entrevista a Philippe Faucon, director de 'fátima'

"Los partidos que juegan con la islamofobia están en alza; hay que vigilarles"

Cuando Fátima Elayoubi dejó Rabat y se instaló en Francia en 1983 no sabía leer ni escribir en francés. Ahora también es la musa que ha inspirado el último trabajo del realizador

Foto: El director Philippe Faucon tras recibir el Cesar por 'Fatima'
El director Philippe Faucon tras recibir el Cesar por 'Fatima'

Con voz pausada y rítmica, Fátima recita: "Tu madre tiene 44 años y lleva ropa de mercadillo de cinco euros; / no gana lo suficiente para gastarse más. / Lleva un perfume de supermercado. / Lleva pañuelo. / Pero le da igual que le pregunten por qué. [...] Esa mujer no puede ir a trabajar / sin una Fátima. / No puede comprarse ropa y perfumes/ sin una Fátima./ No puede ganarse la vida / labrarse un futuro / o cobrar una pensión / sin una Fátima. [...] /Vuelve por la noche a una casa con cinco habitaciones y dos baños / limpiada por Fátima entre las 8:00 y las 18:00. / La casa está limpia y ordenada. / Por la noche Fátima llega a casa. / No hay nada hecho. / La esperan la limpieza, la comida y sus hijas. / Y así todos los días".

Cuando Fátima Elayoubi dejó Rabat y se instaló en Francia en 1983 no sabía leer ni escribir en francés. En su equipaje, dos hijas y un marido ausente resultado de un matrimonio de conveniencia. Con una locuacidad limitada al "oui" y "non", se arremangó la ropa y se puso a limpiar casas, a limpiar colegios, a limpiar escaleras. Y entre pasada y pasada tuvo tiempo de divorciarse, criar a dos hijas -una de ellas estudió Medicina-  y de escribir un poemario que la convirtió en un éxito editorial en su país de acogida. Y ahora también es la musa que ha inspirado el último trabajo del realizador Philippe Faucon y que llega este viernes a las pantallas españolas.

"Los partidos que juegan con la islamofobia están en alza; hay que vigilarles"

Vivir o sobrevivir

'Fátima' no es sólo una película sobre Fátima. Es una película sobre todas las Fátimas "que gracias al empeño y a una voluntad férrea no han querido abandonar ni rendirse", sobre los obstáculos lingüísticos, sociales y culturales, sobre los prejuicios a los que muchos héroes silenciosos se enfrentan en el día a día al emigrar a un nuevo país desconocido. Porque no es lo mismo vivir que sobrevivir.

Cuando la productora Fabienne Vonnier le descubrió los poemarios de Elayoubi, Faucon se sorprendió de la fortaleza que desprendían sus palabras, del "empeño de resistir el agobio de la existencia más cotidiana", de un trabajo insatisfactorio y una "situación de exclusión social". Allí había un personaje, una heroína cotidiana "que no se ha visto mucho en el cine francés", pero que puebla las calles, los supermercados, los parques. Revelar lo invisible.  

En un país en el que los inmigrantes suponen el 9% de la población activa y -si sumamos a sus descendientes nacidos ya en el país de acogida- un 19% de la población total, la realidad sobre la integración es compleja. "Francia es una sociedad en la cual, sin duda, hay prejuicios y racismo". Y a eso hay que añadir una corriente de antiislamismo que en los últimos años "ha ido a peor". 

Miedo o apertura

Cartel de 'Fátima'
Cartel de 'Fátima'

Los partidos políticos que juegan con la islamofobia y con esos miedos están en alza, no únicamente en Francia, sino en toda Europa". No hay que olvidar que el Frente Nacional se hizo con el 25% de los votos en las pasadas elecciones europeas, o que Alternativa para Alemania fue el tercer partido más votado en su país en las últimas elecciones.  "Estamos en un momento de crispación en esos temas y de crecimiento de esos mensajes de desconfianza; hay que estar atentos y vigilantes".

Pero también es verdad que "hay movimientos al contrario, de apertura. Es una sociedad que conoce dificultades y fracasos al respecto, pero que también ha conseguido logros y hazañas importantes". Aunque es verdad que en la cuestión de los refugiados, por ejemplo, "las autoridades están siendo prudentes, miedosas y cautas". Como mínimo. 

En la película, Fátima -interpretada por Soria Zeroual- se tiene que enfrentar, además, a otro tipo de aislamiento. Uno más cercano, más doloroso. Escena tras escena, Fátima habla en árabe. Sus hijas la contestan en francés. "¿Qué significa 'convencida'"?, pregunta Fátima. "No sé cómo se dice 'convencida' en árabe, mamá", contesta su hija Souad. Porque en los casos en los que los hijos han nacido ya en el país de acogida, además de la fractura intergeneracional natural, los padres se enfrentan a una dificultad idiomática añadida. Y no hay que olvidar que "el idioma es el vector de transmisión y comunicación entre padres e hijos".

Los obstáculos del día a día son dobles. Hacer amigos. Ayudar a tus hijas a hacer los deberes. Ir a hablar con sus profesores cuando hay problemas. Ir a la compra. Ver la televisión. Hacer un examen. Pero ni Fátima ni sus hijas pueden permitirse claudicar. "Fátima no puede darse por vencida porque es ella la que lleva sobre sus hombros la seguridad material de sus hijas; realiza trabajos muy precarios para poder darles una buena educación. Y su hija no puede dejar los estudios porque le cuestan tanto trabajo y dinero a su madre que está prohibido renunciar".

'Fátima' es una mujer contra el mundo. Contra los prejuicios. Contra la incomunicación. Contra una hija adolescente con el pavo subido y otra demasiado exigente consigo misma. Contra los que la miran por encima del hombro y los que la acusan de mirar por encima del hombro. Pero es, ante todo, una película luminosa y positiva, un canto a la esperanza. Es el gato aferrado a la cuerda de tender. Es el "hang in there", el "resiste", cuando parece que bajo los pies no hay nada más que el vacío.

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