la conversación que cambió su destino

Un cineasta de medio pelo llamado Alfred Hitchcock

Llega a los cines un documental sobre el legendario encuentro/entrevista entre Truffaut y el director de 'Con la muerte en los talones'

Foto: Truffaut y Hitchcock, duelo de titanes
Truffaut y Hitchcock, duelo de titanes
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Pss pss, amigo cultureta, abra bien los ojos: quizá tenga usted delante al nuevo Alfred Hitchcock y sea incapaz de reconocerlo. Sí, hombre, ese joven cineasta que hace unas películas de género que no le gustan un pelo a usted. Ese cineasta que tiene un imán para la taquilla, pero que es sistemáticamente ninguneado por la crítica por rodar intrigas sin chicha aparente. Ese visionario que, en definitiva, no será incluido en el canon cultural hasta dentro de varias décadas.

Es decir, exactamente lo mismo que le ocurrió a Alfred Hitchcock en su día... Hasta que llegó el cineasta y crítico (Cahiers du CinémaFrancois Truffaut y mandó a parar: "Hitchcock es la pera y no os estáis enterando, ¡copón!", vino a decir Truffaut, en lo que podría ser la sinopsis de uno de los libros más populares de la historia del audiovisual: El cine según Hitchcock, de Francois Truffaut, publicado en 1966. Hablamos de una entrevista kilométrica (Truffaut interroga a Hitchcock): 500 preguntas y 50 horas volcadas en 400 páginas (en la edición española de bolsillo, Alianza Editorial).

Pues bien: por si el volumen no fuera ya suficientemente legendario, el viernes llega a nuestras pantallas un documental sobre la elaboración del mismo: 'Hitchcock/Truffaut'.

Un cineasta de medio pelo llamado Alfred Hitchcock

El filme, dirigido por Kent Jones y titulado Hitchcock/Truffaut, incluye entrevistas con luminarias del cine estadounidense como Martin Scorsese, Wes Anderson, David FincherJames Gray y Richard Linklater. También hay sitio para directores europeos como Olivier Assayas y Arnaud Desplechin. Es decir, la casa por la ventana para disertar largo y tendido sobre la influencia del libro; es decir, sobre la alargada sombra de Hitchcock sobre el cine mundial a esta hora de la mañana. 

"En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito... Ese éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un filme tras otro", escribió Truffaut en el prólogo del libro. 

'La crítica le hizo pagar su éxito examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un filme tras otro'

¿Exageraciones del director francés? Atentos: hace cuatro años, el British Film Institute (BFI) y la revista Sight and Sound publicaron una nueva edición de su lista de referencia con las mejores películas de la historia, que elaboran cada década desde 1952, y marca tendencia cultural.  846 críticos, distribuidores, académicos y programadores internacionales decidieron que la mejor película de la historia era Vértigo. Todo en orden.

Pero, ¡ay!, en las listas de 1952, 1962 y 1972 no apareció ningún filme de Hitchcock entre los diez primeros. Vértigo se coló por primera vez en 1982, en la séptima posición. Y de ahí para arriba: cuarto lugar en 1992, segundo lugar en 2002 y primer puesto en 2012. Como ven, la obsesión cinéfila con Hitchcock es relativamente reciente... y al director le ha pillado bajo tierra. 

Fotograma del documental
Fotograma del documental


Para rematar la función, tres extractos del libro en los que Truffaut va a la esencia de Hitchcock. Esencia que explicaría, por otro lado, el ninguneo cultural al que fue sometido:

'Acometió la tarea de seducir al público aterrorizándole'

“Poco a poco fui comprobando el contraste existente entre el hombre público, seguro de sí mismo, deliberadamente cínico, y la que me parecía ser su verdadera naturaleza: la de un hombre vulnerable, sensible y emotivo, que siente profunda y físicamente las sensaciones que desea comunicar a su público”.

“Este hombre que ha filmado mejor que nadie el miedo, es a su su vez un miedoso, y supongo que su éxito está estrechamente relacionado con este rasgo caracterológico… Acometió la tarea de seducir al público aterrorizándole, haciéndole reencontrar todas las emociones fuertes de la niñez, cuando se jugaba al escondite tras los muebles de la casa tranquila, cuando estaban a punto de atraparte en la ‘gallina ciega’, cuando por las noches en la cama, un juguete olvidado sobre un mueble se convertía en algo inquietante y misterioso”.

“Todo esto nos conduce al suspense que algunos –sin negar que Hitchcock sea su maestro- consideran como una forma inferior del espectáculo cuando es, en sí, el espectáculo”.

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