El arte de la castración según Sofia Coppola
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octava jornada del festival de cannes

El arte de la castración según Sofia Coppola

Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning y Colin Farrell protagonizan 'La seducción' ('The Beguiled') la nueva versión del cuento gótico de venganza femenina de Thomas Cullinan

placeholder Foto: Colin Farrell rodeado de Kirsten Dunst, Sofia Coppola, Nicole Kidman y Elle Fanning en Cannes | Reuters
Colin Farrell rodeado de Kirsten Dunst, Sofia Coppola, Nicole Kidman y Elle Fanning en Cannes | Reuters

'The Beguiled' de Sofia Coppola, la nueva versión de 'The Painted Veil' de Thomas Cullinan que ya llevó al cine Don Siegel con el título español de 'La seducción', arranca como un cuento oscuro. En plena Guerra de Secesión estadounidense, en un lugar recóndito del sur del país, una niña pasea por el bosque recogiendo setas hasta que topa con un lobo en forma de un yanqui herido. Decide recogerlo y llevarlo al internado para señoritas donde reside, en el que solo quedan cinco alumnas, una profesora, Edwina (Kirsten Dunst), y la directora, la señorita Martha (Nicole Kidman).

Las mujeres adultas no han visto a un hombre desde hace mucho tiempo. La carencia de una vida sexual y emocional se pone de manifiesto con la llegada del joven, John (Colin Farrell), que altera la mortecina estabilidad del lugar. Aunque el sentido común invita a entregar el soldado enemigo a las tropas sudistas, la señorita Martha decide, después de lavar su cuerpo maltrecho, que es mejor mantenerlo en la casa.

La primera mitad de 'La seducción' muestra cómo el hombre despierta unas sexualidades adormecidas o reprimidas con el fin de favorecer sus propios intereses. Sin necesidad de moverse de la habitación en que yace postrado, John deviene el centro de gravedad de la residencia. La seducción masculina en este caso es un arma de poder para retomar el control en este matriarcado insólito. Sofia Coppola empapa de cierta ironía las rodeos y subterfugios con que las protagonistas expresan sus ansias de agradar al hombre en una época en que las mujeres no podían explicitar su deseo.

Sofia Coppola empapa de cierta ironía las rodeos y subterfugios con que las protagonistas expresan sus ansias de agradar al hombre

Cuando estalla el drama y se descubren las artimañas del soldado, la mayoría de mujeres vuelve a hacer piña para eliminar este elemento extraño que ha puesto en peligro su comunidad. La venganza, también ejecutada desde cierto sentido del humor, arranca con la amputación de una pierna supuestamente gangrenada que tiene mucho de ritual de castración.

Resulta muy lógico que una directora que debutó con 'Las vírgenes suicidas' se interese por otra historia de mujeres que viven juntas y comparten cierta desidia ante la vida exterior. Exquisita, cómo no, en su recreación de esta mansión sudista donde habitan las protagonistas como aisladas en el tiempo, Coppola sin embargo no sobrecarga de preciosismo su película, lo que no impide la presencia de detalles en que el horror se expresa a través de acciones tradicionalmente femeninas como la de saber zurcir con precisión. Coppola sumerge a los personajes en un ambiente brumoso generado por una iluminación a base de velas que subraya ese punto de cuento de hadas oscuro de la película.

Coppola sumerge a los personajes en un ambiente brumoso generado por una iluminación a base de velas

Fascinante muestra de gótico sureño, 'El seductor' de Siegel resultaba a la vez ejemplo y reflejo de la misoginia que caracterizó buena parte del cine estadounidense de los setenta como reacción a los movimientos feministas de la época. Así el film estigmatizaba las complejas relaciones con su propia sexualidad que mantienen las tres protagonistas: la señorita Martha (Geraldine Page) escondía un pasado incestuoso, a Edwina el soldado la tildaba de "puta virgen" y la alumna en pleno despertar sexual se representaba como una 'nymphette'. Además Siegel dibujaba este universo femenino cerrado como un espacio endogámico y estéril: la irrupción del soldado yanqui provocaba incluso que las gallinas volvieran a poner huevos.

Sin necesidad de cargar el film de un feminismo propio de nuestra época ni de cambiar la psicología de los personajes, Coppola lo despoja de esta pátina misógina. Además elimina uno de los elementos claves de cualquier gótico sureño, la cuestión esclavista, al prescindir del personaje de Hallie, la mujer afroamericana que ha trabajado toda la vida como sirvienta en la mansión.

Coppola lo despoja de esta pátina misógina y elimina uno de los elementos claves de cualquier gótico sureño: la cuestión esclavista

Tampoco recurre a los 'flashbacks' que en la película de Siegel proporcionaban información sobre el pasado de algunos personajes. Así, 'La seducción', que no sobrepasa la hora y media de duración, despliega una narrativa concisa y directa propia casi de un cuento gótico de serie B. Y al tiempo retrata con deliciosa ironía una historia de venganza en femenino en un espacio cerrado en que el poder ya no lo ejercen los hombres.

Sin resultar esa contundente obra maestra que todos estamos esperando todavía en Cannes 2017, 'La seducción' supone uno de los títulos más estimulantes de una sección oficial previsible y aburrida. Durante esta jornada también se ha presentado 'Rodin' un biopic del escultor francés más plúmbeo de lo que se esperaba. Lo más suculento de este film protagonizado por Vincent Lindon es el paralelismo que el director Jacques Doillon marca entre la obra del autor de 'El beso' y la suya propia en una una reivindicación del cuerpo en movimiento como expresión última de la vitalidad y el deseo.

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