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'Emoji': la peor película de animación de los últimos tiempos

En algún despacho de Hollywood alguien pensó que la vida interior de un emoticono podría resultar tan interesante como para hacer una película. Se equivocaba

Foto: Un fotograma de 'Emoji: la película'. (Sony)
Un fotograma de 'Emoji: la película'. (Sony)

En algún despacho de un estudio de Hollywood un día alguien pensó en lo interesante que sería conocer la vida interior de los emoticonos. Exacto. Alguien quiso ahondar no en la historia que había detrás de los 'emojis', sino dentro de ellos. Profundizar en la razón de la aflicción de la cara llorosa, el trasfondo étnico de la flamenca bailonga o la prospectiva vital de una boñiga parda. Probablemente, ese alguien hizo la conexión mental entre los emoticonos y las emociones protagonistas de 'Del revés' (2015) y llegó a la conclusión ilusoria de que repetir la fórmula del clásico instantáneo de Pixar —Oscar a mejor película de animación— sería pan comido.

Con el público infantojuvenil en la palma de la mano —porque si a la chavalería le gustan los móviles, seguro que una película sobre 'smartphones' le resulta apasionante—, solo quedaba añadir cierta dosis de conflicto existencial y una moraleja positivista y digestiva para contentar a ese público adulto al que no le queda más remedio que alcahuetear en las proyecciones de animación. El resultado, sin embargo, ha sido la peor cinta de animación de los últimos tiempos: 'Emoji: la película' es el producto plano y desganado de una idea inconsistente y vacía y que, para colmo de males, ni siquiera es mínimamente entretenida.

'Emoji: la película' es el producto plano y desganado de una idea inconsistente y vacía

Y es que la desgana es tal que llama la atención. Una apatía que no es solo la base de un guion previsible y superficial —un protagonista inadaptado que se lanza a una aventura para encontrarse consigo mismo y descubrir su propósito en la vida, eso sí, sin pisar ningún callo y con un humor blanco y fácil— y unos protagonistas esbozados y pueriles, sino que impregna desde el diseño de los personajes —los emoticonos protagonistas no son mucho más sofisticados que los que ofrece WhatsApp— y la factura general de la animación, que en algunos aspectos recuerda más a un programa educativo infantil estilo 'Chuggington' que a lo que se le presupone a una producción de gran presupuesto y recorrido comercial internacional.

Un fotograma de 'Emoji: la película'. (Sony)
Un fotograma de 'Emoji: la película'. (Sony)

"El mundo en el que vivimos. Es tan asombroso, misterioso e incluso mágico. El 'smartphone'. Cada uno de sus sistemas, programas y aplicaciones es su propio miniplaneta de tecnología perfecta", presenta una voz en 'off', la del protagonista, Gene (doblado por Quim Gutiérrez), un emoticono nacido en una familia con tradición de 'bah' —es decir, con el cometido vital de mostrar indiferencia o desdén—, pero que es capaz de mimetizarse con cualquiera de las otras emociones. ¿Alguien ha visto la saga 'Divergente'? Gene vive en Textópolis, una ciudad en la que todos sus habitantes están programados para hacer una única cosa —"la cara llorica siempre tiene que llorar, incluso si acaba de ganar la lotería, y la cara que ríe siempre tiene que reírse, aunque se acabe de romper el brazo"—, atrapados en un perverso sistema utilitarista.

Gene vive en Textópolis, una ciudad en la que todos sus habitantes están atrapados en un perverso sistema utilitaristaEl día en el que por fin se va a estrenar como parte productiva en el móvil de Álex —un adolescente hiperconectado que intenta que su amor platónico le haga caso mandándole mensajitos—, Gene sufre pánico escénico y es incapaz de cumplir la que, en teoría, es su única misión en la vida: poner cara de indiferencia. Por ello tendrá que presentarse en el despacho de Sonrisas (Úrsula Corberó) —quizás el personaje más interesante de la película—, que tras su eterna ídem en el rostro esconde una vena totalitaria y maquiavélica y que quiere castigar a Gene... con la eliminación. De nuevo, ¿alguien se acuerda de 'Divergente?

También hay lugar para el emoticono de la caca. (Sony)
También hay lugar para el emoticono de la caca. (Sony)

A partir de ahí comienza la 'app-ventura' —no, el intento de gracia no es de la que escribe—, que consiste en una sucesión de pruebas con las que Gene se topa en su huida, al saltar de aplicación en aplicación dentro del 'smartphone'. Desde el celebérrimo 'Candy Crush' hasta 'Just Dance', el protagonista tendrá que superar los retos de los distintos programas mientras escapa de unos robots aniquiladores con la ayuda de Choca Esos Cinco (una mano con la voz de Carlos Latre) y Rebelde (una 'emoji' díscola con la voz de Macarena Gómez). Y lo sorprendente es que para desarrollar la trama de esta película hayan sido necesarios tres —¡tres!— guionistas.

Cartel de 'Emoji: la película'.
Cartel de 'Emoji: la película'.

Queriendo parecerse a 'Del revés' —en este caso se apuesta por una moraleja del estilo sé tú mismo, escucha tu corazón, expresa tus sentimientos—, 'Emoji: la película' es un artefacto cándido y trivial que parte del error de base que es su premisa. El filme de Tony Leondis —que dirige aquí su segundo largometraje de cine— nació con la balanza inclinada hacia el interés comercial y descuidando los aspectos artísticos y emocionales, sin poder ocultar su falta de pasión. Esa pasión que alaban los diálogos de los personajes, pero que falta en cada uno de los fotogramas. Y eso se llama impostura o cinismo. Y el resultado es que, al contrario que el protagonista, que no puede dejar de hacer muecas y poner caretos, al espectador se le acaba quedando congelado un rictus. Efectivamente, el de indiferencia.

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