estreno de 'la granja del paso'

El documental que deberían ver todos los banqueros de España

La película de Silvia Munt mira a la cara a los desahucios ocurridos estos años en nuestro país

Foto: Granja
Granja

En los seis primeros meses de 2013, cuando se rodó 'La granja del paso', hubo 19.567 desahucios en España, casi tantos como en todo 2012, cuando alcanzaron los 23.774. ¿Han bajado mucho? Entre abril y junio de 2015 fueron 18.739 los lanzamientos hipotecarios, es decir, sin contar a quienes ya no pueden pagar un alquiler. Sin embargo, ¿qué son estas cifras? Estamos demasiado acostumbrados a ellas. De vez en cuando cae un suicidio y parece que el hecho de que decenas de miles de compatriotas se queden sin casa salpica un poco más a la cara. 

Pero ¿qué ha sido la crisis por debajo de las cifras, de los millones de parados de larga duración, de los millones de abuelos a cargo de familias enteras con una pensión y economía de posguerra? La verdad es que no han faltado reportajes, documentales y programas de televisión que nos trajeran la pobreza real española hasta nuestro salón comedor de forma superficial, con locutor melodramático. Ahora nos hemos convencido a nosotros mismos de que lo peor ha pasado, pero la realidad de las clases castigadas sigue siendo el desastre más absoluto. ¿Le hemos visto realmente la cara a nuestro país, o nos ha dado vergüenza? Este documental de Silvia Munt es una mirada frente a frente a nuestro retrato de familia nacional.

“No bajen ustedes la guardia, no tengan miedo y dirijan sus ojos al fondo humano del problema”. Como Silvia Munt no habla, sino que pone la cámara, escribo yo lo que podría ser el lema de 'La granja del paso', documental que deberían ver todos los políticos y banqueros de España, que retrata en primer plano el drama de los que se quedan sin alternativa habitacional. 

Empieza la película con planos de una ciudad a oscuras, tal como la podemos ver cada noche por la ventana, pero la cámara entra inmediatamente a la granja de paso donde la Plataforma Antidesahucios de Sabadell organiza sus reuniones de acogida. Ahí van familias de todos los colores en una situación que las hermana: llevan tiempo sin trabajo, no tienen ya a quién recurrir y la perspectiva de perder el techo las coloca a pocos metros y pocos días de la nada, de la exclusión total.

Son españoles e inmigrantes mezclados entre sí. Hablan exactamente el mismo idioma. El desahucio es la nacionalidad común. El documental de Munt muestra con crudeza esta realidad, sin maquillaje cinematográfico. Son entrevistas a personas sin casa. Son el desenmarañamiento de las cifras, el destino final en la experiencia de personas como usted. Nos permite asistir a las reuniones donde ayudan a quienes acaban de recibir la carta de desahucio los miembro de la PAH, es decir, personas que ya han pasado por el via crucis del desahucio.

Silvia Munt presenta su documental en Seminci
Silvia Munt presenta su documental en Seminci

En la granja asesoran a estas familias en shock para que no las vuelvan a estafar los banco. Se gestionan las daciones en pago y se tienden hilos de Ariadna en el laberinto burocrático de la letra pequeña. Se pone a disposición de quien no tienen ingresos una casa en régimen de ocupación ilegal. No se alarmen los que tengan segunda residencia: la PAH abre a la fuerza pisos vacíos en propiedad de los bancos, fincas abandonadas e imposibles de vender.

A lo largo de la película hay lágrimas y abrazos, y testimonios de la historia personal; un patetismo visceral que Munt no ha ocultado ni ha estilizado. “Todavía no me creo lo que me está pasando” es la frase más repetida entre los protagonistas de la película, que gracias a la PAH encontrarán una nueva forma de estar en sociedad.

Creo que esta mirada al presente servirá de testimonio en la historiografía del futuro. Habrá un momento en que la gente se pregunte cómo pudimos ser tan ciegos hacia lo que ocurría a nuestros vecinos, al destino de quien tuvo que cerrar su pequeña empresa, de quien quedó en la calle con cuatro críos al cerrar la fábrica, de quien había avalado un camión con la casa y por falta de trabajo perdió las dos cosas. Habrá un momento en que nuestros hijos nos pregunten. Para que no se nos caiga la cara de vergüenza, bien estaría ver esta película ahora, y no decir, pasados los años, que no sabíamos nada.

Por eso esta película deberían verla todos los banqueros de España. Creo que no se han atrevido a mirar a los ojos de la gente que se queda sin casa, y es comprensible. Pero cuando sus nietos les pregunten qué hicieron ellos, qué demonios ocurrió en España, vista esta película les será más fácil responder.

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