Estrenos de cine

'Francofonia', el complot que salvó al Louvre del expolio nazi

El cineasta ruso Aleksandr Sokurov reflexiona sobre la colisión de la historia, el arte y la política en un deslumbrante ensayo cinematográfico

Foto: Fotograma de 'Francofonia'.
Fotograma de 'Francofonia'.

Dentro de la filmografía de Aleksandr Sokurov, 'Francofonia' funciona como obra de síntesis. En el pasado, el cineasta ruso ha trabajado en formato documental en sus retratos de artistas como Alexander Solzhenitsyn y Dmitri Shostakovich, ha rodado docudramas -sobre Hitler ('Moloch', 1999), Lenin ('Tauro', 2001) e Hiro-Hito ('El sol', 2005)-, y se ha adentrado en el terreno de la ficción pura -'Madre e hijo' (1997), 'Alexandra' (2007), 'Fausto' (2011)-, mientras que en esta nueva película mezcla todos esos formatos a la manera de un cine-ensayo que, además, maneja algunos de los asuntos esenciales de su obra previa: los efectos pervertidores del poder y el punto de colisión entre arte, historia y política.

'Francofonia', el complot que salvó al Louvre del expolio nazi

De todos modos, aquella de sus predecesoras con la que 'Francofonia' más inmediatamente conecta es 'El arca rusa' (2003), virguería formal en la que el maestro se paseaba a lo largo y ancho del museo Hermitage de San Petersburgo para capturar 300 años de historia y de belleza en un único plano secuencia de 96 minutos. Ahora, Sokurov se centra en otro gran archivo del arte mundial: el Louvre, y particularmente el Louvre durante la ocupación nazi. Eso sí, si 'El arca rusa' era una obra lineal por definición, 'Francofonia' presenta una estructura incatalogable que alterna imágenes de archivo, fotografías, pinturas, voces en 'off', panorámicas a vista de pájaro de París, algo de animación y una sinuosa 'steadicam' que se pasea por los pasillos y estancias de la pinacoteca parisina, proponiéndonos otra forma de mirar retratos y esculturas.

Rivales ideológicos, propósitos comunes

Cartel de 'Francofonia'.
Cartel de 'Francofonia'.

¿Qué hace Sokurov con todo eso? Principalmente, viaja a la capital francesa durante la Segunda Guerra Mundial para reconstruir el complot orquestado a dúo por Jacques Jaujard -entonces director del Louvre- y el conde Wolff-Metternich -el funcionario que el Führer puso a cargo del museo- con el fin de salvar incontables obras de arte del expolio nazi. Su amistad, sostiene Sokurov, fue algo parecido a un embrión de Unión Europea y demuestra que incluso los rivales ideológicos pueden encontrar significados y propósitos comunes en una pintura.

'Francofonia' entrelaza ese relato con escenas en las que el director aparece recluido en su apartamento parisino, rodeado de libros, meditando sobre lo divino y lo humano y en ocasiones conversando por Skype con el capitán de un barco que transporta valiosas obras de arte a través del océano, acosado por un violento temporal. En otras palabras, el arte peligra. Podría perderse para siempre.

De hecho, casi todo en 'Francofonia' funciona como metáfora de Europa y de la civilización en su conjunto

Abriendo hueco entre ambas líneas narrativas, de vez en cuando vemos a un émulo de Napoleón paseándose por el Louvre, exclamando extasiado "c'est moi!" mientras contempla sucesivos retratos de sí mismo al tiempo que Marianne, el espíritu de la Revolución francesa, retoza a su alrededor y repite el lema “Libertad, igualdad, fraternidad”. Son escenas francamente tontas pero que, como el edificio en el que suceden, acarrean un alto significado simbólico. De hecho, casi todo en 'Francofonia' funciona como metáfora: de Europa, de la civilización en su conjunto, del rol que los museos desempeñan en ella, perfilando nuestra comprensión del pasado y dialogando íntimamente con los órganos de poder y fomentando el afianzamiento de nuestras señas culturales.

El arte o la vida

En el proceso, Sokurov también se pregunta si, en tiempos de guerra, rescatar el arte merece el mismo esfuerzo que rescatar vidas humanas, aunque luego no ahonde en ese debate. Y es que el ruso, de hecho, se comporta como hacemos nosotros cuando visitamos un museo: salta de una idea a medio formar a la siguiente, a ratos retrocediendo un par de pasos para reconsiderarlas o dejándose distraer por los detalles; deambula entre el pasado y el presente, atraviesa el espacio arquitectónico y el histórico a través de una serie de efectos -perspectivas distorsionadas, colores degradados, personajes que se funden con pinturas- que nos adentran en un territorio casi onírico.

Si lo dicho hace que 'Francofonia' parezca un plomo, toca aclarar: no lo es. Pero el cine de Sokurov, es cierto, es más admirable a nivel intelectual

Si lo dicho hasta ahora hace que 'Francofonia' parezca un plomo, toca aclarar: no lo es. Todo el cine de Sokurov, es cierto, resulta más admirable a nivel intelectual que disfrutable a nivel visceral. Aquí, en todo caso, cada vez que la solemnidad y la espesura amenazan con imponerse el metraje se relaja a base de sarcasmo e intensidad emocional; y en todo momento, asimismo, la pasión que el autor invierte en sus reflexiones resulta contagiosa, y convierte este experimento en algo increíblemente rico y profundo, misterioso y deslumbrante, seductor y muy bello. Como un paseo por el Louvre.

 

Cine

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios