Muere un icono del cine español

José Sazatornil, 'Saza', el hombre que se burló de Franco por error

El actor hizo desternillarse a varias generaciones de españoles con sus papeles de tipo que sufre todo tipo de penalidades para lidiar con los poderosos

Foto: Saza en 'La escopeta nacional'
Saza en 'La escopeta nacional'
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Españoles: Saza ha muerto

Este reportero recuerda haber visto dos veces a su padre en el siguiente trance: tirado (literalmente) sobre la alfombra del salón mientras se retorcía compulsivamente de risa frente al televisor. La primera con una escena de la chapliniana Tiempos Modernos. La segunda con una de Espérame en el cielo (Antonio Mercero, 1988), protagonizada por José Sazatornil, Saza, fallecido esta madrugada a los 89 años. Atentos:

Saza, “jefe de propaganda nacional”, entrena a un tipo para convertirle en el doble de Francisco Franco. Lo hace tan bien que el fulano le toma el pelo un día haciéndose pasar por el Franco real. Entonces ocurre la catástrofe cómica que todos ustedes se están imaginando: Saza confunde a Franco con su doble y empieza a chotearse de él en su despacho del Pardo:

“¡Levántate canalla! Y sal de ahí que estás manchando con tu culo infecto el sitial de insignes posaderas”, espeta Saza a Franco por error.

 Jiji, jaja… hasta que de pronto Saza se da cuenta de que se está burlando del auténtico Generalísimo. Habemus catástrofe.

 

La cara que pone Saza en ese instante -de horror cósmico- es la cara que ha hecho desternillarse a abuelos, padres e hijos de nuestro país. La cara de la he cagado pero bien. Es una cara cómica, pero también política: la del hombre que se pasa de listo, no mide, y acaba arrollado por la maquinaria del poder.

Que es precisamente lo que le ocurría a Saza en La escopeta nacional (Luis García Berlanga, 1978), donde interpretaba a un vendedor catalán de porteros automáticos -Jaume Canivell- que subvenciona una cacería a los gerifaltes del franquismo para engrasar un pelotazo.

Era el tipo que se pasa de listo, no mide, y acaba arrollado por la maquinaria del poder

“Si tú, dado el interés nacional del aparato, me apoyas un poco, entonces nos podríamos llegar a forrar sustanciosamente todos. Quiero decir una nueva forma de riqueza para el país: creación de nuevos puestos de trabajo, quizá mejora de la balanza de pagos, dado que la patente es mía...”, explica Saza al ministro del ramo mientras comen unos rovellons.

Pero lo que debería ser una simpática jornada de campo, acabará por convertirse en un via crucis para Canivell, obligado a desplegar todo un arsenal de recursos retóricos para contentar a los altos cargos del régimen:

-Canivell, así que usted, políticamente, no está comprometido.

-Apolítico, total… de derechas, como mi padre.

El incauto de Canivell cree que bastará con ofrecer comisiones y pelotear sin freno a los ministros para cerrar el negocio, pero el engranaje de intereses cruzados se ha activado ya para llevárselo por delante...

La hecatombe

Hacia mitad del filme, se produce otro momento típicamente saziano (en dura competencia cómica con el momento chasco franquista narrado al principio de este artículo): el monólogo resumen de calamidades. Ese instante de lucidez indignada en el que Canivell empieza a darse cuenta de que las cosas no van a ser tan fáciles como le habían prometido, aunque aún está lejos de caerse del guindo:

“O sea, que se me avería el coche, me embadurnan con ensaladilla, me ponen un huevo en la mano, me dicen que no pago la cacería, me toman por uno del cine, me hacen un secuestro, el ministro me retira el tuteo… y usted, precisamente usted, me dice que no es el momento de hablar de los porteros automáticos...”.

 

El problema es que nunca será buen momento para hablar de los porteros automáticos. Las casualidades acabarán conspirando una vez más contra Saza: justo cuando está a punto de cerrar el pelotazo, se produce una crisis de gobierno y todo salta por los aires.

Saza volverá entonces a poner su cara de la he cagado/me han tomado el pelo. Cara con la que pasará a la historia por haber hecho llorar de risa a varias generaciones de españoles identificados con sus penalidades para avanzar por la pirámide social celtibérica.  

Franco le dice lo siguiente a su doble en una escena de Espérame en el cielo: "Si no quiere tener usted problemas, haga lo que yo, no se meta en política". Jaume Canivell no le hizo caso, y así le fue...

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