Críticas de cine: 7 días en Entebbe: el avión secuestrado que puso en jaque al Gobierno de Israel
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'7 días en Entebbe': el avión secuestrado que puso en jaque al Gobierno de Israel

Daniel Brühl y Rosamund Pike protagonizan este 'thriller' político basado en hechos reales

Foto: Daniel Brühl y Rosamund Pike protagonizan '7 días en Entebbe'. (E One)
Daniel Brühl y Rosamund Pike protagonizan '7 días en Entebbe'. (E One)

El 27 de junio de 1976, un avión de Air France despegó desde Tel Aviv con destino a París con 248 pasajeros a bordo. Entre ellos, Wilfried Böse (Daniel Brühl) y Brigitte Kuhlmann (Rosamund Pike), dos ciudadanos alemanes relacionados con la tristemente célebre Baader-Meinhof —la banda armada de izquierda radical de la República Federal de Alemania—, y dos miembros del Frente Popular para la Liberación Palestina, quienes habían planeado el secuestro del avión para negociar con el Gobierno de Israel el pago de 5 millones de dólares y la liberación de medio centenar de militantes palestinos. Su idea: desviar el avión hasta una terminal abandonada en la ciudad ugandesa de Entebbe —el país estaba presidido entonces por el excéntrico, sanguinario e imprevisible dictador Idi Amin (Nonso Anonzie)— y obligar al ejecutivo de Isaac Rabin (Lior Ashkenazi) a plegarse a sus demandas bajo la amenaza de asesinar a los pasajeros con pasaporte israelí.

El director brasileño José Padilha ('Tropa de élite', 2007; 'RoboCop', 2014) recupera este episodio de la historia en '7 días en Entebbe', donde mezcla su estilo cercano al documental de guerrilla —cámara en mano, paneos largos y seguimiento de los personajes— con la estructura propia del 'thriller' político. Porque aunque la película comience en clave de acción, las disensiones dentro y entre las diferentes facciones enfrentadas y la estrategia política y militar a seguir van cogiendo peso: Padilha ahonda en las motivaciones de ambos bandos y construye unos personajes entre la espada y la pared, cuyos ideales son loables pero que se ven arrastrados por un conflicto que les trasciende.

Un fotograma de '7 días en Entebbe'. (EOne)
Un fotograma de '7 días en Entebbe'. (EOne)

Por un lado, Padilha retrata a Böse y a Kuhlmann como dos idealistas inconscientes de las repercusiones de sus actos. Böse se presenta como un editor de libros de ideología izquierdista que decide pasar a la acción ante la imposibilidad de provocar un cambio práctico y que enfoca su lucha contra las injusticias hacia el pueblo palestino en la acción armada. "Yo lo que quiero es lanzar bombas a las conciencias de la gente", proclama.

"Yo lo que quiero es lanzar bombas a las conciencias de la gente", proclama uno de los terroristas

Por su parte, Kuhlmann siente parte de culpa por la muerte en la cárcel de Ulrike Meinhof, una de las líderes de la Baader-Meinhof, y por la decadencia de un proyecto que necesita un gran golpe para volver a atraer la atención mediática y provocar un efecto contagio entre asociaciones afines. Desde el primer momento se preocupan por el bienestar de los pasajeros del avión —"es mejor mostrar compasión", dicen— y les inquieta que relacionen su acción —alemanes amenazando a judíos— con una reivindicación de la ideología nazi.

Mark Ivanir, Eddie Marsan, Peter Sullivan y Lior Ashkenazi como el Gobierno de Israel. (E One)
Mark Ivanir, Eddie Marsan, Peter Sullivan y Lior Ashkenazi como el Gobierno de Israel. (E One)

Al otro lado de la negociación, a Rabin se le plantea un dilema de difícil solución: mantenerse inflexible ante las demandas de los terroristas o responsabilizarse de la muerte de cientos de inocentes en caso de que los secuestradores cumplan sus amenazas. Rabin y Shimon Peres (Eddie Marsan) quedan retratados como políticos templados y pacifistas, hombres íntegros que se encuentran entre la espada y la pared y a los que no les importa el descrédito político o la pérdida del poder con tal de evitar que la tensión escale.

Padilha imagina la tensión de los siete días en los que el Gobierno de Israel discutió poner en marcha o no la Operación Trueno

Con el Ejército presionando para responder al ataque con una acción que conlleva la violación de la soberanía de Uganda, las familias de los secuestrados pidiendo responsabilidades yKissinger recomendando que "es mejor que muera todo el mundo a negociar", Padilha imagina la tensión de los siete días de reuniones y gabinetes de crisis por un lado y de reclusión en Entebbe por otro, que llevaron a la puesta en marcha de la Operación Trueno para rescatar a los rehenes.

Denis Ménochet es el capitán del vuelo de Air France secuestrado. (E One)
Denis Ménochet es el capitán del vuelo de Air France secuestrado. (E One)

'7 días en Entebbe' es, en realidad, una cinta antibelicista que se acerca al lado más humano de todos los actores afectados: desde los pasajeros secuestrados —alguno de ellos habían sido además víctimas de los campos de concentración nazis tres décadas atrás—, el soldado que se juega la vida en la maniobra de rescate o el terrorista que perdió a su familia a manos del Ejército israelí, hasta el político que intenta tomar la decisión más benigna dentro de las circunstancias. Una película bienintencionada que desdeña las capacidades de cambio real de las ideas —incluso las censura por perpetuar las rivalidades— y que apela al pragmatismo, a las repercusiones prácticas en la vida de las personas: "un solo ingeniero vale 50 veces más que un revolucionario".

Cartel de '7 días en Entebbe'.
Cartel de '7 días en Entebbe'.

Padilha despliega una puesta en escena efectiva y sencilla hasta las últimas secuencias, cuando toma la decisión más incongruente, arriesgada y fallida en su narración: intercala la acción final con una alegoría pretenciosa e ineficaz que saca al espectador de la tensión de la resolución de la historia. Además, '7 días en Entebbe' acaba funcionando mejor en su faceta de 'thriller' que como crítica madura al enfrentamiento histórico entre Israel y Palestina, a los que coloca al mismo nivel de responsabilidad, para acabar aplaudiendo los intentos reales de políticos como Rabin o Peres de rebajar la tensión de la zona, pero también de figuras mucho más controvertidas, como la de Benjamín Netanyahu: al final, las buenas intenciones se imponen a la trascendencia y el análisis del relato.

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