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'High Rise', el despertar de una pesadilla apocalíptica

En la adaptación de la novela de J.G. Ballard, el británico Ben Wheatley encapsula en un rascacielos el colapso de un experimento social que se torna distopía arquitectónica

Foto: 'High Rise'.
'High Rise'.

Anthony Royal, el arquitecto que encarna Jeremy Irons en 'High Rise', tenía un sueño. Construir un edificio que se convirtiera en motor de cambio social. Un espacio que propiciara a través de su diseño la forma de convivencia definitiva de la era moderna. La película de Ben Wheatley, que traslada a la gran pantalla la novela homónima de J.G Ballard, visualiza, sin apenas salir del recinto, cómo este sueño se trunca en caos apocalíptico.

La película arranca con una imagen perturbadora. El doctor Robert Laing, el siempre elegante Tom Hiddleston, monta cual robinsón urbano un espacio de supervivencia en la terraza de su apartamento, en un bloque de pisos asolado por una suerte de apocalipsis. El doctor parece gozar de la calma tras la tormenta. Incluso rescata a un simpático perro... al que acaba zampándose tras cocinarlo a l'ast en su propio balcón. Laing, a quien ya no podemos contemplar más que desde cierta incomodidad, va a ser el narrador que nos guiará por los sucesos acaecidos en el rascacielos donde se instaló hace tres meses, un prototipo de vivienda en apariencia modélica.

'High Rise', el despertar de una pesadilla apocalíptica

Demiurgo del caos

'High Rise'.
'High Rise'.

Lejos de funcionar como un espacio de convivencia que facilita a sus inquilinos disfrutar de todos los servicios de la vida moderna, desde piscina a supermercado, el rascacielos empieza a mostrar sus fallos. La edificación en vertical hacia las alturas no solo no diluye sino que refuerza la estratificación social entre sus habitantes. No por casualidad el demiurgo de este caos, el arquitecto, vive en el ático junto a su esposa, una suerte de María Antonieta actualizada que también se refugia en delirantes puestas en escena pastoriles. El edificio se convierte así en una muestra representativa de cómo se ensanchan las diferencias entre los diferentes inquilinos según el piso en el que viven, de forma que los de arriba acaparan cada vez más los servicios necesarios también para los de abajo.

Al tiempo que cada vecino observa al otro más como una utilidad o un servicio que como a otro ser humano. El propio protagonista no tarda en darse cuenta de que se ha convertido en un objeto sexual para algunas inquilinas. Hasta que estalla el conflicto y los hombres y mujeres que antes compartían fiestas, charlas y chapoteos en la piscina acaban luchando unos contra otros por la supervivencia.

Cuando estalla el conflicto, hombres y mujeres que antes compartían fiestas, charlas y chapoteos acaban luchando entre sí por la supervivencia

La idea de Ballard que plasma visualmente Wheatley entronca con todo un discurso crítico hacia cierta concepción de la arquitectura moderna. La vanguardia arquitectónica que parte de Le Corbusier y la Escuela Bauhaus tenía como objetivo, mucho más que cualquier otra disciplina artística, incidir en la organización de la sociedad. Los proyectos arquitectónicos de aquel momento buscaban solucionar una cuestión básica para la civilización del siglo XX: diseñar un tipo de vivienda que alojara al máximo de personas sin que nadie perdiera calidad de vida. Pero algo se truncó en el camino entre las 'cités radieuses' de Le Corbusier y los barrios de vivienda pública atestados de bloques pseudobrutalistas de la mayoría de ciudades del mundo. Wheatley otorga así una presencia invasiva y casi hostil a los elementos arquitectónicos que acompañan la vida de los protagonistas.

Un cineasta estimulante

Uno de los cineastas más estimulantes surgidos en los últimos años en el Reino Unido, Ben Wheatley inició su carrera con títulos de culto como 'Down Terrace' y 'Kill List', donde aunaba esta tradición de realismo social tan propia del cine británico con elementos característicos del género. En su ópera prima llevaba a cabo el cruce imposible entre 'Uno de los nuestros' y una película de Ken Loach. Mientras que en 'Killer List' giraba hacia esa afición también tan 'british' por el terror pagano. 'Turistas', la única de sus películas que por el momento se había estrenado en nuestro país, es una hilarante comedia negra en forma de 'road movie' protagonizada por un par de parados dispuestos a acabar con cualquiera que se interpusiera en su bienestar vacacional. Y en 'A Field in England' llevaba ni más ni menos que una incursión a la guerra civil inglesa del siglo XVII desde una perspectiva lisérgica.

En 'High Rise', Wheatley sirve una muestra de ciencia-ficción distópica de hechuras visuales impecables y cierto regusto 'vintage'

'High Rise' es su primera producción importante, con el claro objetivo de ampliar el espectro de su público habitual. En el reparto acompañan a Hiddleston y a Irons otros nombres conocidos como los de Elizabeth Moss y Siena Miller, aunque la gran revelación es la de Luke Evans, en el papel del hombre que encabeza la rebelión popular en nombre del orgullo de clase pero al que muchas veces se le escapa una vena de violento primitivismo. Con 'High Rise', Wheatley ha conseguido un filme que mantiene el tono entre terrible y divertido de sus primeras películas desde cierto distanciamiento formal. Al tiempo que sirve una muestra de ciencia-ficción distópica de hechuras visuales impecables y cierto regusto 'vintage'.

 
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