estreno de 'el último cazador de brujas'

El último guerrero medieval perroflauta se viene arriba

El musculoso Vin Diesel vuelve a llevar al cine su obsesión juvenil por los juegos de rol

Foto: Vin Diesel en 'El último cazador de brujas'
Vin Diesel en 'El último cazador de brujas'

En lo más profundo de su ser, detrás de ese' subwoofer' que tiene por voz y de ese físico montañoso propio de gorila de discoteca, Vin Diesel es un nerd incorregible desde que, en algún momento de su infancia, se leyó 'El Silmarillion'. Una cosa llevó a la otra, y años después el muchacho se había convertido en fanático en 'Dungeons & Dragons', la alma mater de todos los juegos de rol. Miles y miles de levantamientos de mancuernas no fueron capaces de hacer desaparecer esa obsesión, y como consecuencia el actor siempre ha expresado su deseo de protagonizar una película que recreara esas fantasiosas aventuras de juventud.

De hecho, ya intentó algo parecido en 'Las crónicas de Riddick' (2004), que expandía el universo de la película con la que se había dado a conocer, 'Pitch Black' (2000), a niveles megamitológicos -el resultado era algo así como una versión interestelar de 'El señor de los anillos'-. Quizá a causa de los palos recibidos por aquella película, Diesel seguía con la espinita clavada en ese solomillo que tiene por corazón. Y poner voz a un árbol en 'Guardianes de la galaxia' y sus futuras secuelas no iba a ser suficiente para aliviar el escozor. Eso explica la existencia de 'El último cazador de brujas'.

 

Diesel da vida a Kaulder, un guerrero medieval con aspecto de perroflauta que en el prólogo de la película derrota a la terrible Reina Bruja, y en el proceso es condenado por ella a la inmortalidad. La maldición, eso sí, resulta no ser tan maldita. Ochocientos años después, Kaulder pasa los días acostándose con azafatas y conduciendo bólidos, a la manera de un James Bond sobrenatural, mientras se encarga de mantener a raya la existencia de las brujas en el mundo de los humanos.

Tradicionalmente el término Caza de Brujas ha sido sinónimo de fanatismo religioso, misoginia y represión ideológica. Ahora bien, pedirle a esta película que fuera sensible a esas posibilidades metafóricas sería como pretender que la saga 'Fast & Furious' tuviera en cuenta las emisiones de CO2. En lugar de eso, Kaulder descubre una conspiración que provocará el resurgir de la Reina Bruja y la invasión de las calles de Nueva York por parte de sus secuaces. Como en Cazafantasmas (1984), pero sin Hombre de Malvavisco gigante.

Pedirle sensibilidad hacia las metáforas de las Cazas de Brujas sería como pretender que la saga 'Fast & Furious' tuviera en cuenta las emisiones de CO2

Es solo un somero resumen de la peripecia argumental: explicarla con rigor implicaría usar mucho más tiempo o espacio del que el sentido común recomienda. 'El último cazador de brujas' establece un entramado de estructuras sociales y leyes sobrenaturales que quizá habría sido interesante pasar cierto tiempo explorando, pero que empaquetadas en menos de dos horas de metraje carecen de sentido. Probablemente la intención de Diesel es –o al menos era, antes de que la película pinchara en taquilla— desarrollar todo el material a lo largo de secuelas y precuelas y videojuegos hasta que toda la biografía de Kaulder, desde que pierde el primer diente de leche, quedara clara. Pero en sí misma la película carece de toda miga.

En otras palabras, 'El último cazador de brujas' incluye conjuros, y seres extraños, y sueños, y raíces de árboles enredadas calaveras, todo un universo que en ningún momento llega a concretarse en nada que resulte dramáticamente sustancioso. Y en buena medida es así porque el director Breck Eisner maneja esos elementos de forma francamente confusa, por mucho que los diálogos incluyan pasajes del tipo “Cogimos a las brujas más poderosas del mundo y las encerramos en un lugar… La cárcel de brujas”.

Efectos especiales

Para compensar, Eisner nos distrae con una sucesión poco memorable de efectos especiales. Cada vez que el ritmo cae y los personajes se ponen demasiado pesados explicando qué está pasando y porqué, otro agujero en el suelo o portal a algún lado se abre para dar entrada a una plaga de insectos antropófagos. Las virguerías visuales, eso sí, no son tan virgueras en tanto que casi todas suceden en escenas insuficientemente iluminadas, probablemente porque a oscuras todo se disimula.

Como resultado de todo eso, la falta de lógica de 'El último cazador de brujas' resulta excesiva incluso considerando la laxitud del género en ese sentido. Podría haber hecho de la necesidad virtud e intentar que al menos el conjunto funcionara a modo paródico –un cameo del siempre dispuesto Nicolas Cage habría bastado--, pero en líneas generales la película se toma a sí misma demasiado en serio. Al final lo único que ofrece –y a duras penas— es la posibilidad de disfrutar de Vin Diesel mientras hace de Vin Diesel, imprimiendo solemnidad de culebrón incluso a los diálogos más tontos, y manteniendo ese ceño a medio fruncir que sugiere a la vez, angustia, confusión y colon irritado.

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