crítica de 'hermanísimas'

Dos mujeres desmadradas (y desternillantes)

Tina Fey y Amy Poehler se confirman como dos de los mejores valores de la comedia

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“Pues no, es un momento malísimo para las mujeres en la comedia”, replicaba hace poco Tina Fey en una entrevista, harta de oír una y otra vez la cantinela de que el humor femenino vive una época dorada. Pocas profesionales de la comedia pueden hablar con mayor conocimiento de causa que ella, la primera mujer que ejerció de jefa de guionistas en el 'Saturday Night Live' y una de las mejores cómicas de la televisión y el cine contemporáneos. Fey llevó a cabo estas declaraciones durante la gira de promoción de 'Hermanísimas', película que coprotagoniza junto a Amy Poehler, y una muestra más sin duda de que el cine cómico en femenino, si no una edad dorada, vive un proceso de sana, necesaria y desternillante normalización.

Fey y Poehler encarnan aquí a dos hermanas complementarias. La vida de Kate (Tina Fey) es un caos que ni tan siquiera su hija adolescente se ve capaz de soportar. Mientras que Maura (Amy Poehler) no puede evitar sentirse maternal y protectora con todos aquellos que la rodean. Ambas se reúnen cuando sus padres deciden vender el hogar de su infancia y juventud en Orlando para instalarse en una residencia. Kate y Maura se siente tristes por ese pedazo de sus vidas que está a punto de desaparecer, por lo que organizan una última fiesta en la casa e invitan a todos sus antiguos compañeros de instituto. Y, por una vez, intercambian sus roles... 

A Kate le toca mantenerse sobria para que al menos alguien no pierda el control durante el guateque, mientras que Maura se concede la libertad de perder los papeles e intentar ligar con el vecino. Lo que aparentaba ser un aburrido y patético encuentro entre amigos de la adolescencia que no han envejecido del todo bien va desmadrándose poco a poco...

Dos mujeres desmadradas (y desternillantes)

'Hermanísimas' funciona en parte como la respuesta femenina a la llamada Nueva Comedia Americana y en concreto a las películas de Judd Apatow sobre hombres que compensan su pavor a crecer con cierta tendencia a la inmadurez. En la mayoría de estos filmes, a la mujer le suele tocar el rol de la institución represiva. Son siempre ellas las que quieren casarse, las que encarrilan la vida del hombre por el camino del orden y la estabilidad. La diversión y el desmadre se practican entonces en un entorno masculino alejado del ámbito de control de las féminas. Esta visión reaccionaria perdura incluso cuando Apatow trabaja con actrices cómicas, como sucedió recientemente en 'Y de repente tú', donde sometía a la gamberra de Amy Schumer a un vergonzoso proceso de domesticación, de mujer con sentido del humor pasaba a convertirse en una 'cheerleader', por parte de su pareja masculina.

Incorpora toda una serie de gags improbables en un filme con protagonistas masculinos

Aunque, como denuncia Fey, ellas todavía no han conseguido el mismo estatus que sus colegas masculinos, estamos viviendo un proceso de reversión de la ausencia de mujeres del espacio cómico. La fecunda relación profesional entre el director Paul Feig y la actriz Melissa McCarthy, por ejemplo, se basa en buena parte en darle la vuelta a los roles cómicos tradicionales, ya sea subvirtiendo los códigos de las comedias nupciales y de despedidas de solteros en 'La boda de mi mejor amiga', parodiando el prototipo masculino de agente secreto en 'Espías' o llevando a cabo un 'reboot' todo-chicas de 'Los cazafantasmas'.

Sarah Palin está en la casa

A la necesaria femenización de la comedia contribuyen también desde hace unos años una hornada de mujeres cómicas surgidas de la escuela 'Saturday Night Live', donde se forjaron Amy Poehler y Tina Fey, esta última escribiendo e interpretando múltiples papeles, el más popular de los cuales fue su imitación de Sarah Palin. A ella le debemos además una de las mejores 'sitcoms' de la nueva ficción televisiva, 'Rockefeller Plaza' y el guion de esa imprescindible comedia adolescente que es 'Chicas malas', en que lleva a cabo una incisiva mirada de carácter casi antropológico a las dinámicas de relación entre las muchachas de un instituto.

Dos mujeres desmadradas (y desternillantes)

Fey no ha asumido el libreto de 'Hermanísimas', que corre a cargo de una de sus colegas del 'Saturday Night Live', Paula Pell, colaboradora suya también en 'Rockefeller Plaza', que debuta aquí como guionista de largometrajes. De la realización se encarga Jason Moore, director teatral cuya primera película es otra reivindicable comedia en femenino, 'Dando la nota'.

'Hermanísimas' transita por la mayoría de territorios de la comedia contemporánea, del humor fumeta y gamberro a la comedia de la inmadurez, en clave femenina. No se trata de una simple inversión de roles. Incorpora toda una serie de gags improbables en un filme con protagonistas masculinos, como la escena en que las dos hermanas se prueban vestidos que ya no se suponen apropiados para su edad ante la mirada estupefacta de la joven dependienta, así como otros incontables chistes a propósito del envejecimiento del propio cuerpo.

Pero 'Hermanísimas' entronca sobre todo con esa tradición de comedia en torno a una fiesta con una progresiva tendencia al desmadre cuya principal representante sigue siendo 'El guateque', de Blake Edwards. Bien nutrida de réplicas brillantes, la película se beneficia de la gran química existente entre las dos protagonistas. Fey y Poehler son conscientes además de que el buen momento que vive la comedia femenina tiene algo de triunfo colectivo. Por eso la hermandad cómica se completa con la presencia de otras actrices ligadas al humor en papeles secundarios como Maya Rudolph (en el papel de malísima fan de 'Juego de tronos') o Rachel Dratch (la amiga depresiva que acaba con una persiana ligada al pelo). ¿Quién dijo que las mujeres no sabían divertirse?

 

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