'Jumanji' en Altamira financiado por los Botín
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Estreno de 'Altamira'

'Jumanji' en Altamira financiado por los Botín

'Altamira' representará siempre para Cantabria lo que 'Volver a empezar', de Garci, significó para Asturias: un videoclip promocional con dudosa consistencia narrativa

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Un director británico (Hugh Hudson), un actor español (Antonio Banderas) y una intérprete iraní (Golshifteh Farahani) se van juntos de excursión a la Prehistoria. No, no es el comienzo de un chiste malo, sino la puesta en marcha de una película fallida. Fundamentalmente, porque nueve millones de euros son muchos euros, sobre todo si hablamos del presupuesto de un filme español. Eso es más o menos lo que ha costado 'Altamira' a sus pagadores, entre los que destaca Lucrecia Botín, de los Botín de toda la vida. El dato no es baladí, porque 'Altamira' cuenta la historia del descubridor de las cuevas, Marcelino Sanz de Sautuola, a la sazón bisabuelo del desaparecido presidente del Santander. Por tanto, todo queda en casa.

Tráiler de 'Altamira'

Quizá por eso resulta dramático comprobar cómo una historia tan española en su conjunto resulta incluso lejana y apátrida a los ojos de un espectador castizo. Hasta la fecha, la mayoría creíamos que en los alrededores del Santander de finales del siglo XIX los aldeanos hablaban entre ellos en español y no en inglés, o que la fisonomía de esas gentes (en el filme, más mexicana que española) no es la que porta desde luego el rostro de una actriz iraní, o que las panorámicas de la zona tenían más vida de la que desprenden una sucesión de postales preciosistas mostradas a un ritmo de 24 por segundo. En esta línea de sentido, 'Altamira' representará siempre para Cantabria lo que 'Volver a empezar', de José Luis Garci, significó para Asturias: un videoclip promocional de sus paisajes con dudosa consistencia narrativa.

'Altamira' representará siempre para Cantabria lo que 'Volver a empezar', de Garci, significó para Asturias: un videoclip promocional de dudosa consistencia

¿Por qué tamaño empacho bucólico y academicista desprovisto de barniz cañí? Utilizaremos el eufemismo 'fines comerciales' para definir el problema fundamental de un trabajo de encargo, y por ende sin alma, que dirige nada menos que Hugh Hudson, el realizador británico de 'Carros de fuego' (1981). Llevábamos más de 15 años sin saber nada de aquel tipo que consiguió sorprender al mundo con una meritoria (aunque algo sobrevalorada) ópera prima en la ficción que mereció el Oscar. 'Soñé con África' (2000) fue su último y prescindible trabajo. Hasta este viernes, cuando estrena otro aún más prescindible si cabe.

Una historia de superación

Si alguien quiere encontrarle sentido a la elección del director, cabe entender que se le otorga el proyecto porque a lo largo de su filmografía ha demostrado cierta mano para las historias de superación. Y esta, en cierto sentido, también lo es. 'Altamira' cuenta cómo la Iglesia católica de la época y los darwinistas condenaron un descubrimiento, el de la denominada Capilla Sixtina del Paleolítico, que hacía tambalear los cimientos de sus teorías. Marcelino Sanz de Sautuola murió denostado y acusado de falsificador tras haber descubierto por casualidad junto a su hija el retablo sobre piedra de aquellos hombres prehistóricos, cuya buena mano para el dibujo tampoco fue validada por los chovinistas científicos franceses hasta que encontraron en su país restos pictóricos similares a los que guardaba Altamira.

Sanz de Sautuola murió denostado y acusado de falsificador tras haber descubierto por casualidad junto a su hija aquel retablo prehistórico

Lo cierto es que la historia del descubrimiento de las cuevas daba sinceramente para una película, sobre todo si esta se hubiese centrado verdaderamente en analizar el conflicto social y cultural en el que derivó el hallazgo. A Hudson todo ese contexto le interesa bastante poco, así que se limita a parodiar a los representantes de la Iglesia católica de la época, señores con angulosas facciones y voces de ultratumba demonizados al modo laicista (y simplista) en el que Javier Fesser retrató al Opus en 'Camino'. Este tratamiento cartesiano de los personajes tiene el propósito de ensalzar la imagen de un héroe mundano condenado a la incomprensión. Además, todo ese material dramático se utiliza para narrar los hechos desde un punto de vista estrictamente personal y analizar en última instancia cómo afectó toda esta historia al matrimonio del propio Marcelino.

A pesar de que la película mantiene siempre vivo un cierto tono didáctico que salva del naufragio general algunos muebles, el metraje toca fondo cuando pierde definitivamente el norte del punto de vista narrativo, porque va variando según convenga: a veces vemos las cosas desde los ojos del padre, en otros momentos desde la óptica infantil de la hija e incluso de un narrador omnisciente. Y quizá por eso resultan particularmente punibles, ya que no están contextualizadas correctamente, las ensoñaciones de la pequeña, en las que los bisontes se descuelgan de las paredes y cobran vida en una especie de 'remake' insólito de 'Jumanji' (Joe Johnston, 1995) rodado en tierras cántabras. Cuando las bestias embisten literalmente al espectador es cuando este se pone definitivamente de parte de los darwinistas y condena, aunque solo sea por un instante, aquel magno descubrimiento.

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