"En este siglo, ya no habrá más grandes ideas", sentencia Kurt, uno de los protagonistas de 'En tiempos de luz menguante', cuando su nuera le propone que escriba sus memorias. Kurt ha dedicado buena parte de su vida a recoger la historia de la República Democrática de Alemania. Firme creyente en el ideal de sociedad comunista, sin embargo siempre ha defendido un sistema de rostro humano, al contrario que su madre, Charlotte, y sobre todo el esposo de esta, Wilhelm, estalinista convencido. Nos encontramos en Berlín Este en 1989, pocas semanas antes de la caída del Muro, en el día del 90 cumpleaños del patriarca Wilhelm, este comunista irredento al que homenajean familia, camaradas y amigos. Solo falta su nieto Aleksander, Sasha, que ha aprovechado este mismo día en que el Partido Comunista otorgaba la orden del Mérito por la Patria a su abuelo para escapar al Berlín Occidental. Nadie se atreve a comunicárselo al anciano. Hace pocas horas, Wilhelm ha despreciado públicamente a un matrimonio vecino cuyo hijo también huyó a la Alemania capitalista.

La película de Matti Geschonneck, prolífico director de cine y televisión alemán, parte de la obra homónima de Eugen Ruge, editada en España por Anagrama en traducción de Richard Gross. El original literario se despliega como una saga familiar que abarca diferentes periodos temporales y ámbitos geográficos. Como el filme, el cumpleaños del patriarca el 1 de octubre de 1989 representa el centro gravitatorio de la historia. Pero la novela se expande por otras épocas, países y puntos de vista, que se intercalan con la efeméride central para transitar por los anhelos y desencantos colectivos y personales de cuatro generaciones.

Wilhem, estalinista convencido, cumple 90 años el mismo día que su nieto Sasha decide huir a Berlín Occidental

Cuatro generaciones que representan en buena parte el auge y caída de los grandes ideales políticos en Occidente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el atentado en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Ruge, nacido como el personaje de Alexander en un pueblo de los Urales, y escapado también como él de Alemania del Este a la del Oeste, publicó su libro en 2011. 'En tiempos de luz menguante' no tardó en ser saludada como la gran novela sobre la República Democrática de Alemania en clave de historia familiar.

Bruno Ganz protagoniza 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)
Bruno Ganz protagoniza 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)

En una sabia decisión, Geschonneck no ha pretendido trasladar todo el relato original a la gran pantalla. Excepto por el prólogo y el epílogo, que transcurren en Rusia (el libro, en cambio, arranca y termina en México), el director y su veterano guionista, Wolfgang Kohlhaase, concentran toda la trama en la celebración del 90 cumpleaños de Wilhelm. Así, el filme adquiere un regusto teatral que no desprende el libro, por otro lado la primera novela de un autor con una larga experiencia como dramaturgo. La pérdida en la película de los pasajes sobre el pasado y el futuro de los personajes se compensa con un aumento de la carga metafórica de todos los elementos que se congregan en esa fiesta en torno al patriarca estalinista, que vive su otoño vital e ideológico mientras el sistema que contribuyó a construir se desmorona a su alrededor.

La película refleja las esperanzas perdidas por el camino de la Revolución y las frustraciones íntimas, que superan a las políticas

También trabajan los responsables del filme con todo aquello que se deduce o entiende entre líneas: las frustraciones femeninas en un sistema en que, a pesar de promocionar la igualdad entre hombres y mujeres más que cualquier otro, todavía perviven las rutinas machistas; las contradicciones de unos dirigentes comunistas que creen que tutear (o no) a la sirvienta elimina tal condición; las esperanzas perdidas por el camino de la Revolución; las frustraciones íntimas que superan a las políticas, y hasta qué punto las dinámicas del 'lameculismo', el oportunismo y la autoconstrucción de una imagen pública favorecedora funcionan como acaparadoras de poder en cualquier sistema político.

Otro fotograma de 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)
Otro fotograma de 'En tiempos de luz menguante'. (Surtsey)

'En tiempos de la luz menguante' arranca con un prólogo que anuncia el tono del filme de forma explícita a través de esa voz en 'off' que habla del otoño en los Urales, y de manera más sutil en esas imágenes que retratan de manera fragmentaria un pueblo rural donde la rutina de apariencia plácida convive con las alambradas y la torre de vigilancia de un campo de trabajo. Esta melancolía marcada por la historia prevalece a lo largo del metraje. Incluso cuando buena parte del filme se adentra en las reconocibles rutinas del drama en torno a una celebración familiar que desemboca en un estallido de secretos, desencantos y frustraciones. Por fortuna, Geschonneck impide que la película quede reducida al retrato metafórico simple y grotesco del fin de una era, a base de mantener cierto tono contenido y trabajar unos personajes con recorrido humano más allá de su posicionamiento político.

Cartel de 'En tiempo de luz menguante'.
Cartel de 'En tiempo de luz menguante'.

Si la novela convierte el exilio mexicano en dos épocas diferentes como son los años cincuenta y 2001 en el distanciado marco de resonancia de la historia de una crisis ideológica eminentemente europea, el filme, en este afán más concentrador, prefiere quedarse en un entorno, la RDA, donde se acentúa el peso de la Unión Soviética en el destino de los personajes. Kurt, Wilhelm y compañía no se sienten tan traicionados por unos hijos y nietos que huyen en cuanto pueden del país como por esa Rusia que pone en marcha la contrarrevolución. Una contrarrevolución que solo puede triunfar “porque la Unión Soviética es invencible”, acepta estoico Kurt. En consonancia, la película no termina con la desaparición del patriarca sino con la de otro personaje más ligado al vínculo entre Rusia y Alemania y, por ello, mucho más trágico.

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