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El camino hacia el Oscar de Leonardo DiCaprio: la fuerza del débil

Favorito por 'El renacido', lleva buscando el premio toda su carrera. Su trayectoria está marcada por la polarización: o se le ama sin mesura o se le odia con fervor

Foto: Leonardo Di Caprio en Cannes (EFE)
Leonardo Di Caprio en Cannes (EFE)

Todo apunta a que este domingo sí que será el 'rey del mundo'. Haciendo honor a aquella frase que pronunciaba su Jack Dawson sobre la proa del Titanic parece que, dos décadas y media después de que comenzase su periplo profesional siendo apenas un mocoso, Leonardo DiCaprio se irá a casa con un Oscar bajo el brazo por su interpretación en 'El Renacido'. De no ganarlo, serán los memes de internet los que difundan su derrota a bombo y platillo y no esas adolescentes que, hace ya dieciocho años, mandaron cientos de cartas de protesta a la Academia de Hollywood.

Sus quejas tenían cierta razón de ser, ya que en aquella edición hasta el mismísimo iceberg parecía estar nominado por 'Titanic' (1997). Todos menos él, protagonista de aquel fenómeno planetario y desmesurado; la persona más famosa del mundo con apenas 23 años, autor de una carrera interpretativa que ya iba mucho más allá de hundirse con el legendario barco recreado por James Cameron.

El actor se convirtió en la persona más famosa del mundo con apenas 23 años

Heredero de los James Dean, Montomery Clift o River Phoenix; de aspecto efébico, amplia gestualidad y poseedor de una mirada que, como la de las estrellas del cine mudo, parecía hablar por sí misma, DiCaprio ya era una especie de Mozart de la interpretación a finales de los 90 aunque muchas de aquellas chicas que llevaban su foto en las carpetas de instituto ni siquiera lo supiesen. Lo proclamó la crítica cuando, allá por 1993 y después de pasar por series como 'Los problemas crecen', el pequeño 'Leo' consiguió el personaje de Tobías Wolf en 'Vida de este chico' y se midió, mano a mano, con un histriónico Robert DeNiro.

El triunfo en el casting de aquella película fue significativo, ya que su primer agente le había recomendado cortarse su característica melena rubia, dar carpetazo a un nombre "tan italiano" y cambiarlo por el de Lenny Williams. Ni él ni su madre, que lo bautizó como Leonardo tras sentir las primeras patadas de su bebé mientras contemplaba una exposición de DaVinci, hicieron el menor caso a la recomendación. El tiempo acabaría dando la razón a madre e hijo.

El camino hacia el Oscar de Leonardo DiCaprio: la fuerza del débil

Lo que siguió tras el duelo con DeNiro, que se quedó fascinado con el joven, fue un marcado gusto por los personajes complicados. La lista de primeras películas de aquel impúber de ojos azules y rasgos angulosos son una prueba evidente de su querencia por los adolescentes problemáticos o torturados. Y, por supuesto, nada puede gustar más en Hollywood. Con apenas 18 años, DiCaprio conseguía su primera nominación al Oscar como mejor secundario por su interpretación del disminuido psíquico de '¿A quién ama Gilbert Grape?' (1993), la tragicomedia 'indie' de Lasse Hallström.

Después vendría su Jim Carroll adicto a las drogas de 'Diario de un rebelde' (1995) o su Rimbaud de 'Vidas al límite' (1995), constatando, ya desde sus inicios, esa curiosa afición por los personajes reales o históricos. 'Leo' parecía ir contra lo que su imagen le dictaba: guapo pero atormentado, carne de revista 'teen' pero icono del cine independiente.

Parecía ir contra lo que su imagen le dictaba: guapo pero atormentado, carne de revista 'teen' pero icono del cine independiente

Esa fue la ambivalencia que vio en él Bazz Luhrman cuando decidió que sería su Romeo para la adaptación videoclipera y transgresora que estaba preparando de la mítica obra de Shakespeare...

Así fue como Leonardo DiCaprio se convirtió en el protagonista de una película, 'Romeo + Julieta' (1996), que sería debatida hasta la extenuación y que le acabaría proporcionando un polémico Oso de Plata al mejor actor en el Festival de Berlín de 1996. Muchos fueron los que levantaron ceja y pusieron en tela de juicio que aquel jovencito que prácticamente acababa de empezar se hiciese con un premio tan importante.

El camino hacia el Oscar de Leonardo DiCaprio: la fuerza del débil

Y sí, después de aquello llegó 'Titanic'. A DiCaprio no le emocionaba pasarse seis meses rodando medio mojado en una playa de México, el lugar en el que Cameron construyó el gigantesco plató que albergaría una réplica a tamaño real del transatlántico. Fue Kate Winslet, desde entonces su mejor amiga en la profesión, la que lo acabó convenciendo de aceptar un personaje que apenas tiene matices y que, básicamente, requería carisma a raudales. Lo que vino tras el estreno de la hiper taquillera película puede sonar a surrealismo del bueno: miles de portadas de revistas, programas televisivos que se denominaban 'Leo Manía' o un corte de pelo llamado como su personaje en la cinta, Jack Dawson, en las peluquerías de Afganistán, país en el que la película de James Cameron se veía a través de copias ilegales, a escondidas de las autoridades.

'Titanic' fue un fenómeno global hasta tales extremos que los sociólogos llegaron a decir que la muerte del Jack Dawson recreado por DiCaprio en las congeladas aguas del Atlántico había supuesto una catarsis mundial equiparable a la de la princesa Diana, que tuvo lugar pocos meses antes. Aquel 1998 todo fue hiperbólico y desproporcionado para el celebérrimo Leonardo: los paparazzi lo perseguían a diestro y siniestro, captando unas juergas de chiquillo que provocaron que el mismísimo Robert Redford dijera, medio en broma, medio en serio, que temía "por el alma" del joven actor.

Scorsese, Spielberg, Nolan y Tarantino

Entre finales de los 90 y principios de los 2000 todo Hollywood se preguntaba cuál sería el siguiente paso del DiCaprio que, como protagonista de un fenómeno planetario, iba a cobrar 20 millones de dólares por cualquier película que hiciese a continuación. Ese paso se llamó 'La Playa', la adaptación de la novela de Alex Garland sobre un mochilero deseoso de experiencias fuertes durante un viaje a Tailandia. La crítica se cebó con la cinta y la portada de la revista 'Rolling Stone' que protagonizó el actor con motivo del estreno fue una de las menos vendidas de la historia de la publicación. En cierto modo era natural. Demasiado 'Titanic', demasiada Celine Dion, demasiado 'rey del mundo'... El planeta que había proclamado que el pobre Jack Dawson cabía en aquella tabla de madera parecía tener derecho a odiarle, a detestarle a él y a la película más taquillera y oscarizada de todos los tiempos.

Demasiado 'Titanic', demasiada Celine Dion... El planeta parecía tener derecho a detestarle a él y al filme más taquillero y oscarizado

Sin embargo, DiCaprio supo que no sería un esclavo de aquel éxito eternamente. La película clave para su 'salvación' de aquel maremágnum fue 'Gangs of New York', una historia de venganza en la Norteamérica de la Guerra Civil que forjó su relación con Martin Scorsese. Estrenada en la Navidad de 2002, el mismo fin de semana en el que también llegaba a los cines el 'Atrápame si puedes' (2002) de Spielberg, en donde brillaba como un joven estafador que acabó colaborando con el FBI, la película supuso un punto de inflexión en su carrera pese a no ser un gran éxito de taquilla. A partir de entonces el binomio DiCaprio-Scorsese sería sinónimo de éxito. Bien fuese por proyectos tan queridos por el actor como 'El Aviador', en donde cumplió su sueño de encarnar al obsesivo Howard Hughes, como por historias tan virulentas como 'Infiltrados', la película que acabó dándole el Oscar al director italoamericano.

'Leo' parecía haber encontrado la fórmula perfecta, la ecuación magistral para ser una estrella de cine y, a la vez, poder labrarse una carrera interesante. Nada de directores mediocres o películas de superhéroes, sino cintas de autor a la par que comerciales con Sam Mendes ('Revolutionary Road', que lo reunió de nuevo con su compañera de naufragio, Kate Winslet), Christopher Nolan ('Origen'), Clint Eastwod (la fallida 'J. Edgar', otro biopic más una carrera plagada de ellos) o Quentin Tarantino ('Django desencadenado', en la que encarnaba a su primer villano sin matices). Muchos lo llamarán falta de espontaneidad pero, gracias a esa fórmula aristotélica, DiCaprio ha conseguido, a sus 41 años, una filmografía capaz de hacer temblar de envidia a cualquier estrella de Hollywood.

El camino hacia el Oscar de Leonardo DiCaprio: la fuerza del débil

La Academia le ignora

La Academia no siempre ha entendido bien su matemática búsqueda de la perfección. Pese a que la mayoría de sus películas acaban llegando a la recta final de los Oscar, él no siempre ha sido nominado por las mismas. Muchos aún se preguntan por qué su derroche de tortura y sufrimiento en 'Shutter Island' o su alucinante (y tan del gusto de Hollywood) transformación física a la hora de encarnar a J. Edgar Hoover ni siquiera gozaron de una mísera candidatura. En 2013, cuando ya no estaba mal visto decir que a uno le gustaba 'Titanic' y la fiebre antiDiCaprio ya formaba parte de las fobias populares de un siglo marchito, todo indicaba que, gracias a 'El lobo de Wall Street', la quinta película a las órdenes de Scorsese, 'Leo' se llevaría el Oscar a casa. Su Jordan Belfort le ofrecía una amplia gama de registros que iban desde la comedia desmesurada al patetismo de la adicción a las drogas y, sobre todo, al dinero. Tras las nominaciones de 'Gilbert Grape', 'El Aviador' y 'Diamante de sangre', parecía que por fin se iba a obrar el milagro, pero finalmente fue Matthew Mcconaughey el que se llevó el eunuco dorado por encarnar a un enfermo de Sida en 'Dallas Buyers Club'.

Las quinceañeras que pataleaban por su falta de premio en 1998 ahora eran cinéfilos gafapasta que habían aceptado, por fin, que DiCaprio forma parte de la realeza del cine. 'El Renacido', su odisea al lado de Alejandro González Iñárritu parece que le hará alzar el Oscar de la victoria y evitará esos incómodos aunque divertidos memes que han circulado por la red a lo largo de estos últimos años. Sin embargo, lo más divertido, lo que sí es merecedor de premio es el propio perfil de Leonardo DiCaprio como estrella de cine. Y si no, piénsenlo en formato de guión: la historia de cómo un querubín rubio de aspecto frágil y vulnerable, nacido en un barrio marginal de Los Ángeles y con un aspecto más propio de una novela de Thomas Mann que de un Hollywood cargado de testosterona, se convirtió en una de las mayores estrellas de todos los tiempos. Esa es, probablemente, la mejor historia que jamás haya protagonizado este cuarentón de mirada intensa e infinito poder para la gestualidad al que todos siguen llamando 'Leo'.  

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