estreno y publicación de 'caza al asesino'

Penn y Bardem la lían parda

Un asesino profesional decide retirarse... y no le dejan. Jean-Patrick Manchette bordó una novela negra con este argumento simple, pero su adaptación al cine pasará sin pena ni gloria

Foto: Los actores en un fotograma del filme
Los actores en un fotograma del filme
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Francia aún estaba digiriendo mayo del 68 cuando un joven de 28 años reinventó la novela negra local con un chute de músculo político: hablamos de Jean-Patrick Manchette (Marsella, 1942 –París, 1995), vinculado a la agitación izquierdista, que pasó como un cohete por la literatura francesa: diez novelas publicadas en diez años (1971 /1981), entre ellas, títulos que suelen aparecer en las listas de mejores novelas negras de la historia; por ejemplo, la sangrienta Nada (RBA).

Manchette dijo adiós a su carrera como autor de policiacos con el que quizá fuera el mayor ejercicio de estilo de su carrera: Caza al asesino, publicada en España en 1983 como Cuerpo a tierra, y editada de nuevo ahora con el título de su adaptación cinematográfica, que se estrena hoy.    

Carlos Zanón, uno de los grandes nombres de la novela negra española, escribe lo siguiente sobre Manchette en el prólogo de la nueva edición de Caza al asesino:

“Manchette supo recoger lo que llegaba a los meandros de su máquina de escribir (terremoto político post-Mayo del 68, ideales y decepciones, existencialismo, jazz, Flaubert, Godard, Alain Delon y Chabrol, cigarrillos y armas como fetiches, mítica USA, Hegel, Argelia, Kafka, conspiranoia, terrorismo, descolonización) sin hacerlo un revoltijo, sin caer en el maniqueísmo, sin adoctrinamiento ni caricaturas”.

Digamos que a Manchette siempre le sobró estilo en la forma y en el fondo. Tanto por su habilidad para introducir sutilmente el malestar político en sus novelas, como por su distanciamiento como narrador, aunque en Caza al asesino llevaría más lejos aún su característico estilo conductista: he aquí una novela 100% libre de grasa, sin una palabra de más, despojada de cualquier tentación retórica o psicológica. Acción y acciones puras y duras para describir las peripecias de un asesino a sueldo (todo apunta que de la CIA) que decide retirarse pese a la resistencia de sus jefes. La cosa, como se pueden ustedes imaginar, acabará como el rosario de la aurora.

Ni fu ni fa

La adaptación cinematográfica del libro, sin embargo, parece condenada a pasar sin más pena que gloria. Dirigida por Pierre Morel (Desde París con amor, Venganza…) e interpretada por Sean Penn (protagonista) y Javier Bardem, Caza al asesino ha pasado de puntillas por la taquilla estadounidense. La novela de Manchette, por cierto, ya había sido adaptada anteriormente: Le choc (Robin Davis, 1982; con Alain Delon y Catherine Deneuve). 

La sinopsis de la nueva Caza al asesino es la siguiente: Un espía deba limpiar su nombre para salvarse de la organización para la que trabajaba.

Y no hay muchos más parecidos con la novela de Manchette. No, no es que sea complicado reencontrarse aquí con el espíritu del escritor francés, eso quizá era pedir demasiado, es que tampoco hay rastro del virtuosismo formal de la novela. La trama del filme, de hecho, mira mucho más a la saga Bourne, referente impepinable e incombustible del thriller contemporáneo del siglo XXI, que a Manchette, aunque también quede lejos de la intensidad de la trilogía boureniana.  

Estamos ante uno de esos thrillers internacionales anodinos que copan las pantallas cada fin de semana, salvo que la presencia de Penn, Bardem e Idris Elba le aporta algo de glamour. Ocurre que Penn se toma demasiado en serio la función; y eso, en este caso, no es bueno: Caza al asesino no es tan trascendental como para que Penn haga otro de sus típicos ejercicios de intensidad actoral. La película no da para tanto. Pero el libro, como ya hemos dicho, es la pera limonera. Háganse un favor: lean a Manchette. 

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