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'El Principito', el negocio amañado de la vida adulta

Original adaptación animada del texto de Antoine de Saint-Exupéry

Foto: Fotograma del filme.
Fotograma del filme.

Por si hay alguien ahí que no lo conoce: 'El Principito' es uno de los libros más vendidos de la historia, y ha sido traducido a más de 250 idiomas. Ha sido reimaginado en forma de ópera, de ballet, de montaje teatral, de 'anime', de cómic, de serie de televisión y de película de acción real malísima dirigida por Stanley Donen. Inspirado en un incidente sucedido a su autor, Antoine de Saint-Exupéry, que quedó varado en el Sáhara tras el aterrizaje forzoso de la avioneta que pilotaba entre París y Saigón en 1935 —y que en el desierto experimentó intensas alucinaciones a causa de la deshidratación, hasta que un nómada salvó su vida—, un narrador sin nombre estrella su avión y encuentra al personaje del título, un niño que asegura proceder de un planeta lejano del que es el único habitante, y que le describe sus visitas a otros lugares de la galaxia que son todos una versión absurda de la Tierra.

'El Principito', el negocio amañado de la vida adulta

El librito es parte cuento de hadas, parte sátira, parte meditación filosófica sobre la naturaleza de la amistad en un universo solitario y, por último, parte lamento por la pérdida de inocencia y entusiasmo que la adultez conlleva. En otras palabras, en realidad tiene más bien poco de ficción infantil. ¿Cómo adaptarlo en una película de animación moderna que atraiga a los niños? Y, de paso, ¿cómo expandir la historia original, que en realidad no alcanza de ningún modo para llenar un largometraje entero? El modo en que esta película dirigida por Mark Osborne soluciona ambas cuestiones hace que sea menos una adaptación que un homenaje, uno que convierte la relación entre el libro y aquellos que lo aman en su eje central.

En realidad, el filme pasa sorprendentemente poco tiempo con el Principito y sus aventuras —durante los primeros 20 minutos de metraje, de hecho, el chaval no aparece en absoluto—, y Osborne las envuelve de una historia nueva, protagonizada por una estresada niña cuya madre le tiene la vida programada al minuto y cuyo nuevo vecino, un excéntrico aviador, resulta ser la versión anciana del narrador de la novela de Saint-Exupéry.

La niña pasa las vacaciones de verano encorvada sobre las memorias ilustradas del aviador, que detallan sus aventuras con el Principito y, mientras su madre la atosiga con una desconcertante variedad de tareas supuestamente esenciales, ella aprende el valor de lo no esencial. Si el original de Saint-Exupéry era una historia dentro de una historia, la nueva película es una historia dentro de una historia dentro de una historia que, además, en su tramo final añade una nueva aventura que evoca 'Hook' (1991) —y, que nadie se asuste, también la mejora—.

Mientras la narración principal es representada con un estilo de animación por ordenador moderna del todo familiar, que refleja la rutina asfixiante de la niña a través de composiciones simétricas, actividades repetitivas y planos cenitales de su barrio suburbano, lleno de casas idénticas con forma de caja, los segmentos que recrean los acontecimientos del libro lucen una deslumbrante animación 'stop-motion'. A nivel estético, el contraste entre ambas tramas es del todo efectivo, y los pasajes de 'stop-motion' funcionan a modo de explosiones de fantasía liberadora. A nivel narrativo, sin embargo, enfrentarlas entre sí ofrece resultados irregulares.

En realidad, las escenas con la niña son altamente convencionales, y transforman los cuestionamientos de Saint-Exupéry sobre los valores adultos en un mensaje del tipo “no crezcas” similar al de decenas de otras películas familiares actuales. Al mismo tiempo, los swiftianos incidentes del Principito pierden presencia, y él mismo queda convertido en un personaje casi testimonial.

Pese a ello, en todo caso, 'El Principito' resulta valiosa también por su condición de rareza. A diferencia de la mayoría de películas infantiles actuales, con su ritmo frenético, y sus referencias pop y sus lemas genéricos, deja claro que la vida corporativizada que nos aguarda al llegar a la adultez es un negocio amañado y deprimente diseñado para suprimir nuestra individualidad. Después de todo, nunca es demasiado temprano para ir abriendo los ojos a la terrible verdad.

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