el actor estrena 'ocho apellidos catalanes'

Dani Rovira: "Sería muy triste que la película se usara como instrumento político"

Llega la secuela más esperada. Después de reventar la taquilla española hace un año, todo el equipo, con el actor malagueño a la cabeza, vuelve para intentar convencer al público español

Foto: Presentación de la comedia ocho apellidos catalanes
Presentación de la comedia ocho apellidos catalanes

Hace un año y medio dejamos a Amaia y Rafa felices y comiendo perdices en Argoitia. Cualquiera que lea la frase anterior sabrá que se refiere a los personajes de 'Ocho apellidos vascos', la película que vieron en el cine más de 9,5 millones de espectadores y que cambió para siempre no sólo la vida de su equipo, sino también el cine español. Igual que la historia suponía un acercamiento entre vascos y andaluces, también lo fue entre nuestras películas y un público que les había dado la espalda. Con semejantes cifras (comparables a las de taquillazos como 'Avatar'), estaba claro que habría secuela, y que esta necesitaba contar con los mismos actores y también con los elementos de la anterior. Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Así llega este viernes 'Ocho apellidos catalanes', que cambia el foco de sus gags a las diferencias con Cataluña.

El propio Dani Rovira explicaba en la presentación ante la prensa que ya “no hay factor sorpresa”, pero no dudó en calificar la película como “más redonda” y con un “humor de brocha más fina” que su antecesora. Para él solo hubo un reto: seguir jugando. Rovira ha reconocido que tuvo miedo de “perder la frescura y ese punto de ‘me la pela’ que me ayudó a dar naturalidad del personaje”.

La propia realidad ha superado a la ficción, que especula con una Cataluña independiente, y que ha encontrado en la aprobación del Parlamento catalán una campaña promocional extra que Berto Romero, una de las incorporaciones, cree que favorecerá al filme, aunque advierte de que “la película no es deudora de la realidad”. “Se escribió hace un año. La realidad política es tan cambiante y frenética que da giros en horas. Es muy difícil este maridaje extraño que se produce entre la película y la vida”, decía a El Confidencial.

Lo que menos necesita Cataluña ahora es que otro catalán abra la boca para opinar en su nombrePara Rovira, sería un error muy grande que la cinta se convirtiera en un arma política. “Sería muy triste que esta película, cuyo único fin es divertir y hacer feliz a la gente, se politizara y se cogiera como un instrumento político, igual que se ha cogido el catalán o incluso el sentir individual de las personas de este país. Hacer política de una comedia o de una lengua me parece injusto. Además, no tiene esa intención. Ahora, si esto ayuda a quitar hierro a la temática catalana, bienvenido sea. No venimos a salvar el mundo ni a ayudar a unos ni a otros”, asegura el actor.

Ninguno de los protagonistas prefiere mojarse en el tema político, pero es Romero el que toma la palabra al ser preguntado, para asegurar que prefiere ser prudente: “Yo como catalán no hablo, porque no estoy capacitado para representar la opinión de nadie, porque no he sido refrendado por las urnas. Voy a hacer uso de algo que me enseñaron mis padres, ser cauto y no abrir la boca en momentos en los que mi opinión puede ser instrumentalizada en uno u otro sentido. Lo que menos necesita Cataluña ahora es que otro catalán abra la boca para opinar en su nombre. En realidad, es un acto de amor”.

Presión para el público

Tanto Clara Lago como Dani Rovira muestran su malestar al ser preguntados por la presión y las altas expectativas en torno al filme. Para la actriz, “da rabia que algo tan maravilloso como lo que ocurrió con la primera se vea como algo negativo”. “Parece que tuvieran que estar peleadas la primera con la segunda, cuando son hermanas”, zanja.

La primera película, sin pretender nada lo tenía todo, mientras que esta tampoco pretende nada pero se le exige todoRovira prefiere pasarle la pelota de la presión al público y piensa que son ellos los que deberían tenerla. “Fueron ellos los que hicieron el récord, a ver si tienen los cojones de superarlo. Nosotros hemos hecho una película, pero la presión es suya, id a la calle a meterles presión”, dice desafiante y pidiendo a la gente que vaya a dejarse “contagiar” por la película y no a “verle las grietas”.

El equipo de 'Ocho apellidos catalanes' en una escena de la película.
El equipo de 'Ocho apellidos catalanes' en una escena de la película.

Es Berto Romero el que actúa de mediador. Para el catalán, la primera película “sin pretender nada lo tenía todo”, mientras que su secuela “tampoco pretende nada pero se le exige todo”. “El público se inventó el éxito de 'Ocho apellidos vascos' y tengo mucha curiosidad en ver cómo funciona. El sobreanálisis no es bueno, las expectativas son el asesino de la diversión, y esto pasa con las cosas que crean expectativas, que nos crean inevitablemente una decepción”, añade.

Ninguno de ellos descarta volver en una tercera entrega de la que prefieren no hablar, ni siquiera especular sobre a dónde les gustaría ir con sus personajes. “Preguntar esto es como si una madre está pariendo y el marido le pregunta: '¿tú crees que el próximo va a tener los ojos verdes?”, dice Rovira tirando de un sarcasmo que obtiene la réplica de Berto: “Voy a ser más desagradable, es como si la mujer está pariendo y el marido se está masturbando e intenta fecundarla de nuevo. Es antinatural”. Serán las cifras de taquilla las que hablen por ellos.

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