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'#Sexpact': a las chicas también nos gusta el sexo

Leslie Mann y el campeón de la WWE John Cena protagonizan esta comedia sin pelos en la lengua —en otras partes sí— sobre sexo adolescente y las relaciones paternofiliales

Foto: Ike Barinholtz, John Cena y Leaslie Mann, en un momento de '#Sexpact'. (Universal)
Ike Barinholtz, John Cena y Leaslie Mann, en un momento de '#Sexpact'. (Universal)

Si la comedia española más taquillera bebe de la tradición del humor costumbrista —tópicos regionales, chistes de párrocos y prostitutas—, Hollywood mantiene la caja registradora echando humo gracias a un tipo de películas muy idiosincrásico, centrado en ese rito de paso que son los bailes de graduación, los 'spring breaks' —las vacaciones de primavera— o el verano previo a la entrada en la universidad, y que se fundamentan sobre la santísima trinidad del desbarre: jóvenes sin supervisión, hormonas enloquecidas y cantidades ingentes de alcohol.

Si en los ochenta fue 'Porky's', en los noventa la saga 'American Pie' y en la década pasada 'Supersalidos', ahora '#Sexpact' aspira a convertirse en un nuevo referente del género que, además, reivindica un cambio en el punto de vista de las comedias adolescentes de maduración sexual: ¿por qué, si las chicas también sienten el picorcillo en la entrepierna, siempre son ellos los protagonistas? Porque, "¡extra, extra!, las chicas también nos ponemos cachondas", como proclama uno de los personajes de la irreverente serie animada 'Big Mouth'.

Aunque '#Sexpact' pretende ser rupturista en este sentido, al final se queda a medio camino: el trío de chicas adolescentes con ganas de jarana queda eclipsado por el protagonismo de tres de sus padres, cuyo objetivo es evitar por todos los medios que sus hijas pierdan la virginidad en la noche del baile de graduación. Sin embargo, la película mantiene la crítica al doble rasero que se aplica a la mujer en cuestiones de sexo —ellas pierden la virginidad, ellos ganan experiencia—, y esta ópera prima de la directora, guionista ('Rockefeller Plaza') y productora ('Dando la nota 2 y 3') Kay Cannon se atreve a ir mucho más lejos que la mayoría de las comedias americanas con pretensión de taquillazo: los genitales en primer plano, algún que otro juego poco convencional —una competición de beber cerveza por el recto incluida— y un vocabulario bastante subido de tono han encaminado al filme a la calificación 'R', que en Estados Unidos limita bastante la distribución y el público.

Ike Barinholtz, Leslie Mann y John Cena, en '#Sexpact'. (Universal)
Ike Barinholtz, Leslie Mann y John Cena, en '#Sexpact'. (Universal)

Porque, desde luego, la sutileza no es el fuerte de '#Sexpact', que recurre a frases como "los penes no son para verlos, sino para usarlos, como un desatascador" y que recurre a gags que rinden homenaje a secuencias icónicas de, por ejemplo, 'Este chico es un demonio 2'. Sí, esa escena. Pero la cinta también habla de las inseguridades adolescentes, la exploración de la sexualidad propia, los desafíos de la paternidad y la necesidad de dejar cierta libertad a los hijos para que se desarrollen como adultos independientes y funcionales.

Julie, Sam y Kayla han hecho un pacto para perder la virginidad la noche del baile de graduación

Julie (Kathryn Newton), Sam (Gideon Adlon) y Kayla (Geraldine Viswanathan) han hecho un pacto para perder la virginidad la noche del baile de graduación. Los motivos de las tres chicas son muy diferentes: una quiere sellar su relación con su novio formal, otra aprovechar el momento para pasar a la vida universitaria con cierta experiencia y otra, aunque cree que lo hace para no perder la amistad con el resto, encuentra una oportunidad para conocerse mejor a sí misma. Las situaciones familiares de las tres chicas son también muy diversas; la directora utiliza las tres familias como una declaración de intenciones a favor de los modelos familiares menos tradicionales: la madre soltera, el padre divorciado, la pareja perfecta interracial...

Los protagonistas adolescentes de '#Sexpact'. (Universal)
Los protagonistas adolescentes de '#Sexpact'. (Universal)

Cuando la madre de Julie (Leslie Mann) encuentra en el ordenador una conversación en que las chicas desvelan su pacto, comienza una persecución junto al padre de Kayla (interpretado por el exluchador de WWE John Cena) y el progenitor de Sam (Ike Barinholtz) para torpedearles la noche a sus hijas. Nada excesivamente complejo. '#Sexpact' hereda la estructura de superéxitos como 'Colega, ¿dónde está mi coche?' o 'Dos colgaos muy fumaos', en que los personajes principales se embarcan durante una noche —o un solo día— en una cruzada que les lleva a encontrarse con gente de lo más variopinta y a enfrentarse a pruebas de lo más absurdas para terminar el periplo con una epifanía colectiva.

'#Sexpact' hereda la estructura de superéxitos como 'Colega, ¿dónde está mi coche?' o 'Dos colgaos muy fumaos'

Por un lado, la directora apunta a la superprotección que muchos padres ejercen sobre sus hijas; algunos por prejuicios —"no me puedo creer que pienses que Julie no tiene el mismo derecho a explorar su sexualidad que un chico"—, por miedo a que repitan los errores que ellos mismos cometieron en la adolescencia o por no soportar la idea de pérdida de la inocencia de quienes fueron sus bebés.

Otro momento de '#Sexpact'.
Otro momento de '#Sexpact'.

Además, Cannon también recurre a los equívocos entre generaciones, ya sea por la evolución de las formas de comunicación —emoticonos, abreviaturas— o por la sempiterna falta de comunicación. También hay una revisión de los cánones de la amistad, de la presión grupal y el miedo a la pérdida que existe en la juventud y de los obstáculos sociales para crear nuevos vínculos en la madurez —más allá de los compañeros de trabajo o los vecinos—.

Cartel de '#Sexpact'.
Cartel de '#Sexpact'.

'#Sexpact' demuestra que se puede hacer humor incorrecto sin caer en el insulto, en tópicos raciales y sin reírse de los defectos físicos, y que se puede ser al mismo tiempo integrador y políticamente incorrecto. Sin embargo, '#Sexpact' también es la prueba de que sigue triunfando cierto tipo de humor que no ha renovado sus claves más allá del manido recurso escatológico, a pesar de las ligeras variaciones con las que pretenden disfrazarlo. No es pedir más sofisticación, sino no caer en el gag más trillado. Porque como han demostrado las comedias de Ben Stiller, casi siempre hilarantes, sí se puede.

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