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'Suburra', un viaje a las cloacas del poder
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ESTRENOS DE CINE

'Suburra', un viaje a las cloacas del poder

El italiano Stefano Sollima dirige este filme de historias cruzadas que se unen en la inmundicia moral y ética de todas las capas de poder en una Italia enferma de corrupción

Foto: Fotograma de 'Suburra'.
Fotograma de 'Suburra'.

Cloaca.

Del lat. cloāca

1. f. Conducto por donde van las aguas sucias o las inmundicias de las poblaciones.

2. f. Lugar sucio e inmundo.

3. f. Zool. Porción final, ensanchada y dilatable del intestino de las aves y otros animales, en la cual desembocan los conductos genitales y urinarios.

Tres acepciones totalmente válidas para la Italia que presenta Stefano Sollima, que bajo la belleza del arte y la arquitectura clásica esconde una red de cloacas interconectadas desde el rincón más pío del Vaticano hasta los escaños corruptos del Parlamento de la República y los burdeles y chiringuitos regentados por las familias de la mafia romana. Unas cloacas que hieden a genitales, a sexo con menores, a políticos que orinan sobre la voluntad de los ciudadanos que los eligieron, a heroína y cocaína esnifada con dinero sucio, a voluntades compradas y cadáveres macilentos sorprendentemente cerca de birretes escarlata cardenalicios. Un apasionante 'thriller' que se torna descorazonador al descubrir que la trama bebe de las aguas turbias del caso Mafia Capital, que en 2011 implicó a más de un centenar de personas tan variopintas como un exministro de Berlusconi, Gianni Alemanno, o el exterrorista reconvertido en mafioso Massimo Carminati.

Tráiler de 'Suburra'

Sollima dirige un filme sólido, cuidado y poderoso, en el que consigue entrelazar con destreza los diferentes hilos que atan las manos de un representante del Parlamento a las ansias de poder de la más baja estofa del hampa italiano a raíz de un incidente de lo más sórdido que innegablemente destruiría su carrera política, su imagen y a su familia. Mafiosos gitanos en las altas esferas, accidentes que no lo son tanto, compra de voluntades, signos políticos y la ambición de repartirse un jugoso pastel sabor recalificación y licitación cocinado al calor de un proyecto urbanístico que pretende convertir la costa de Ostia en la nueva Las Vegas. Que nadie mire de reojo a Eurovegas.

Sollima comienza su tour romano por los pasillos dorados del Vaticano para ir sumergiéndose poco a poco en un lodo que esconde muchos cadáveres, pasados y futuros

Sollima comienza su 'tour' romano por los pasillos dorados del Vaticano para ir sumergiéndose poco a poco en un lodo que esconde muchos cadáveres, pasados y futuros, que, como arenas movedizas una vez puesto un pie encima, atrapa, succiona y arrastra hasta el fondo, sin posibilidad de acabar con los zapatos sin enmerdar. Unas arenas movedizas que no distinguen de clases ni de rangos, y que se pasan por el forro la sensación de impunidad tanto de los que gobiernan a la luz como de los que lo hacen a la sombra, que en su endiosamiento olvidan que de una pedrada lo suficientemente fuerte a cualquiera se le puede tirar del Olimpo. Los de arriba también son de carne, y la carne es débil, tanto a los impulsos como a los vicios o al acero de una navaja.

Todo comienza el 5 de noviembre de 2011, siete días antes del comienzo del Apocalipsis. Sollima presenta, uno a uno, los cabos que acabarán confluyendo cuando estallen las cloacas que cimentan la estructura de poder en Roma. Filippo Malgradi (Pierfrancesco Favino, actor de 'Rush', 'Guerra Mundial Z' y 'Ángeles o demonios'), senador, padre y esposo aparentemente ejemplar con un fetichismo oculto que implica a menores de edad, prostitución y drogas duras. Un joven sacerdote de la cámara del Papa (Davide Iacopini) que prevé que se avecinan cambios a la cabeza del Vaticano. Sebastiano (Elio Germano), un publicista que organiza fiestas para las altas esferas, a las que nutre de 'escorts' y emociones fuertes a discreción. Número 8, un cabecilla de la mafia de Ostia con más huevos que cerebro, que quiere imponer el nuevo modelo sobre la familia tradicional. Una familia tradicional representada por Samurai (Claudio Amendola), que durante su reinado ha conseguido la paz entre facciones. Y Manfredi Anacleti (Adamo Dionisi), el patriarca de la mafia cíngara, visceral, temperamental y al que la autoridad le trae más bien sin cuidado. Un cóctel explosivo con olor a pólvora y fluidos corporales.

El espectador queda atrapado por una sensación inicial de incredulidad del relato y el exhibicionismo impúdico de ese 'horterismo' báquico tan 'made in Italy'

Sollima, director también de la serie 'Gomorra', sigue la estela de podredumbre de la sociedad romana basculando entre la estética de la puesta en escena y la vulgaridad de lo retratado. La cámara encuadra de forma cuidada el feísmo de lo retratado, que de tan feo se vuelve irresistible, y el espectador queda atrapado por una sensación inicial de incredulidad ante el relato —basado en hechos reales, cabe recordar— y el exhibicionismo impúdico de ese 'horterismo' báquico tan 'made in' Italia.

placeholder Cartel de 'Suburra'.
Cartel de 'Suburra'.

Salvo en un pequeño traspié de guion a raíz de un tiroteo mal justificado, 'Suburra' secuestra al espectador de principio a fin a través de un reparto convincente, un abanico de personajes que retuercen sus principios como contorsionistas soviéticas para salvar el pellejo. Aquí solo une la sangre, en todos los sentidos. El resto es fácilmente traicionable.

Un, dos, tres.... y hasta siete, los días previos al Apocalipsis, a la caída de Dios en la tierra, del Estado, al estallido de muerte y destrucción que haga aflorar la putrefacción que todo lo anega y que todo lo traga. Un tapiz perfectamente hilado que representa el terrible escenario dantesco en el que se ha convertido la política actual en muchos países europeos y que, tras años de 'omertá' y tolerancia en todos los estratos de la sociedad, ha visto cómo quedaban al desnudo todos sus pecados. Pero lamentablemente queda la sensación de que tras el Apocalipsis, nadie espera el Juicio Final.

Foto: Fotograma de 'The Beatles: Eight Days a Week'.
Foto: Fotograma de 'Los hombres libres de Jones'.

Cloaca.

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