Críticas de cine: El gran desmadre (Malas madres 2): contra la dictadura de la maternidad. Noticias de Cine
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'El gran desmadre (Malas madres 2)': contra la dictadura de la maternidad

Jon Lucas y Scott Moore invitan a otra generación de progenitoras a la fiesta para acabar ofreciendo una comedida comedia navideña sobre la reconciliación materno-filial

Foto: 'El gran desmadre (Malas madres 2)'.
'El gran desmadre (Malas madres 2)'.

La primera entrega de 'Malas madres' pretendía ser el revulsivo en forma de comedia a la era de la hipermaternidad. La protagonista, Amy (Mila Kunis), encarna a una mujer que descubre la realidad oculta tras la imagen de familia ideal en la que ha intentado encajar. Intenta conciliar su trabajo en una empresa 'hipster' con llevar al perro al veterinario, complacer a su marido y cumplir con las infinitas obligaciones que le exigen sus hijos adolescentes. Hasta que un día descubre a su esposo poniéndole los cuernos 'online'. Amy decide separarse y empezar a tomarse las cosas de otra manera. Y su imagen de madre “imperfecta” se acrecienta a ojos de parte de su entorno.

Pero encuentra una complicidad inesperada en otras dos mujeres que llevan a sus hijos a la misma escuela y responden a otras formas de maternidad poco modélica. Carla (Kathryn Hahn, una de esas secundarias imprescindibles en múltiples comedias) encarna a la cuarentona heterodoxa y alternativa siempre dispuesta a salir de marcha. Madre soltera, ni tan siquiera se molesta en adoptar la típica retórica de la adoración hacia su hijo igualmente imperfecto. Y Kiki (gran Kristen Bell, la tapada de la película) se situaría en las antípodas de Carla, al borde siempre del colapso por ser incapaz de rebelarse ante un escenario que implica que ella sola se encargue de cuatro retoños y encima no pierda su sonrisa de ángel.

Las tres mujeres hacen piña ante otro trío en este caso maléfico, el que comanda Gwendolyn (Christina Applegate, perfecta como supervillana) en la Asociación de Madres, una visión del 20 años después de la típica tríada de 'bitches' que aparecen en todas las comedias de instituto estadounidenses. Esta era, de hecho, una de las ideas más potentes del film: mostrar cómo las tres chicas “perfectas” de la secundaria que miran con desdén al resto de la humanidad devienen tres madres “perfectas” que siguen ejerciendo una actitud censora y represiva hacia quien no se ajuste a su visión ortodoxa del rol de la mujer en la sociedad. Para dejar claro, finalmente, que no dejaban de ser otras víctimas de un mismo sistema.

'Malas madres' se apuntaba desde esta crítica a la dictadura de la hipermaternidad a la tendencia actual de las comedias del desmadre femenino. Aquí eran estas protagonistas sobrepasadas por las múltiples obligaciones a las que se las sometía por el simple hecho de ser mujeres y madres las que descubrían que también podían desmelenarse. La diversión entendida como derecho inalienable que las féminas tienen que reconquistar cuando devienen esposas y madres. Pero el film también presentaba una contradicción recurrente en este tipo de películas: como comedia resultaba mucho menos transgresora de lo que pretendía, incluso y sobre todo respecto a sus homólogas masculinas, poniendo de manifiesto que también en el cine a las mujeres se les concede menos margen de libertad que a los hombres.

Un desfase... dócil

La segunda entrega de 'Malas madres' continúa en su registro de comedia del desfase en su versión más dócil. Pero esta vez además se decanta por funcionar como una típica película navideña que aboga por la unión familiar aquí tras darle una vuelta a las relaciones materno-filiales. Si en la primera entrega, las némesis de las protagonistas eran ese trío de mariperfectas de la Asociación de Madres, aquí serán sus propias progenitoras. La Nochebuena atrae a sus respectivos hogares a las madres de Amy, Carla y Kiki, que representan a su vez tres otras formas equivocadas de entender la maternidad. La de Amy, Ruth (Christine Baranski en un papel muy parecido al que interpreta en 'Big Bang Theory' como madre terrible de Leonard), toma el testigo de ejercer de madre hiperperfecta y represora de otras madres; la de Carla, Isis (“como el grupo terrorista”, aclara Susan Sarandon, que podría estar mucho mejor), resulta incluso más alternativa que ella; y la de Kiki, Sandy (bien por Cheryl Hines, que daba vida a la esposa de Larry David en 'Curb Your Enthusiasm'), monta su vida de forma asfixiante en torno a su hija.

El film se centra más en las peliagudas relaciones madre/hija que en las posibilidades cómicas de tener al doble de madres despendoladas

'El gran desmadre' acaba centrándose mucho más en las siempre peliagudas relaciones madre e hija que en explorar las posibilidades cómicas de disponer del doble de madres despendolándose. Scott Moore y Jon Lucas, otra vez directores y guionistas, son conscientes del filón dramático que supone abrir estas cajas de Pandora. Pero hay algo tremendamente perverso en cómo plantean el asunto. En los tres casos estamos ante vínculos conflictivos ligados al rol maternal y en los tres casos se responsabiliza a las mujeres y solo a las mujeres de que hayan ejercido su maternidad desde alguna perspectiva equivocada. Ninguna intención de abrir el marco para cuestionar la presión social que reciben las protagonistas de ambas generaciones o interrogarse respecto al rol de los hombres. El concepto de patriarcado, por supuesto, brilla por su ausencia. El film subraya su conservadurismo en la forma en que censura el comportamiento de la menos convencional de todas ellas, la que interpreta Susan Sarandon.

'El gran desmadre'.
'El gran desmadre'.

Para más inri, en la secuela los momentos de comedia también son más escasos. Aunque hay que señalar que el film presenta una de las secuencias más divertidas del año, aquella en la que Carla, por cosas de su trabajo, tiene que depilar a un 'stripper'. Y se enamora de él cuando el chico asume con total normalidad la aplicación de cera caliente en su zona púbica. El contrapunto entre los chasquidos de la cera siendo retirada y el rostro plácido del hombre (réplica del rol que puso de moda Channing Tatum en 'Magic Mike', el del 'stripper' romántico) proporcionan las mejores risas de la película. Pero en general, 'El gran desmadre' es una de esas películas que aparenta invitar a las mujeres a desmarcarse de sus roles impuestos cuando al final solo les marca los momentos de desahogo necesarios para que sigan ejerciendo, en el fondo, de madres (casi) perfectas.

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