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'Sherlock Gnomes': un remedo mediocre y sin imaginación

Esta secuela de 'Gnomeo y Julieta' lleva a los protagonistas a Londres para atrapar a un asesino de gnomos con la ayuda de Sherlock y Watson

Foto: Una imagen de 'Sherlock Gnomes', dirigida por John Stevenson. (Paramount)
Una imagen de 'Sherlock Gnomes', dirigida por John Stevenson. (Paramount)

Tomar títulos de trabajos célebres de la literatura universal y alterarlos ligeramente para introducirles total o parcialmente la palabra 'gnomo' no le parecerá una idea particularmente ingeniosa a nadie que tenga más de cinco años. Eso, por otra parte, no impidió la existencia de 'Gnomeo y Julieta' (2011), que reciclaba descaradamente la base argumental de 'Toy Story' (1995) —objetos inanimados, duendes de jardín en el caso que nos ocupa, cobran vida cuando no hay seres humanos alrededor— al tiempo que emprendía la grotesca misión de reformular el drama de los amantes más famosos de la historia despojándolo de tendencias suicidas y limitando el radio de acción a un par de jardines. Contra todo pronóstico, la película obtuvo en su día un éxito comercial más que considerable, de modo que la llegada de esta secuela era solo cuestión de tiempo.

'Sherlock Gnomes' nos presenta a los habitantes de los jardines Capuleto y Montesco unidos e instalados en Londres, donde sus dueños ahora cohabitan; allí, Gnomeo y Julieta se preparan para asumir una posición de liderazgo entre los suyos. Julieta se toma la responsabilidad tan en serio que empieza a ignorar a Gnomeo. La súbita desaparición de sus familiares y amigos, en todo caso, obligará a la pareja a dejar de lado sus diferencias para pedir ayuda al detective gnómico Sherlock Gnomes y su asistente Watson. Juntos, rastrearán una serie de pistas dejadas por el supervillano Moriarty, antigua mascota de una empresa de pasteles reconvertida en asesino de gnomos. En fin.

Otra escena de 'Sherlock Gnomes'. (Paramount)
Otra escena de 'Sherlock Gnomes'. (Paramount)

Además de ofrecernos un arbitrario paseo por la capital británica, la investigación de Sherlock y compañía nos introduce en un mundo carente por completo de coherencia interna, en el que elementos dispares se apilan incómodamente sin cohesión estética alguna. Sirvan como ejemplo, de entrada, los 'hits' de Elton John que llenan la banda sonora. Considerando que no pegan ni con cola con nada de lo que sucede en pantalla, está claro que su inclusión responde únicamente al hecho de que el cantante es uno de los productores de la película.

Elton John es uno de los productores de la película

Asimismo, la personalidad severa de Sherlock y el afán de Watson por hacerse respetar en ningún momento llegan a encajar al lado de todos esos otros personajes que existen solo para servir de chiste fácil —como Mankini, un gnomo que usa el mismo bañador que en su día popularizó Borat—. De hecho, la pareja de detectives se comporta como si hubieran sido lanzados desde el espacio exterior a un universo al que no pertenecen. En realidad, ni siquiera tienen aspecto de gnomos.

Julieta, Sherlock e Irene, en 'Sherlock Gnomes'. (Paramount)
Julieta, Sherlock e Irene, en 'Sherlock Gnomes'. (Paramount)

Por lo que respecta al resto de la película, lo más chocante no es su agresiva mediocridad sino el modo en que desaprovecha sus posibilidades. De haber explotado la absurdidad de su premisa, fácilmente podría haber funcionado como una comedia chiflada razonablemente disfrutable. Sin embargo, no hace nada ni subversivo ni al menos imaginativo con ella. Se contenta con proporcionar una reinterpretación básica de los modelos que la inspiran y aderezarla con algunos chistes tontos y varias insulsas secuencias de acción.

Cartel de 'Sherlock Gnomes'.
Cartel de 'Sherlock Gnomes'.

Al final, se percibe como un remedo de 'Gnomeo y Julieta' pero mucho más liviano; no es que aquella película fuera precisamente intensa, pero había algo ligeramente maníaco en su humor que aquí brilla por su ausencia. Recordemos, por último, que la película pretende enseñar a sus jóvenes espectadores que la clave de una larga relación romántica es el respeto mutuo y la capacidad de escuchar. No está claro, eso sí, qué pinta exactamente un mensaje como ese en una comedieta de aventuras para niños.

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