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'El gran showman': El hombre que inventó la industria del entretenimiento

A pesar de su propuesta ambiciosa, 'El gran showman' no levanta el vuelo como musical, y como gran producción en torno a la figura de P. T. Barnum resulta sosa y autoindulgente

Foto: Fotograma del filme
Fotograma del filme

Poco conocido por nuestras lares, P.T. Barnum entendió de forma pionera el entretenimiento de masas como un negocio al que se le podía sacar mucho partido. A mediados del siglo XIX, este antiguo oficinista desembarcó en Nueva York para abrir una de las atracciones más populares de su época. El Museo Americano de Barnum's recogía la tradición de los gabinetes de curiosidades y cuartos de maravillas que proliferaron en Europa durante los siglos de las grandes exploraciones, los avances científicos y las empresas coloniales, y la aunaba con el sentido del espectáculo propio de los 'freak shows' y las ferias ambulantes.

En el establecimiento se exhibían, entre muchos otras 'curiosidades', la sirena de las Fiji, un supuesto híbrido mitad mono mitad pez; el general Pulgarcito, un personaje al que daba vida el actor afectado de enanismo Charles Sherwood Straton; la bailarina nativoamericana Fu-Hum-Me; o los ya entonces famosos gemelos Chang y Eng, que inspiraron el término de hermanos siameses. El concepto de negocio de Barnum pasaba por una estrategia de promoción a lo grande con historias imaginativas en torno a los participantes en sus espectáculos, bombardeo informativo sobre sus espectáculos y su implicación directa como principal maestro de ceremonias. Barnum convirtió su nombre en marca y devino algo así como el primer gran empresario de la industria del entretenimiento de masas antes de pasarse a la política cuando su negocio se fue al traste debido a diferentes percances.

Como relato, el filme adopta el típico arco narrativo de un 'biopic' sobre el hombre hecho a sí mismo al estilo norteamericano

Barnum es el centro de 'El gran showman', el musical protagonizado por Hugh Jackman en torno a su compleja figura. Debut en el largometraje del también australiano Michael Gracey, la película arranca con cierta intención de emular el 'Moulin Rouge' de Baz Luhrmann (otro 'aussie') en su actualización posmoderna de los aires grandiosos del musical clásico y en su reivindicación del espectáculo como artificio de deleite popular que debe ser celebrado. Como relato, el filme adopta el típico arco narrativo de un 'biopic' sobre el hombre hecho a sí mismo al estilo norteamericano. Barnum se nos presenta como el humilde hijo de un sastre enamorado de Charity, una niña bien a la que promete prosperar en los negocios para garantizar a la chica de sus sueños (Michelle Williams) el estilo de vida al que está acostumbrada. Ella sin embargo se conforma con la rutina sencilla pero feliz que mantiene con su marido y sus dos hijas mientras él intenta labrarse el camino hacia el éxito económico.

Michelle Williams y Hugh Jackman en una secuencia de la película.
Michelle Williams y Hugh Jackman en una secuencia de la película.

Barnum configura el espectáculo que lo hará rico a base de contratar a personas en aquellos momentos consideradas exóticas o insólitas: la mujer barbuda, la pareja de hermanos afroamericanos trapecistas (Zendaya y Yahya Abdul-Mateen II), Charles Straton, el hombre más pesado del mundo... Además se alía con un dramaturgo de procedencia noble, Phillip Carlyle (Zac Efron), para ampliar su empresa y convierte la gira estadounidense de la soprano sueca Jenny Lind (Rebecca Ferguson) en su intento de llegar a ese público y crítica cultos que desprecian su otra línea de negocio.

'El gran showman' es un ejemplo paradigmático de cómo Hollywood construye su propio relato, edulcorado, simplista y mixtificador, en torno a esa industria del entretenimiento de la que es máximo representante. Aunque parece ser cierto que la mayoría de trabajadores de Barnum mantenían buenas relaciones con el empresario, el filme presenta la explotación de aquellas personas consideradas diferentes en la época no solo como una oportunidad laboral para quienes estaban condenados a la invisibilización y al estigma. Además enmarca al grupo de empleados en el museo-circo en una reivindicación de la diversidad y del empoderamiento a través del mundo del espectáculo acorde con los tiempos actuales. Esta lectura forzada y dulcificada en clave contemporánea de los 'freak shows' llega a su punto más delirante en la historia de amor que protagonizan los personajes de Zac Efron y Zendaya, convertidos en una variante interracial e interclasista de Romeo y Julieta. Su romance metido con calzador en el filme solo se explica por la probable necesidad de la película de apelar también al público más joven.

Secuencia de 'El gran showman'.
Secuencia de 'El gran showman'.

De P.T. Barnum se eliminan todos los matices oscuros, dudosos o siniestros. Su práctica sistemática del engaño a la hora de vender sus 'curiosidades' se justifica por la necesidad de construir relatos propia del mundo del espectáculo. Trazado según el prototipo positivo del empresario hecho a sí mismo, Barnum encuentra una oportunidad en cada crisis y extrae un aprendizaje de cada fracaso. Cuando el protagonista acaba sufriendo las consecuencias de explotar su ambición más allá de sus posibilidades y olvida así a sus dos familias, la institucional y la del circo, en el fondo cumple de lleno con uno de los cánones de este tipo de narrativa: el tropezón permite al personaje recuperar la gracia y volver a conjugar negocios y familia tal y como manda el sistema de valores estadounidense. El filme tampoco ahonda en esa reivindicación del entretenimiento popular vapuleado durante siglos por la prensa especializada y por el público que convierte la cultura en un signo de estatus social.

Como musical, 'El gran showman' tampoco levanta el vuelo. Aunque algunos números y canciones resultan lo suficientemente pegadizos, las coreografías no alcanzan el frenesí febril y eufórico que sintonizaría con el propio sentido del espectáculo que quería transmitir Barnum. El momento del filme que linda más con el ridículo es el solo de la soprano sueca. La escena pretende trasmitir el 'summum' de lo culto en oposición al espectáculo de feria, pero todo suena como una imitación de Adele interpretada en un 'talent show'.

Cartel de 'El gran showman'.
Cartel de 'El gran showman'.

Más preocupada por funcionar como una gran producción destinada a toda la familia, 'El gran showman' diluye bajo la hipócrita visión de lo políticamente correcto propia de Hollywood los elementos más complejos y oscuros que habrían valido la pena explorar en este 'biopic' musical del pionero de la industria del entretenimiento. 'El gran showman' podría haber sido un cruce magnífico entre 'Moulin Rouge' y 'Ciudadano Kane', pero se queda en la versión 'disneyficada' de 'Freaks, la parada de los monstruos'.

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